Crítica a la democracia liberal

La dominación ideológica capitalista

Omar Rodríguez Arnez
Publicado en julio 2019 en La Migraña 31
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La democracia capitalista se caracteriza por privilegiar los intereses de sectores dominantes, lo que lleva a la división entre pueblo y élite. Si bien la democracia liberal representa la participación del ciudadano en el voto, no es la garantía de una democracia real. Bajo la lógica del capitalismo la democracia representa el intento de revivir jerarquías elitistas.

El actual proceso que vive nuestro país se desarrolló a partir de dos momentos constitutivos el sistema de partidos y el cuestionamiento de los partidos tradicionales que dieron lugar al liderazgo de Evo Morales junto al partido del MAS-IPSP. Se va rearticulando una forma de gobierno con amplio apoyo popular, hacia la construcción de una democracia real.

Democracia capitalista como democracia de élites

La democracia cuya etimología griega compone dos términos demos (pueblo) y crateo (gobernar): gobierno del pueblo. Por lo tanto, la democracia es entendida como “gobierno del pueblo, considerando que todo el poder y toda autoridad provienen del pueblo, participando activamente en la conducción y la acción del Estado, como también en la orientación política” (Mollinedo, 2017, p. 59). En la praxis, la democracia es real cuando el pueblo, entendido como la mayoría, (plebe) debe tener hegemonía1Gramsci menciona la hegemonía como el contacto con la gente o estar por delante (es el que lleva la dirección), cuya dirección debe ser tanto política como cultural. y asumir su participación protagónica en la dirección del Estado: autodeterminación colectiva.

La terminología democracia tiene muchas ambigüedades, ya que está sujeta a interpretaciones meramente ideológicas de partidos o agrupaciones políticas. Por lo tanto: entender la democracia se reduce a bandos antagónicos y duales: pueblo vs. clases dominantes (sectores aristocráticos conservadores).

La democracia es la disputa de lucha de clases. La contienda de mayorías y minorías; por lo tanto la disputa del escenario electoral es las disputas de intereses de clase: lo popular y las élites. Las élites aristocráticas (negación de las clases populares) quieren recuperar el poder con una democracia de minorías para reproducir el poder colonial en las instituciones del Estado.

La democracia, bajo lógica capitalista, cae en el reduccionismo de la representatividad, no tomar en cuenta la participación de los sectores populares, produce una separación entre la sociedad y Estado. No se recoge la aspiración del pueblo. Una democracia sujeta al capitalismo forma una aristocracia y el poder se reduce a una determinada clase gobernante. Por otra parte, se podría decir que: “la pretensión del imperio de EE. UU. de globalizar la democracia liberal como la mejor forma política de convivencia humana” (Mollinedo, 2017, p. 59). En el sistema capitalista la democracia solo se reduce a la formalidad, no hay igualdad y oportunidades, existe el alejamiento del pueblo de los poderes del Estado: no es una democracia real.

La democracia del capitalismo se reduce a forma de gobierno élite aristocrática. Uno de los sociólogos rusos, Konstantinovich Ashin, cuestiona la democracia capitalista como “el antidemocratismo de las teorías elitistas”, por lo que explica que es:

“Un viejo intento de revivir las viejas ideas de la jerarquía social y crear un obstáculo al desarrollo de la democracia. Evidentes contradicciones entre elitismo y la teorías de la democracia se manifiestan en que, en primer lugar, el elitismo parte de las desigualdades de la gente, mientras la democracia burguesa proclama su igualdad (no importa que sea formal) y, en segundo lugar la base del elitismo la constituye la plenitud de los derechos de la minoría gobernante…en opinión de los elitistas, democracia en el mejor de los casos puede ser la forma de gobierno de las élite, aprobada y respaldada por el pueblo” (Gyennadi, 1987: 208, 209).

La democracia burguesa solo representa el interés de una minoría dominante, pero que actualmente se reproduce en forma de ideología política (aparente igualdad social) que se manifiesta en sectores conservadores y clases altas. Los ideólogos de las élites niegan que el pueblo (como mayoría) sea sujeto o actor principal del proceso histórico, por esta razón crean teorías que justifican una democracia burguesa que en profundidad busca justificar la explotación y dominación del pueblo. Pensar en imponer en su totalidad una democracia burguesa y occidental no es las repuestas a los pueblos indígenas campesinos y los sectores populares en Bolivia. Se necesita la participación de los movimientos sociales, cuyas acciones y decisiones den lugar al gobierno del pueblo para el pueblo fortaleciendo las redes de consenso social, algo que se tiene que profundizar en el Estado plurinacional.

La reproducción del neoliberalismo
en la democracia liberal

Si bien la democracia moderna nace con las revolución burguesas 1750 y 1850 dando lugar a una división entre gobernantes y gobernados, esta solo se limita al control del poder. Como adición, la democracia moderna occidental difiere con otras formas de democracia de sectores populares: barrial, comunitaria o sindical. Por lo tanto, el imperialismo de EE. UU. busca hegemonizar la ideológica capitalista a partir de una democracia totalmente individualista, consumista para homogeneizar los sistemas de gobierno para reproducir el sistema democrático burgués.

En el período republicano, las clases dominantes nunca dieron oportunidades a los habitantes originarios tanto del país y del continente latinoamericano. En estos periodos, se negaban la participación del indio en la dirección del Estado y solamente ciertas élites, por su condición de clase, tenían el derecho a gobernar; fue un sistema electoral excluyente de las mayorías indígenas y campesinas del país. Las formas de gobierno en el periodo republicano hasta el periodo neoliberal fueron distorsionadas por las clases dominantes, donde la mayoría de la población (como clase popular) fue negada, excluida y discriminada. En la actualidad aún existen resabios en sectores conservadores atrincherados en determinados partidos políticos manteniendo un discurso de democracia liberal que favorece a pequeños sectores aristocráticos.

Por esta razón:

“Se critica a la democracia de ser elitista, con fuerte tendencia a la privatización del poder, acaparado por reducidos grupos. Las elecciones son, en su gran mayoría, recambio de personas vinculadas por interés comunes por lazos de amistad o de consanguinidad” (Iriarte, 2002: 59).

Algunos intelectuales norteamericanos de izquierda cuestionan la forma de democracia capitalista controlado por sectores privados:

“La democracia se refiere a un sistema de gobierno en el que ciertos elementos de la élite, que se apoyan en la comunidad comercial, controlan el estado mediante el dominio de la sociedad privada mientras la población observa en silencio. Entendida así la democracia, es un sistema en el que las decisiones son tomadas por las élites y ratificadas públicamente, como sucede en los EE. UU. De este modo la intervención popular en el establecimiento de la política pública se considera una seria amenaza” (Chomsky, 2016, p. 7).

La intervención popular en la democracia, en el continente americano, constituye para las élites una amenaza a su interés hegemónico. Por esta razón, países como los EE. UU. busca mecanismos de hegemonía cultural: dominación ideológica y política. Para ello “han proyectado sobre el mundo la idea de que los valores neoliberales de libertad estadounidense son universales y supremos y que estos valores merecen que demos la vida por ellos” (Harvey, 2014, p. 231). Muchos de los países dominados por la ideología neoliberal trasmiten pautas de comportamiento individualista a los ciudadanos en las urbes centrales. La democracia representativa, carece de participación plena y funciona igual que el mercado. Los votantes son consumidores de partidos políticos y los candidatos políticos representan la oferta. La democracia se convierte en la competencia de los partidos políticos para la acumulación de votos y no se prioriza las aspiraciones populares.

Para entender la reproducción de la doctrina neoliberal, podemos decir que se dio mediante la capacitación de estudiantes extranjeros en universidades de EE. UU. En la década de los 80 las universidades como Harvard y Stamford formaron profesionales latinoamericanos en áreas de economía finanzas; estos fueron los mensajeros portadores de la doctrina neoliberal en países como Chile y México. Los graduados extranjeros en EE. UU. formaron en sus países de origen las escuelas de finanzas y ramas empresariales, estos se constituyeron en centros de la ortodoxia neoliberal llegando a instituciones internacionales como el FMI y la ONU. Las universidades de EE. UU. son centros de entrenamientos de estudiantes para la reproducción de la lógica neoliberal en las instituciones del Estado y la universidad de cada país (Harvey, 2014). Se crean aparatos ideológicos, cuya contribución es la reproducción de la ideología capitalista. La modernización institucional, incluso universitario, bajo la implementación del modelo neoliberal alcanzó una dimensión cultural como el signo de status y clase.

La lógica neoliberal tuvo un efecto dominó en los partidos políticos transformándolos en:

“(…) vendedores de mercancías políticas y los electores son los compradores de esas mercancías políticas. Las élites políticas deciden las cuestiones políticas en nombre del pueblo y para el pueblo. Los electores son apáticos y no tienen un conocimiento político preciso ni riguroso. El pueblo es sensible a la propaganda. Los electores son propensos a impulsos emocionales intensos incapaces intelectualmente de hacer nada decisivo por su cuenta y sensibles a las fuerzas externas. La voluntad del pueblo, la voluntad general son ficciones” (Ginemes, 2008: 6).

Esta lógica de los partidos políticos actuales responde a la imitación norteamericana de hacer política. En otras palabras “La política se ha vuelto en un mercado. En ella todo está pensado, medido y reprogramado dentro de los sistemas economistas del marketing” (Iriarte, 2002: 60). Esta forma de hacer política es producto de la reproducción ideológica del capitalismo trasmitido por aparatos del Estado (represiva, administrativa e ideológica) y medios de comunicación (Tic). Los intelectuales del modelo neoliberal (agentes de la reproducción de las relaciones de producción) tenían claro que la forma de ganar las batallas modernas era con las ideas; “y esas luchas han sido protagonizadas por intelectuales orgánicos que tenían muy claro que es imposible dominar de forma estable y duradera sin una hegemonía cultural capaz de reproducir sometimiento voluntario de la población” (Fernández, 2017: 87).

Los medios de comunicación

En la actualidad existen medios de comunicación que juegan un doble sentido (a favor de las clases dominantes) en los países latinoamericanos. Son medios ideológicos que tienen la finalidad de confundir a la población y hacer creer, mediante su discurso totalmente orientado, que los países progresistas (Cuba, Bolivia, Venezuela) son países totalitarios encabezados por tiranos. En profundidad, tiene que ver con la manipulación del término de democracia. Se tiene que advertir que los medios de comunicación masivos pueden operar como condicionantes negativos en las personas de toda clase social, es decir “a través de la publicidad y la propaganda, pueden inducir comportamientos colectivos no necesariamente compatibles con los bienes individuales y el bien social común; por el otro lado, algunos autores alertan sobre la presencia de ciertas tendencias oligárquicas dentro de la misma democracia” (Ibáñez y Brie, 2006, p. 112). Existe una tendencia en los medios de comunicación, en su mayoría, a desinformar, distorsionar e interpretar la democracia desde una posición política contraria a los sectores populares.

Existe la dualidad entre la élite y lo popular. Está claro que el colonialismo interno está arraigado en sectores conservadores y usan los medios de comunicación para transmitir la lógica neoliberal y una democracia favorable a pequeños grupos de poder.

Hacia la construcción de
una democracia real

Una democracia real solo es posible mediante la participación de los sectores populares. En el caso boliviano se puede decir: “Convive la política institucional y la política de las calles. Los partidos políticos y los movimientos sociales, las mediaciones parlamentarias y la acción directa” (Mayorga). La participación ciudadana se rearticula en función a demandas sociales. El proceso actual que vive nuestro país se caracteriza por ser una de las democracias de participación popular a partir de cabildos, asambleas populares, participación directa que actualmente están reconocidos en la Constitución Política del Estado. No son las instituciones o partidos políticos los sujetos del cambio sino son los pueblos.

Para entender el proceso democrático del actual Estado plurinacional existen tres momentos importantes, según Mayorga son:

El primer momento , sustentado en los partidos tradicionales (1985-2003) Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), Acción democrática Nacionalista (ADN), Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Cuyo proyecto de Estado se basaba en la democracia representativa y la política económica neoliberal. Lo que produjo la desnaturalización del proceso político por medio de coaliciones políticas: no existía una fuerza hegemónica. Es el periodo de la conocida democracia pactada.

El segundo momento fue la crisis política de la gobernabilidad de los partidos tradicionales. Donde los movimientos sociales cuestionaron el modelo económico neoliberal y la dirección política. La guerra del agua (2000) y la guerra del gas (2003) ponen en evidencia el debilitamiento del sistema de partidos. Surgen nuevos actores sociales como el movimiento indígena y cocalero.

El tercer momento fue el 2005, la victoria del Movimiento al Socialismo (MAS) encabezada por Evo Morales que contó con el apoyo con diversas organizaciones populares. Este momento marca una etapa en la historia boliviana donde el MAS como un partido pudo transformar las estructuras del Estado a partir de la Asamblea Constituyente.

El actual proceso político, es producto de las contradicciones entre el pueblo como expresión de la nación versus los sectores dominantes del país. Los partidos tradicionales no supieron responder a las necesidades del pueblo y no existía plena participación democrática; lo que dio lugar al cuestionamiento del proyecto político de los partidos tradicionales. Actualmente se da lugar a una democracia intercultural protagonizada por la participación de diversos sectores sociales.

“En este sentido, el proceso que aún no termina de dibujar el país incorpora como base esencial lo comunitario como atributo plurinacional de la sociedad boliviana, junto a los aspectos de la tradición liberal que permitan un encuentro social entre lo diverso y lo boliviano… todavía existe un trascurrir liberal en el camino de la trasformación” (Pinto, 2017: 27).

La importancia de entender la democracia real no tiene que ver con la expresión del Estado, sino con la participación de los sectores sociales. Varias de las ideas y propuestas de la democracia incluso de las direcciones de cambio político en Bolivia fueron protagonizadas por la gente del pueblo. Por lo tanto, las democracias particulares (ayllu, barrio, comunales y vecinales) dan lugar a las distintas percepciones de democracias. Es necesario dar posibilidades al desarrollo de la democracia real tomando en cuenta las distintas modalidades de democracias existentes en el país. El proceso de reconocer la diversidad da lugar a perfeccionar la democracia participativa.

Actualmente se necesita crear espacios de reflexión, discusión política y formación de los nuevos liderazgos al interior de las organizaciones sociales y sectores metropolitanos (agrupaciones ciudadanas, colectivos juveniles y culturales). Es necesaria incentivar a nuevos actores sociales para fortalecer los procesos democráticos en el país. La construcción de una democracia real pasa por la construcción de propuestas participación amplia y activa de la población. La democracia debe ser un espacio para alcanzar niveles de bienestar social como un valor en sí y no como un fin.

Conclusión

La democracia en la lógica del capitalismo solo cae en el formalismo, no hay la participación de los sectores populares. Dentro del sistema capitalista la noción de democracia se caracteriza por ser elitista y responder a una clase política burguesa dominante.

La noción de democracia vista desde las élites difiere con los movimientos sociales. La finalidad de una democracia capitalista consiste en revivir las viejas ideas de la jerarquía social: élites deciden por las amplias mayorías. No existe igualdad de oportunidades y el pueblo está separado del Estado.

Los EE. UU. buscan mecanismos de hegemonía cultual ya sea en política económica, política, ideológica buscando extinguir los modelos de democracia socio-comunitarias.

Actualmente Bolivia vive una plena participación de sectores populares. La participación ciudadana se articula en función de la demanda de sectores sociales. El país vive uno de los momentos donde existe amplia participación a comparación de otros momentos donde gobernaban los partidos tradicionales.

La democracia es colectiva e implica participación, comunicación y maduración de la consciencia social. Donde pueda existir un equilibrio entre la libertad e igualdad entre los seres humanos y abrir oportunidades para los distintos sectores sociales del país (las amplias mayorías).

Es necesario tomar en cuenta las prácticas de participación de las comunidades indígenas, campesinas, los cuales tienen formas de gobierno comunal. Tomar en cuenta el nivel micro (la particularidad de las comunidades y formas de participación micro social) hace que la democracia sea plural y participativa.

Bibliografía

  • Chomsky, N. La deseducación. EE. UU. Planeta, 2016.
  • Fernádez, C. Gramsci y Althusser. Barcelona, España, Salvat, 2017.
  • Gimenes ,F. Democracia. Recuperado de http://www.nodulo.org/ec/2008/n073p12.htm, 2008.
  • Gyennadi, A. Teoría moderna acerca de la élite. Moscú, Rusia. Progreso. 1987.
  • Harvey, D. Breve historia del neoliberalismo. La Paz, Bolivia, Vicepresidencia Plurinacional de Boliva, 2014.
  • Ibáñez, E. y Brie, R. Diccionario de sociología. Buenos Aires, Argentina. Claridad, 2006.
  • Iriarte, G. Formación en los valores de la democracia. Cochabamba, Bolivia, Kipus, 2002.
  • Mayorga, F. (s/a). Desafíos de la gobernabilidad democrática. Cochabamba, Boliva, CESU.
  • Mollinedo, J. Teoría básica de la política y realidad política en Bolivia. Potosí, Bolivia. Alfropri, 2017.
  • Pinto, J. ¿Qué está cambiando en Bolivia? La Paz, Bolivia: Ministerio de Trabajo, 2017.

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Omar Rodríguez Arnez

Licenciado en Ciencias de la Educación de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), estudiante de sociología y miembro fundador del Colectivo Comunidad y Revolución. Lleva adelante talleres de formación y capacitación de líderes, enfocado a la juventud, en distintas instituciones y organizaciones sociales de Cochabamba.


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