La enseñanza del marxismo en un contexto neoliberal

Carlos Ernesto Ichuta Nina
Publicado en Noviembre 2016 en La Migraña 19
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Este artículo propone una reflexión acerca de la enseñanza del marxismo en un contexto neoliberal como el mexicano. Plantea que esta situación económica representa la condición propicia para llevar adelante la enseñanza del legado teórico de Karl Marx; pero ello no parece estar ocurriendo quizá porque el campo académico mexicano se encuentra abarrotado por un pensamiento crítico notoriamente alejado de Marx, y por la reproducción de determinados prejuicios acerca de los planteamientos de este autor. Además, tampoco existe algo que se pueda identificar como marxismo mexicano y las cátedras marxistas no se encuentran debidamente institucionalizadas. Por tanto, la oportunidad histórica parece estar siendo desaprovechada. Dado ese hecho, a partir de nuestra experiencia personal planteamos la enseñanza del marxismo a partir del retorno a Marx. Aunque este planteamiento podría ser cuestionado o tomado como irrelevante, en la medida en que pensamos desde los micro espacios de enseñanza, enseñar Marx desde Marx permitiría no solamente el rejuvenecimiento de este pensamiento sino también la generación de una potencia crítica y quizá movilizadora en una sociedad de alarmante pasividad.

Neoliberalismo por manipulación

México es un contexto en el cual la profundización del modelo neoliberal viene ocurriendo en dimensiones comparables a la experiencia boliviana de los años 90; sin embargo, a diferencia de dicha experiencia, en México ese proceso viene ocurriendo sin la más mínima resistencia1, incluso ante el agravio propinado por el Estado con el caso de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. En otros casos, la resistencia suele ser ocasional y focalizada, como la del sindicato de maestros disidentes que en oposición a la reforma educativa lograron paralizar las actividades económica en Oaxaca y en Chiapas; sin embargo, ante la amenaza del innombrable Secretario de Educación de proceder al despido de los trabajadores que falten a clases, los maestros decidieron cesar sus movilizaciones y dejar sin efecto incluso su determinación de no iniciar el presente ciclo escolar. Todo ello, en medio de una generalizada pasividad ciudadana que ningún estudioso del comportamiento colectivo puede explicar.

Tal vez por ello mismo las clases dominantes vienen produciendo la intensificación del modelo de libre mercado, porque para los apologetas del neoliberalismo la estabilidad política o la apatía ciudadana eran condiciones indispensables para su implementación a través de una serie reformas que implementadas en cadena llegaban a producir una “revolución silenciosa”2. Pero dado que en el resto de los países latinoamericanos las organizaciones sociales constituían un campo político relativamente activo, el neoliberalismo se fue imponiendo o bien por la fuerza o bien por sorpresa, a partir del incumplimiento de las promesas electorales3, lo que hizo de la violencia del Estado frente a la resistencia popular el medio de deslegitimación de las clases gobernantes que iría carcomiendo al régimen político.

Pero en México la parsimonia social no constituye el único aspecto favorable para la intensificación del neoliberalismo, ya que la parsimonia se encuentra íntimamente ligada con el poder que ejercen los medios de comunicación sobre la opinión pública, los cuales funcionan abiertamente como aparatos ideológicos del Estado facilitando a las clases dominantes la propagación de sus intereses, como aquellos asociados a una supuesta cruzada por la educación que tiene como objetivo acabar con el sindicato disidente de maestros haciéndolo aparecer continuamente, a modo de propaganda, como una “tribu de vándalos”.

Sobre la base de esa asociación entre poder político y poder mediático, la Reforma Energética, insignia de este proceso de intensificación del neoliberalismo, fue anunciada apelando incluso a un prócer del nacionalismo revolucionario: Lázaro Cárdenas. Bajo el argumento de que en el proceso de expropiación petrolera, éste estableció la posibilidad de la firma de contratos con empresas privadas (no de riesgo compartido) para hacer posible la explotación de los hidrocarburos4, el caso mexicano permite observar de este modo una nueva modalidad de intensificación o imposición del neoliberalismo: la manipulación.

A partir de 2012, el gobierno mexicano ha venido imponiendo así un paquete de once reformas, dejando pendiente otras 22, que afectan al campo laboral, financiero, hacendario, energético, administrativo, electoral, judicial, telecomunicaciones, justicia y el ámbito educativo. Sin embargo, semejante implementación, obviamente alabada por los organismos internacionales y ensalzada por el propio gobierno como una solución frente a una situación mundial adversa, no ha repercutido en el aumento de las tasas de crecimiento que en los últimos tres años no superaron el 2.46%, lo que supone un bajo nivel de crecimiento, deuda creciente, elevados niveles de inflación y altas tasas de paridad5. Esto se ha venido reflejando en el aumento de la pobreza que actualmente afecta a más de la mitad de la población, muy a pesar de que las políticas sociales focalizadas fueron implementadas a partir de 1994 para aminorar los costos sociales de la imposición del modelo neoliberal6.

La neo liberalización de la educación

Ante esas condiciones, la ausencia de espíritu crítico no solamente puede ser atribuida a la influencia de los medios de comunicación que constituyen verdaderos poderes fácticos, sino también a las condiciones de la educación. Esta, además de ser elemental y repetitiva, expresa un rezago comparable a los tiempos en los cuales su acceso suponía un privilegio de clase.

En efecto, si bien México muestra datos favorables en términos del acceso a la educación de nivel primario y secundario, sin llegar sin embargo a niveles de su universalización, las tasas de deserción en el nivel secundario son alarmantes y la conclusión de este nivel es menor al 50%, por lo que la tasa de estudiantes con acceso a educación superior (por 100 mil habitantes), es una de las más bajas de la región; es más, en el panorama regional, México es un uno de los países con más bajo nivel de conclusión de la educación terciaria7.

Lo que es más, el acceso a la educación superior se encuentra restringida tanto por los cupos disponibles en cada de las universidades públicas, como por el magro presupuesto asignado a la educación. No obstante, los exámenes de ingreso a la universidad, particularmente a la universidad nacional, son diseñados para reprobar, lo que no coincide con el tipo de educación que recibe en estudiante promedio en el nivel medio superior. Ello repercute en la movilización casi anual de los estudiantes rechazados de las universidades públicas y en la mercantilización de la educación a través del surgimiento de institutos de capacitación para el ingreso a las universidades y la aparición de las llamadas “universidades patito”.

Sin embargo, ese fenómeno de mercantilización no es privativo de las instituciones de educación superior que supuestamente aparecen para remediar el rezago educativo, ya que incluso las instituciones de nivel de posgrado de reconocido prestigio, como la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, el Centro de Investigación en Docencia Económica, el Instituto Tecnológico Autónomo de México, e incluso los institutos de investigación de universidades públicas, han venido adoptando el modelo de empresa, cuyo caso insignia es la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, que se reclama así misma como “Empresa Socialmente Responsable”. De hecho, la Reforma Educativa que se encuentra en una simulada “fase de consulta”, actualmente, se sustenta sobre ese proceso de mercantilización que plantea la reconfiguración de las instituciones educativas bajo el modelo de empresa.

Por ello mismo, la reforma educativa contiene una gran dosis de reforma laboral más que educativa. Bajo los modelos por competencia, la calidad de la educación no sería medida así por los conocimientos adquiridos por los alumnos, sino por las competencias adquiridas y desarrolladas por los profesores, cuyo cargo ya no se garantiza8. La adquisición de tales competencias dependen además de procesos de capacitación a los cuales debe someterse un profesor, por lo que entre la Secretaría de Educación Pública y algunas instituciones de educación superior, como el Tecnológico de Monterrey, se han llegado a establecer acuerdos para llevar adelante la capacitación de los profesores, erogándose ingentes cantidades de dinero a favor de las instituciones privadas de educación, lo que no ha demorado en desvelar una red de relaciones entre políticos, amigos y familiares9.

A través de la reforma educativa, las clases dominantes y los organismos internacionales buscan así privatizar la educación generalizando el modelo de empresa; garantizar las condiciones políticas para la libertad de lucrar de las empresas ya establecidas; terminar con el sindicato disidente de maestros que ha venido representando un serio dolor de cabeza, bajo el argumento de obligarles a trabajar y estableciendo recompensas por someterse a los procesos de evaluación que constituyen un requisito para la permanencia laboral.

La reforma educativa corresponde pues a la serie de reformas neoliberales que han venido agravando las condiciones de empobrecimiento y marginación de gran parte de la población, debido a que su establecimiento deriva de los acuerdos, alianzas y compromisos establecidos entre los poderes fácticos, los organismos internacionales y las elites políticas. Además, esos acuerdos fueron revelándose sin aspaviento durante los últimos cuatro sexenios sobre la base de un discurso repetitivo de la OCDE, el Banco Mundial y las organizaciones de las clases dominantes como “Mexicanos Primero”, que consiste en presentar un panorama sombrío de la educación y del futuro de México, si no se reestructura el actual modelo en bien de los niños, pero a costa de la violación de los derechos laborales de los trabajadores10.

Marxismo y pensamiento crítico sin praxis

Si bien la reforma educativa se expresa en ese sentido como un instrumento de reproducción de las condiciones de sometimiento y explotación que beneficiarían al gran capital, lo que se esperaría lógicamente sería la producción de un pensamiento crítico por efecto del desarrollo dialéctico de los procesos políticos; sin embargo, la producción de ese tipo de pensamiento se reduce a un ámbito excesivamente marginal y en los terrenos propios de la academia. La enseñanza del marxismo, por ejemplo, el pensamiento crítico y anticapitalista, por excelencia, se reproduce en espacios reducidos, por lo que en el campo académico ocupa un lugar de mayor dimensión la llamada teoría crítica que no asume una identidad anticapitalista.

Por tanto, en las condiciones objetivas de reproducción del capitalismo llama la atención la ausencia de un pensamiento que cuestione la naturaleza de capitalismo. Pero la enseñanza del marxismo en las universidades es mínima. Por ejemplo, las escuelas de posgrado, antes mencionadas, no solamente evitan referencias a Marx, sino que también cierran los ojos a las epistemologías del sur que se viene produciendo. Amparado en la libertad de cátedra, la enseñanza del marxismo, en ese sentido, depende exclusivamente de la ideología del profesor por lo que el nivel de institucionalización de la enseñanza del marxismo es crudamente pobre.
Sin embargo, ese no es un hecho reciente, sino más bien un fenómeno histórico, ya que el marxismo en México ha dependido siempre de personajes, lo que supone la ausencia en términos cabales de un marxismo mexicano11. Además, como afirma Jaime Labastida, en México el marxismo padece de una especie de hipertrofia teórica, ya que se ha venido desarrollando más en los campos de la historia y la filosofía sin haber sido acompañado por un desarrollo paralelo de la práctica revolucionaria; es decir, los marxistas mexicanos han hecho en teoría lo que otros pueblos han logrado en la realidad y esa es su corta marcha12.

En ese sentido, Labastida también afirma la producción de una gran cantidad de libros y artículos con enfoque marxista; sin embargo, resulta difícil plantear la institucionalización de una escuela marxista mexicana a partir de esa multiplicidad de producciones. De hecho, en un país en el cual los profesores investigadores se ven obligados a una dura exigencia académica, para mantener los apoyos económicos que reciben, que no es más que otra muestra de la neoliberalización de la educación, no crean ni mantienen revistas académicas de corte marxista, lo que representa un contrasentido tanto a la libertad de cátedra como a la afirmación de Labastida. Por lo tanto, el marxismo queda reducido a una especie de pensamiento marginal o a una especie de divertimento particular de algunos intelectuales que se reclaman como tales, pero que no llegan a institucionalizar las cátedras marxistas.

Una vez más, en un contexto que padece los efectos del neoliberalismo y las consecuencias del capitalismo asociado con la cercanía de la potencia estadounidense, resulta contradictoria la ausencia de institucionalización de las cátedras marxistas. A modo de anécdota, un prestigioso intelectual negaba alguna vez, sin ninguna duda, la pertinencia del marxismo en el análisis de la realidad mexicana. Mirándome con sorpresa ante mi reprobación, matizó su argumento, relativizando sin embargo su negativa; es decir, no desdiciéndose.

Sin embargo, frente a la ausencia de un marxismo institucionalizado se difunde ampliamente un pensamiento crítico no asociado precisamente a los planteamientos de Marx. Esa es la característica fundamental de la academia mexicana13, cuyo campo se ve notoriamente diversificado en múltiples líneas de análisis que en muchos casos recuperan el pensamiento posmarxista, posestructuralista, posmoderno y las muchas opciones “pos”, desdibujando de ese modo la influencia de Marx. La pregunta en ese sentido es casi natural, existiendo tal propagación del pensamiento crítico ¿por qué ello no repercute en una potencia reflexiva tal que surjan impulsos de transformación social? Por tanto, las condiciones poco cambiantes y la parsimonia social parecen dar cuenta de un pensamiento crítico inofensivo; sin praxis y sin Marx, cuyo modo de manifestación se ridiculiza a través del epíteto “chairo”14.

Por una enseñanza basada en el retorno a Marx

La falta de institucionalización de las cátedras marxistas permite además que muchos prejuicios acerca del pensamiento de Marx se reproduzcan. Desde nuestra experiencia personal, el conocimiento que los estudiantes poseen de Marx no solamente es escaso, sino también reduccionista. Marx es visto como el exponente del comunismo y de la lucha de clases. Referido en forma literal: “es comunista porque quiere quitarle a los ricos lo que tienen para dárselo a los pobres”. O el pensamiento de Marx aparece también asociado a la protesta y a la confrontación; quizá por ello, los aparatos del Estado tienden a reproducir un discurso que menosprecia la protesta social a partir de los epítetos: “revoltosos” y “vándalos”.

Aunque esas referencias acerca del conocimiento de Marx parecen ser muy vulgares, es probable que esos reduccionismos deriven de una lectura política que influyó tempranamente en el estudiante promedio, lo que supone la separación de la relación teoría-praxis.

Por tanto, el perfil de estudiante promedio supone retos pero también oportunidades insoslayables desde el punto de vista de la posibilidad de enseñanza de “un nuevo tipo” de marxismo. Ello permitiría, en primer lugar, la enseñanza del marxismo como una teoría adecuada a una realidad sometida a las tensiones del mercado. En segundo lugar, permitiría ver a Marx más allá del proponente de la dictadura del proletariado que en el saber de un estudiante parece ser sinónimo de opresión, supresión de libertades individuales y sobre todo, privación de capacidades individuales. En tercer lugar, permitiría diferenciar el marxismo del pensamiento de Marx, tal vez politizado, cuya lógica de distinción constituye un imperativo en el marco de aquella tesis que en el caso latinoamericano postula desde hace una década “el necesario retorno al marxismo”15, pero que en términos de la historia latinoamericana del marxismo supone un flujo y reflujo de éste en diferentes tiempos políticos16.

Pero dada la particularidad del contexto mexicano que por efecto de la gran actividad académica que se desarrolla, deja un gran espacio para la reproducción del pensamiento crítico, la enseñanza del marxismo debería operar a través del retorno a Marx y no precisamente al marxismo. Esto consistiría en regresar a la relación sustancial entre filosofía y praxis revolucionaria evitando las deformaciones que se han hecho de este pensamiento.

En ese sentido, un retorno a Marx permitiría comprender el modo de producción dominante en términos estructurales para que lejos de las ideas reduccionistas, se reconozcan los aspectos subjetivos de ese modo de producción sin atribuirle autoría a la teoría crítica que bajo el argumento del corto alcance de los planteamientos económicos de Marx arrancan de la estructura teórica de éste conceptos tales como enajenación, alienación, cosificación y reificación, suponiendo su indeterminación respecto de las condiciones objetivas del modo de producción capitalista.

Aunque precisamente en la lógica de retornar al marxismo, dejándolo de considerar como un sistema cerrado y abriéndolo a las múltiples alternativas de la crítica social, el pensamiento posmarxista construye un campo propicio para sus contribuciones, no reconoce la falta de originalidad de sus planteamientos y en el caso particular de México, encuentra un ambiente académico adecuado para su reproducción, muy alejado de Marx e incluso negando la influencia de éste en esa línea que va desde un Antonio Gramsci hasta un Thomas Piketti. Sin embargo, el impacto académico que lograron todos los planteamientos que van de uno a otro autor es indiscutible, lo que supone la admisión de un enorme bagaje de planteamientos no necesariamente marxistas y que incluyen incluso a aquellos que reniegan de Marx.

Precisamente, en un contexto en el cual el marxismo ha producido una ingente cantidad de material académico, el retorno a Marx supondría desembarazarse del modo en el cual el pensamiento de éste fue tergiversado, modificado, desnaturalizado y desvirtuado en manos de los marxistas declarados o acusados17. La forma en la cual se presentan los nuevos marxismos, tales como el marxismo ecológico o el marxismo feminista, reproducen esas mismas formas y las comprensiones mínimas de Marx, al punto de invisibilizarlo18.

Precisamente, una de las características de los estudiantes que tienen un determinado acercamiento a Marx, adquieren su conocimiento a través de manuales o bien a través de un famoso libro que suele ser recomendado como de cabecera. El libro de Néstor Kohan y Pier Brito, Marxismo para principiantes19. Si bien este texto puede ser considerado básico, tiende a caer en la trampa producida por el marxismo que suele depender de interpretaciones particulares de los autores acerca de lo que dijo Marx o lo que éste quiso decir. La consecuencia fundamental de la educación marxista a partir de esos materiales suele manifestarse del mismo modo: pensamientos reduccionistas, determinismos economicistas, determinismos políticos y separación de los niveles de pensamiento estructural del Marx.

Por tanto, la enseñanza del marxismo bajo la propuesta de un retorno a Marx, encontraría en el desconocimiento del estudiante promedio de ese autor, un campo adecuado para la revitalización de sus ideas. Eso dependería de la estructuración de un esquema de enseñanza que tome en cuenta la estructura del pensamiento de Marx, ordenado y sistematizado en una secuencia lógica tal que permita conocer tanto la filosofía como la praxis revolucionaria, con un fuerte acento en la reflexión de la propia realidad. En nuestra experiencia este ejercicio ha tenido ciertos frutos que lastimosamente no se pueden reseñar por falta de espacio.

Regresar a Marx a partir de Marx

La enseñanza del marxismo en un contexto neoliberal, sobre la base del planteamiento de un retorno al propio Marx, más allá de ser cuestionado como un intento de regreso a la ortodoxia marxista, podría no considerarse desacertada porque se justificaría a partir de una aseveración hecha por el propio de Marx, pero que Engels refiere a través de una carta dirigida a Eduard Bernstein en el que señala que Marx le había dicho alguna vez a su yerno Paul Lafargue que “lo cierto es que yo no soy marxista”20.

Sin embargo, precisamente en el ámbito marxista, esa afirmación ha sido interpretada de muchos modos, sea como una reacción de Marx ante los deformadores de su pensamiento, sea como una prueba de validez de su pensamiento en el ámbito universal, o sea como una simple actitud de humildad21. Y es, nuevamente, este ámbito del marxismo el cual tiende a presentarse como un amplio espacio para la interpretación que un pensador como Gramsci justifica, ya que para él, el marxismo es un corpus teórico totalizante que unifica diversas perspectivas de análisis sobre la sociedad contemporánea, ninguna de las cuales ilumina satisfactoriamente un aspecto aislado de la realidad, aunque su rasgo distintivo es, y será siempre, el materialismo histórico22.

En la lógica de la filosofía y la praxis revolucionaria, la enseñanza de Marx desde Marx permitiría alentar a la actitud crítica del estudiante promedio, frente al capitalismo y posiblemente establecer a partir de ello las condiciones para la activación política en un contexto de parsimonia social pero de continua profundización de las contradicciones.

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Carlos Ernesto Ichuta Nina

De nacionalidad boliviana, reside en la ciudad de México. Doctor en Ciencias Políticas y Sociales, por la Universidad Nacional Autónoma de México. Maestro en Ciencias Sociales, por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Sede Académica México y Licenciado en Sociología, por la Universidad Mayor de San Andrés.

Actualmente, Profesor de Tiempo Completo en la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco, de la Ciudad de México. Responsable de los cursos de Análisis Marxista de la Sociedad e Introducción al Trabajo de Investigación Social. Además, tutor de la Especialidad en Política y Gestión del Desarrollo Social, impartido por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales – Sede Académica México.


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