Una apuesta interpretativa

La formación del Estado

Christian Jiménez Kanahuaty
Publicado en enero 2019 en La Migraña 29
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Introducción

El Estado es un tema recurrente en los análisis desarrollados desde la ciencia política. De hecho la ciencia política se funda como ciencia, a partir del método comparativo que implica la comparación de textos constitucionales de diferentes Estados ubicados en diferentes tiempos históricos y latitudes. También, el Estado ha sido trabajado para establecer las diferencias entre forma de gobierno y tipo de administración territorial. Desde la sociología, los trabajos sobre el Estado se han enfocado en el desarrollo de las formaciones sociales, de las clases sociales y de las estructuras de dominación existentes en su interior y la manera en que se han consolidado y constituido a lo largo de los siglos.

Sin embargo, desde la antropología se empezó a trabajar el Estado como una manera de articular dos dimensiones pocas veces enlazadas. La primera la vertiente institucional y la construcción de estructuras de dominación capaces de organizar la institucionalidad estatal en su beneficio y la segunda dimensión, que tiene que ver con la manera en que se asimila desde lo cotidiano, desde las distintas sociedades, tanto la estructura institucional del Estado, como la formación de las estructuras de dominación. Ello implica hacer un cruce entre lo estrictamente sociológico y lo antropológico para problematizar la formación del Estado y cómo esa determinada formación, logra específicas maneras de acción individual y colectiva en lo cotidiano.

El Estado como formación

El Estado, desde Lenin (1975), siguiendo los pasos de Engels expuestos en El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado, es interpretado a partir de la premisa siguiente:

“El Estado es el producto y la manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase. El Estado surge en el sitio, en el momento y en el grado en que las contradicciones de clase no pueden, objetivamente, conciliarse. Y viceversa: la existencia del Estado demuestra que las contradicciones de clase son irreconciliables”.

Entonces de lo que se trata, cuando se analiza el Estado es de verificar las contradicciones de clase, y de establecer las relaciones entre una clase y la otra para conocer y evidenciar quiénes detentan por un lado los medios de producción y quiénes solo tienen capacidad de negociar las condiciones de trabajo a partir de la propiedad de su fuerza de trabajo.

Lo que quiere decir, en otras palabras, que, el Estado es la representación política de una clase económica capaz de someter a otra por medio de, en principio los medios de producción, y luego, por aparatos de dominación sofisticados como la educación, la cultura, la religión y los medios de comunicación, entre otros.

Es por ello, que Lenin recuerda las palabras de Engels:

“Como el Estado nació de la necesidad de tener a raya los antagonismos de clase, y como, al mismo tiempo, nació en medio del conflicto de estas clases, el estado lo es, por regla general, de la clase más poderosa, de la clase económicamente dominante, que con ayuda de él se convierte también en la clase políticamente dominante, adquiriendo así nuevos medios para la represión y explotación de la clase oprimida” (1975: 21).

Esto nos pone en una situación de pensar el Estado no como un ente formado para beneficio de todos, sino, de unos cuantos que han sido capaces de traducir su poder económico en poder político.

Pero, quizá sea necesario, problematizar un poco más esa noción del Estado. En lo que resta del trabajo, se intentará relacionar vertientes explicativas distintas con el objetivo de establecer una reflexión sobre el Estado desde su formación cultural y el rol que se establece desde el campo de la construcción de la hegemonía.

Una apuesta interpretativa

Para este apartado recurriremos primero a las periodizaciones desarrolladas por Giambattista Vico en Principios de la ciencia nueva (2002). Él luego de realizar un análisis sobre el lenguaje poético, la poesía, la narración, el mito y la épica, establece momentos específicos de la formación de un Estado, aunque él las define más como historia. Está lo autocrático, lo democrático, el caos, como principales estadios de crecimiento y evolución estatal. Pero la imagen que él proyecta sobre la historia no es la de una única línea que va hacia el desarrollo, de forma procesual y horizontal. Más bien, la figura que establece Vico es una espiral.

La línea ascendente produce una evolución histórica que implica reformular aspectos de la vida cotidiana y dotar de orden al caos imperante y eso implica, construir una estructura de dominación capaz de ser hegemónica en el tiempo, con el objetivo de que la sociedad no se desborde hacia el caos, una vez más.

Sin embargo, esto no es posible, por lo que la espiral, no tiene un fin último, sino que se va ampliando conforme pasa el tiempo. Volviendo de este modo, a una secuencia entre democrático-caos-autocrático-democrático-caos-autocrático, de forma indefinida, con lo cual, el fin de la historia no tiene lugar ni tiempo para ser real, dado que la historia continua hacia procesos más complejos de estas formas básicas que Vico describe y que se encuentran como sustento de toda transformación social.

La formación del Estado, según Corrigan y Sayer (2007) es:

Las formas de Estado han sido entendidas dentro del propio vocabulario universalizador de la formación estatal, sin referencia a aquello en contra de lo cual están formadas; es un vicio evidente de la historia liberal, pero igualmente de variedades del marxismo (y otras sociologías) que entienden “el Estado” en términos abstractos y funcionales. En cambio, las culturas de oposición son entendidas a través del prisma de varias tradiciones selectivas impuestas, como si éstas fueran todo lo que hace falta decir y saber sobre “cultura”. Cuando no están proscritas como peligro directo para la “salud social”, emergen como provincianas, arcaicas, rebasadas, excéntricas, en una palabra, vernáculas –objeto, en el mejor de los casos, de nostalgia y sentimentalismo paternalistas–, sin que se relacione nunca el predominio de este tipo de descripciones con nada que tenga que ver con la regulación estatal. Aquí falta un tercer término: precisamente, la contradicción y la lucha.

Y por tanto, de lo que se trata es de verificar esa forma de formación estatal que tiene por un lado, una formación estructural desde arriba hacia abajo y luego cuando se establecen “las culturas de oposición”, es cuando surge la posibilidad de pensar y actuar desde lo popular, transformando el Estado desde abajo y con una serie de cuestionamientos tanto sobre la institucionalidad y su fisonomía, como la construcción común de hegemonía.

Para complejizar un poco, podríamos decir, retomando unas ideas de Marx expuestas por Corrigan y Sayer que:

El Estado es, en un sentido importante, una ilusión. Por supuesto, las instituciones de gobierno son perfectamente reales. Pero el Estado es en buena parte una construcción ideológica, una ficción: el Estado es, cuanto más, un mensaje de dominación, un artefacto ideológico que atribuye unidad, estructura e independencia a las operaciones dispersas, desestructuradas y dependientes de la práctica del gobierno.

Aunque aquí es necesario realizar un pequeño apunte. La categoría Estado, históricamente construido y conceptualmente reforzado tanto desde el discurso político como desde el discurso de la academia, permite ver que si bien el Estado es una ilusión, no por ello deja de producir prácticas, conocimientos y procedimientos de control sobre las poblaciones y además, reglas jurídicas con las cuales expandir su presencia en la vida cotidiana. Para un debate interesante sobre el tema será bueno –si existe el ánimo de profundizar esta vertiente–, revisar los trabajos de Veesa Das y Deborah Poole junto con el trabajo de James Ferguson, donde a pesar de reconocer en cierto modo la presencia ilusoria del Estado verifican sus acciones y repercusiones en territorios específicos dentro de contextos sociales, económicos y culturales conflictivos.

Con lo expuesto hasta este momento, podemos redondear una idea. El Estado si bien es una ilusión propagada por mecanismos ideológicos altamente sofisticados, ingresa en la vida cotidiana de los individuos, a través de un ejercicio vertical de la dominación por medio de un sistema jurídico normativo que es el encargado de desarrollar la normalidad y la naturalización del Estado, que incluye por supuesto, las desigualdades, la inequidad y la desregulación laboral.

A pesar de ello, el gran arco, propuesto en la figura y extrapolado desde reflexiones de Corrigan y Sayer, muestra que en la construcción institucional, hay también una serie de factores cotidianos, lo cual, de alguna manera, implica pensar la formación del Estado desde las posiciones de infraestructura, superestructura y sobredeterminación o determinación en última instancia del factor económico en la elaboración imaginaria y real de lo estatal, pero, también apunta a un proceso que tiene que ver más con la hegemonía y con los lenguajes por los cuales el Estado se comunica con los ciudadanos.

Por ello Rossberry (2002) contribuye a la reflexión sobre el Estado, a partir de este campo, diciendo que se explora la hegemonía “no como una formación ideológica terminada y monolítica, sino como un proceso de dominación y de lucha problemática, disputado y político” lo que deriva en distintos modos de organización del Estado.

Rossberry manifiesta que una manera de estudiar el Estado es por medio de las articulaciones de los grupos subalternos, del estudio de sus prácticas, lógicas, sentidos comunes, organización territorial e instituciones políticas.

Plantea que esos mismos temas deben ser estudiados también en el grupo de dominación, y tratarlos como un grupo determinado y definido que se relaciona con otros grupos (esta relación se debe explorar y analizar a profundidad), y desde ese nivel se mapea el sistema cultural, económico, religioso y político de este grupo. Con lo cual podremos entender el tipo de imaginario que detenta y el proyecto político que intenta instaurar como único. Y en primera instancia, como hegemónico.

Por lo que se plantea que hay dos niveles de interpretación en sincronía al momento de analizar el Estado y la forma en que se hace presente en la sociedad.

Ahora, pasemos brevemente a explicar:

  1. Es un déficit estatal. Y aunque todo Estado se ha construido desde una relación arriba/abajo, esta prioriza la organización del modo de producción capitalista, las relaciones jerárquicas de subordinación y la organización de políticas públicas solo con actores en funciones de gobierno, eliminando la deliberación y el diálogo común entre posiciones diferentes y lugares distintos en la sociedad.
  2. Es una posición de deliberación y de generación continúa de espacios públicos de diálogo y construcción de políticas públicas. Inmediatamente al instaurarse un nuevo escenario de deliberación se rearticula el sentido de los sujetos y las posibilidades para procesos de intersubjetividad que al final, terminan en posiciones críticas como las del desarrollo o las regulaciones sobre el sistema penal.
  3. Son procesos de acumulación histórica desde abajo y acumulación de memoria institucional desde arriba; ello posibilita mayor distancia entre el Estado y la sociedad civil y genera disparidad entre los procesos, cada uno va a un ritmo de necesidades por satisfacer y demandas trabajadas; lo que conlleva a replantear escenarios de deliberación separados de la construcción del Estado, gira sobre una tendencia hacia la autogestión, pero no hacia la autodeterminación, entendida esta como la posibilidad de que los grupos subalternos lleguen al poder y lo administren.
  4. Es el momento en que las posiciones estatales encuentran un equilibrio con las demandas sociales, lo que genera un óptimo estatal y una saturación social, que es capaz de rearticularse sobre la base de sus demandas al tiempo que se reorganiza sobre el principio de sus procesos de reconocimiento intersubjetivo existentes entre el Estado y la sociedad civil. Ello lleva a traducir la energía social, en cambio y en alternativas de desarrollo/progreso y de medidas de inclusión-reconocimiento-participación en el momento de la elaboración y ejecución de políticas públicas.

Sin embargo, estos esquemas presuponen una cuestión importante. La línea sinuosa y ondulante que se encuentra en la superficie de cada arco representa el conflicto, lo cual quiere decir, que bajo estos esquemas –perfectibles–, el conflicto aparece como motor del cambio social y como una parte importante de la construcción estatal. El conflicto desde esta perspectiva, entonces, es más una virtud que un designio maléfico o constrictor. Reconoce también que el conflicto siempre está latente en las sociedades modernas y en las que buscan su modernización ya sea por la vía protagónica del Estado o por las múltiples propuestas esgrimidas desde la sociedad civil, que además, acumulan tanto la energía social como el fondo histórico.

En esa línea, finalmente, reconocer que los esquemas propuestos marcan una forma de leer al Estado desde una perspectiva histórica ligada al conflicto más que a una manera episódica ligada a la construcción gubernamental que empieza y termina en cada periodo legislativo. Esta propuesta, entonces, enlaza ambas perspectivas con el ánimo de complejizar la mirada y el análisis sobre el Estado, lo cual hace que la reflexión y los datos recolectados sean móviles y no estancos fríos solamente determinados por su contexto. Lo cual hace sentido y profundidad sobre la noción de que la hegemonía es una construcción y un proceso constante limitado por sus contradicciones internas y por las motivaciones, prácticas y sentidos prácticos de la sociedad civil.

Apuntes finales

Lo que escribe Rossberry, parece perfecto en este momento:

Cada caso revela maneras en las que el Estado, que nunca deja de hablar, no tiene audiencia; o, más bien, tiene una cantidad de audiencias que oyen cosas diferentes; y que, al repetir lo que dice el Estado a otra audiencia, cambia las palabras, los tonos, las inflexiones y los significados. Difícilmente se trate, según parece, de un marco discursivo común.

Con ello, habría que definir algunas cosas. Una de ellas que las palabras van cambiando. Y esa reflexión final de Rossberry se integra con las reflexiones establecidas por Williams (2001); que postula que las palabras y su significado han ido cambiando conforme han pasado los siglos. Una palabra que significaba algo en el XIX, significa otra cosa en el XX y eso trae como consecuencia las políticas sobre la resemantización que se postula desde el Estado para definir y referirse a nuevas relaciones sociales.

La idea es no resemantizar con el tiempo, sino generar nuevas palabras que den sentido al orden estatal. Pero, lo que señala Williams, no está alejado de lo que sucede dentro de los campos políticos y académicos, donde las palabras adquieren nuevos sentidos y significados según se van sucediendo transformaciones culturales y político-institucionales que llegan incluso al replanteamiento sobre la figura de la nación, derivando, en ese caso, específicamente a la problematización de la plurinacionalidad.

Con lo que, podríamos pensar que la dimensión que va de la autocracia a la democracia y de ahí al caos, está también dentro de este momento político, y por lo tanto esas dimensiones también tendrían que ser integradas en la mirada sobre el Estado; más allá de las miradas episódicas que intentan cifrar el sentido estatal a partir del modo en que se construyen las políticas públicas, lo que en sí no está mal, pero llegan a un límite porque no permite ver cómo es que son leídas y recepcionadas esas políticas públicas y cómo es que funcionan en lo cotidiano y concreto.

Todo ello en un siguiente nivel debe ser analizado a través de la visión de los procesos de hegemonía y contra-hegemonía. Procesos que tienen que ver con las formas en que el Estado se consolida y las articulaciones de los sectores subalternos que entran en resistencia de las estructuras de dominación, generando al mismo tiempo estructuras organizativas capaces de soportar la historia y el peso institucional del Estado, además de la conflictividad irresuelta, sobre, por ejemplo, el sentido del territorio o la administración y propiedad de los recursos naturales.

Entonces, cuando hablamos del Estado, hablamos de formas organizativas de leer y seguir el ritmo de lo social, y al mismo tiempo, recepcionar, las fórmulas de las políticas públicas, más allá de los espacios de deliberación; aunque sí, debe tenerse en cuenta desde los sentidos de la deliberación, el consenso, la cohesión, la representación, la participación y la legitimidad, dentro sí, de un ejercicio político en un campo democrático determinado, pero también cuando ese campo no existe o está aún en formación. Debido a que no se puede pensar el Estado y sus lenguajes sin estas señales.

Las señales del Estado, se unen en los gráficos que hemos diseñado a lo largo de este trabajo y sus intermitencias se van puntuando de tanto en tanto para dar un estado de la cuestión del Estado, su posibilidad etnográfica es estable dado que las transformaciones son casi imperceptibles y es como hacer un registro pormenorizado de los matices, lo cual nos podría arrastrar a una posibilidad técnica casi pictórica sobre el conocimiento sobre el Estado, es decir, un conocimiento, más impresionista, pero que puede llegar a ser un falseamiento de la realidad, porque se busca y se escribe aquello que se quiere encontrar y no aquello que existe en realidad. Y la sutileza del análisis sobre el Estado, y la posibilidad que establece lo etnográfico es esa mirada que indaga desde dentro, pero recurriendo a métodos y técnicas múltiples para dotar de sentido a las acciones de los sujetos.

Finalmente, las relaciones entre vida cotidiana, formación del Estado, conflicto y deliberación se da desde el campo tanto de la acumulación de fuerzas en el seno del Estado como en los instantes en que se construyen políticas públicas con la finalidad de responder las demandas sociales, pero la intencionalidad de las políticas públicas es generar estabilidad social y cierto orden hegemónico en el modo en que se construye el sentido sobre el Estado y la ideología que posee.

Pero ese proceso sufre también procesos internos de crítica y de reposicionamiento del campo político. Y al mismo tiempo, genera un proceso de construcción de hegemonía, que visto desde la conflictividad o desde la transformación estatal, no es solo una hegemonía en construcción, sino varias y en distintos pisos ecológicos y territoriales donde se producen diversas formas de organización tanto económica como social.

Bibliografía

  • Corrigan, Philip; Sayer, Derek [1985] 2007. “La formación del Estado inglés como revolución cultural”. En: Antropología del Estado. Ed. PNUD. Bolivia.
  • Das, Veena; Poole, Deborah. 2008. “El Estado y sus márgenes. Etnografías comparadas”. En: Cuadernos de Antropología social N 27. FFyL, UBA. Ed. UBA. Argentina.
  • Ferguson, James. 2012. “La maquinaria antipolítica. Desarrollo, despolitización y poder burocrático en Lesoto”. En: Antropología y desarrollo. Discursos, prácticas y actores (Beatriz Pérez Galán ed.). Ed. Catarata. Madrid.
  • Lenin, Vladimir I. [1918] 1975. El Estado y la revolución. Ed. Ariel. Barcelona.
  • Rossberry, William. [1994] 2002. “Hegemonía y lenguaje de la contienda”. En: Taller interactivo: Prácticas y Representaciones de la Nación, el Estado y ciudadanía en el Perú. Ed. IEP. Lima.
  • Vico, Giambattista. [1725] 2002. Principios de la ciencia nueva. Ed. Folio. España.
    Williams, Raymond. [1980] 2001. Cultura y sociedad. Ed. Nueva visión. Buenos Aíres.

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Christian Jiménez Kanahuaty

(Cochabamba, Bolivia-1982). Es politólogo y tiene la maestría en sociología por FLACSO, Ecuador. Tiene publicadas las siguientes investigaciones: Movilización indígena por el poder (Ed. Autodeterminación, 2012, Bolivia); La maquinaria andante (Ed. Abya-yala, 2015, Ecuador). El libro de ensayos: Ensayos de memoria (Ed. Autodeterminación, 2014, Bolivia). Invierno, su primera novela se publicó en 2010, luego en 2011, se publicó la segunda novela llamada Te odio. Tiene dos libros de cuentos: El Mareo (2008) y No quedan tardes de verano (2015). Es parte de las antologías de poesía Tea Party I (Cinosargo, Chile) y Letrasértica. Traductores del silencio (México, 2013), Y de la antología de cuentos Una espuma de música que flota (Jaguar ediciones, Ecuador, 2015). Colabora permanentemente con suplementos literarios de Ecuador, Bolivia, Chile, España y Argentina.


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