El papel de la banca en la intervención

Las guerras del Departamento del Tesoro contra Venezuela

Luis Salas Rodríguez
Publicado en febrero 2018 en La Migraña 25
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Un dato resaltante a la hora de evaluar las acusaciones y sanciones dirigidas contra el vicepresidente Tareck El Aissami en febrero de este año, la primera de una lista que ha venido creciendo en alcance y afectados desde entonces, fue que dada la naturaleza de las mismas (vinculadas al narcotráfico), no surgieron de alguna instancia más cercana al tema como la DEA, el FBI y ni siquiera el Pentágono o la propia Casa Blanca, vinieron del Departamento del Tesoro, un ente ciertamente gubernamental, pero cuya función oficial es la de administrar el tesoro público norteamericano.

Lo anterior nos llevó a preguntarnos: ¿por qué una oficina con esas características –más parecida a un Banco Central que a un cuerpo de investigación policial o inteligencia– se toma competencia de abrir una averiguación sobre narcotráfico al vicepresidente de otro país?

En primer lugar, porque ninguno de los gobiernos de Estados Unidos, desde George Washington hasta la fecha, jamás se ha tomado en serio aquello de la neutralidad de los bancos centrales y de la moneda, por más que se lo impongan al resto. Dado lo cual, cada vez que lo han considerado necesario, han utilizado instancias como estas para salvaguardar intereses.

En segundo lugar, porque está claro que para los Estados Unidos la moneda y el sistema financiero es una cuestión de soberanía y poder político, de modo que cualquier argumento, válido o no, en esta dirección, siempre será esgrimido para emprender las acciones defensivas u ofensivas que consideren.
Y, en tercer lugar, porque hace rato que dentro de la doctrina norteamericana las herramientas de coacción económica y financiera son tan o más válidas que las convencionales a efectos de tratar conflictos que afecten su hegemonía. Lo dicen voceros y figuras del alto gobierno norteamericano.

James Rickards, por ejemplo, un viejo lobo de Wall Street que trabaja para la FED y que pertenece al Comité de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, ha publicado múltiples libros y dicta conferencias sobre la doctrina de “la guerra financiera como forma de guerra pero con otros medios”. Un tipo de guerra que, según él, “es menos familiar a los estrategas militares y políticos debido a su naturaleza muy especializada y a su reciente arribo al terreno de combate” pero que “involucra actos hostiles en los mercados con acciones, bonos, divisas, materias primas y derivados financieros, entre otros”.

Por esa misma línea, Juan Carlos Zárate, exsecretario adjunto del Departamento del Tesoro y viceconsejero de Seguridad Nacional del gobierno de Bush Jr., publicó un libro donde explica paso a paso la doctrina de la guerra financiera. Zárate la define como “una nueva especie de guerra, como una insurgencia financiera sigilosa, que tiene la intención de constreñir el flujo financiero vital de nuestros enemigos, sin precedentes por su alcance y efectividad. El nuevo juego geoeconómico pudiera ser más eficiente y sutil que las competencias geopolíticas del pasado, aunque no es menos despiadado y destructivo”.

En una nota de prensa publicada en la sección internacional del diario venezolano El Universal, el 24 de marzo de 2014, a propósito del conflicto en Ucrania por el golpe de Estado y la separación de Crimea para anexarse a Rusia, Chio Poncy señala: “Uno no puede dar una respuesta militar a todas las crisis, pero hay que hacer algo más que enviar cartas de enfado…”.

Zárate y Poncy fueron los expertos que ayudaron a crear, a partir de 2001, el entramado de Estados Unidos para cortar el flujo económico de sus enemigos. Pero también para afectar a la propia Rusia, pueblo que no en balde viene siendo objeto de sanciones.

“Usar ese poder contra Rusia, que es un país potente, una economía avanzada con vínculos globales con Europa y con todas las partes del mundo, es más difícil. Pero se tiene que hacer algo y ese algo es el uso del poder financiero”, señaló Zárate.

Y lo mismo contra Irán y Corea del Norte:

“Irán y Corea del Norte han sentido el efecto de no poder tener acceso a los sistemas globales (de financiación). Hasta los norcoreanos tienen cuentas de banco. Para hacer negocios en este siglo hay que tener esos vínculos con el sistema global. Si puedes excluirlos de ese sistema, eso es poder, y lo hemos usado en los Estados Unidos”, expresó Zárate.

“Los bancos y otras instituciones financieras tienen que calcular que no vale la pena, que es arriesgado hacer negocios con los bancos en Rusia. Ese es el poder del sistema global”, añadió el experto en seguridad nacional.

Estados Unidos de Norteamérica es uno de los principales socios comerciales y financieros de Venezuela. Cualquier acción económica que este país tome, encubierta o manifiesta, tiene y tendrá efectos importantes sobre la economía venezolana. Así, por ejemplo, el 95% de las exportaciones de Venezuela son por concepto de petróleo, de las cuales es colocado el 33% en los Estados Unidos. Del total de bienes que se importan en la República Bolivariana de Venezuela, el 24% proviene de Estados Unidos, seguido por China con el 15%, Brasil 11%, Colombia 6%, Argentina 5%, México 5%, Alemania 3%, Italia 3%, España 2%, Panamá 2%, Canadá 2%. Exceptuando China, el 61% de las importaciones en Venezuela proviene de la superpotencia del Norte y de países que se han prestado en el marco de la Organización de Estados Americanos (OEA) a las agresiones políticas y económicas contra el pueblo venezolano. Del total de los medicamentos que Venezuela importa, el 37% proviene de Estados Unidos, seguido por México con el 15%, el 13% de Alemania, el 12% de Colombia. En cuanto a los alimentos, el 12% que se importa provienen en un 37% de Estados Unidos, 36% de Colombia, 11% de Argentina, 8% de México, todos actualmente países hostiles.

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Luis Salas Rodríguez

Sociólogo graduado en la Universidad Central de Venezuela. Realizó una maestría en Chile, magister en Sociología del Desarrollo en América Latina, posee una mención en Cambio Social y Análisis Político, grado obtenido en la Escuela Latinoamericana de Estudios de Post-grado de la Universidad de las Artes y Ciencias Sociales.

Fue profesor de la asignatura Economía Política de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV). Director y fundador del Centro de Estudios de la Economía Política de la UBV, investigador asociado de la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad e investigador asociado de CLACSO UARCIS-ICAL, Chile.