Por un gobierno mundial elegido

Los fines de la historia, hoy

Carlos Barros
Publicado en Octubre 2018 en La Migraña 28
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En esta ocasión no entendemos por “fines de la historia” las terminaciones de la historia al modo filosófico de Hegel, Marx y otros1Es evidente que no se cumplieron las profecías de Francis Fukuyama sobre el “fin de la historia”: después de 1989, la historia continúa más allá del horizonte clásico de la democracia liberal y capitalista decimonónica basada en el Estado-nación; tampoco la meta materialista de la historia (surgida asimismo en el siglo XIX) de una sociedad sin clases, por medio de un transitorio y todopoderoso Estado socialista, se derrumbó con el Muro de Berlín, debemos reconocerlo. sino los objetivos históricos que partes de la humanidad van construyendo y expresando en este nuevo siglo de una manera más o menos explícita. Se trata por tanto de fines en marcha, real, que conllevan a menudo representaciones imaginarias que movilizan a sectores amplios de la sociedad. Vamos pues a definir y analizar2Siempre con una óptica de progreso: defendiendo desde la historia un futuro de desarrollo sostenible y democrático, social y ambiental. en este siglo XXI fines de la historia ya existentes, a las puertas de la tercera década, sostenidos –o impuestos– por fuerzas económicas, políticas, sociales o religiosas en ámbitos internacionales, con la ventaja de la inmediatez3Sobre la noción de Historia Inmediata, Carlos BARROS, La Historiografía y la Historia Inmediatas: la experiencia latina de Historia a Debate (1993-2006), Hablemos de Historia. Cuestiones teóricas y metodológicas de la historia, Paraná, Entre Ríos, Argentina, nº 6, 2010, pp. 251-258.: el hecho de que se estén dando y los estemos viviendo, de que no sean por consiguiente simples opciones o proyectos4Tampoco el fin histórico del Gobierno Mundial, activo como veremos desde los años 90 en la práctica y la teoría en su versión light de “gobernanza mundial”. , facilita nuestra perspectiva pasado/presente/futuro.

Estamos inmersos en una sorpresiva transición entre el siglo XX y el siglo XXI, si consideramos las falsas e interesadas previsiones sobre el “final de la historia”, que ha generado (causa y consecuencia) una inacabada globalización tan arrolladora como desigual, social y espacialmente, con unos efectos secundarios que recuerdan aquello que decía Marx de que el capitalismo engendra su enterrador… La extensión de la democracia –y la conclusión de la política de bloques– ha puesto término a los golpes cruentos y las dictaduras declaradas, haciendo posible, no es poco para la “democracia burguesa”, la llegada al poder paradoja y pacíficamente de la izquierda revolucionaria y socialista en parte de América Latina.

Los beneficios de la globalización no son para todos, ni siquiera en las regiones del planeta más favorecidas por la globalización en curso, salvo que la sociedad y la política logren controlar democráticamente el nuevo siglo global y asegurar su sostenibilidad (crecimiento económico, justicia social, paz y respeto al medio ambiente), sorteando la distopía. Partiendo, claro está, de los nuevos sujetos que están surgiendo de la caída de los fines de la historia del siglo XX y la disolución de las dictaduras, los bloques y los imperios.

Pasadas dos décadas del siglo XXI hallamos sobre el tapete cinco fines relativos a la organización de la sociedad, la política y la economía en este mundo globalizado, con diferentes grados de realización, protagonismo, novedad y amplitud internacional. Según orden de aparición: 1) Mercado global. 2) Califato islámico. 3) Socialismo del siglo XXI. 4) Autoritarismo de Estado. 5) Gobierno mundial de conformación democrática, la más proyectiva e imperiosa desde una idea actualizada de progreso, en nuestra opinión. A diferencia del pasado siglo5En el principio de este nuevo siglo las revoluciones violentas parecen descartadas, así como las grandes guerras mundiales, si bien existen conflictos armados en Oriente Próximo y África del Norte que alimentan el autoritarismo y el terrorismo islámico., los conflictos entre estos fines divergentes de la historia tienen ahora una resolución no-violenta, democrática en el sentido más amplio del concepto, a excepción del terrorismo global.

Mercado global

El mercado global, o la globalidad entendida como un gran mercado, es hoy por hoy lo realmente existente. Impuesto por los nuevos sujetos económicos favorecidos por los espectaculares avances tecnológicos, y sus aplicaciones globales, la mundialización gira en lo económico alrededor del libre comercio (decimonónico de origen), y pretenden que la política, la sociedad y la cultura pivoten de la misma forma en torno al laissez faire. Detrás está un conglomerado transnacional de grandes empresas donde lo decisivo es el mundo de las finanzas, en su dimensión más especulativa y avariciosa, desconectada peligrosamente tanto de la economía real, productiva, como de las necesidades y los derechos humanos y democráticos del común de los mortales. Intereses macroeconómicos que no están sujetos, como es sabido, a ningún tipo eficaz de control político y democrático, más bien lo contrario: el desgobierno global de la economía es el mayor e inquietante déficit democrático que sufre el mundo en lo que llevamos recorrido del siglo XXI.

Esta antinomia entre el poder económico (de ámbito internacional) y el poder político (de ámbito nacional) ha dado lugar a la llamada “gobernanza”6Término nacido con la globalización fin de siglo que significa “arte o manera de gobernar”, adaptado al presente a las intensas e inéditas relaciones internacionales con la finalidad de dotarlas de modos de gobierno posibilistas y fragmentados, de bajo perfil y escasas atribuciones; un sustituto, en suma, del término ‘gobierno’ que significa mucho más: “acción y efecto de gobernar”, para lo que se ha necesitado hasta ahora del “poder ejecutivo de un Estado” nacional (DLE). internacional interesadamente débil y disgregada, lenta e ineficaz, subyugada por el laissez faire y tendente por esta razón a la desvalorización del sector público. El resultado es el llamado Nuevo Orden Mundial, criticado justamente como un Desorden Mundial, al estar troceado en múltiples organizaciones sin una institución superior, legitimada democráticamente, que oriente, gobierne y coordine.

Este monumental reino de taifas de la gobernanza internacional ni quiere ni puede controlar el devenir de un mundo marcado por las nuevas revoluciones de la ciencia y la comunicación, por un lado, y unos mercados financieros desregulados (en ocasiones, enloquecidos), por el otro. Procesos que provocan tanto beneficios como perjuicios que se agravan y agrandan conforme nos adentramos en el siglo. Verbigracia, una desigualdad social, económica y geopolítica que se acrecienta: el 75 % del PIB mundial está ahora en Occidente. China y los BRICS constituyen para algunos un contrapeso esperanzador, pero no suponen desde luego una alternativa7China propuso en el Foro de Davos de 2017, hace un año, el objetivo de una “comunidad de destino común para la humanidad” que no va más allá de lo que tenemos: Mercado Global (http://www.chinatoday.mx/pol/content/2017-09/30/content_747739.htm) a Occidente más democrática para un mundo más humano y ecológico. Mientras tanto, la generación joven sigue sin futuro y el África subsahariana sufre ya crisis alimentaria, hambre, pandemia y pobreza, que se irán expandiendo a otras zonas pobres del planeta si no hay pronto un cambio real de rumbo en la política mundial.

La mejor prueba de carácter caótico, desordenado, en interés de unos pocos, del mercado global, es la crisis económica del año 2008 provocada por el capital financiero, emparentable a lo que fue la crisis de 1929 y seguida de una Gran Recesión que dura una década interminable (para sus víctimas, que somos casi todos), semejante a la que en los años 30 causó el ascenso del nazifascismo, lo que por fortuna no está pasando en el siglo XXI, al juntarse en las mentalidades colectivas de manera indisoluble las aspiraciones de más justicia social y más democracia real.

Esta primera gran crisis de la economía del siglo XXI, coadyuvada por una endeble, segmentada y subalterna gobernanza global (respecto del conglomerado económico multinacional), ha generado dos tipos de reacciones que pueden agrandarse en el próximo futuro, además de la crisis irreversible del neoliberalismo, antaño “pensamiento único”, junto con su correspondiente sistema de poder interesadamente anárquico.

Se ha disparado, en primer lugar, un movimiento social antiglobalización que tuvo sus comienzos en 1999, y evolucionó en Porto Alegre como movimiento altermundista (“Otro mundo es posible”), con un movimiento indignado venido al mundo en 20118Historia global de los indignados (2011-2014), conferencia de Carlos Barros en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Ciudad de México, 29 de setiembre de 2014 (https://youtu.be/_nWXygiVR1Q). en respuesta a la crisis del capitalismo global y sus consecuencias. Es probable que en la próxima década tengamos una tercera ola de indignación, protagonizada, como en los dos casos anteriores, por la nueva generación de millenials (nacidos entre 1980 y 2000), coordinados como de costumbre por medio de internet. Jóvenes del segundo milenio, los más formados de la historia, a los que la sociedad global no ofrece perspectivas de futuro y luchan por “cambiar la historia”, como hicimos hace 50 años nuestra generación del 68, en un contexto diferente.

Emerge también con gran fuerza otro movimiento antiglobalización, de tipo político de tinte reaccionario, que ha tenido su máxima expresión en el referéndum en favor del Brexit en Gran Bretaña (2016) y en la victoria de Trump (2017) en Estados Unidos. Se trata de un impetuoso freno institucional a la globalización económica con una amplia base social, en pro del proteccionismo de poderosos Estados-nación Lo que pone fin de manera abrupta e inesperada a la unanimidad de las élites político-económicas del mundo de hoy acerca del mercado libre como máximo regulador de las relaciones internacionales. Respuesta ultraconservadora que refleja, asimismo, la pérdida creciente de hegemonía de los Estados Unidos, y del mundo anglosajón, en la política y la economía mundiales.

Diez años después de la crisis de 2008, existe cierto consenso entre los especialistas de que se está incubando una nueva crisis económica, puesto que se han tomado medidas globales eficientes que imposibiliten un nuevo desastre originado por un mercado global fuera de control. La perspectiva de la economía planetaria no es en consecuencia optimista, sigue desbocada: un fin de la historia desesperanzador, si seguimos con una gobernanza internacional limitada, inservible y un mercado global descontrolado.

Califato islámico

El segundo fin de la historia de transcendencia internacional al que haremos referencia aflora el 11 de septiembre de 2001 y viene del mundo musulmán, oriental y africano. Lo llaman Califato Islámico, es decir, la imposición de la ley islámica o sharía, usando el Corán como Constitución, para gobernar el mundo (Dar-al-Islam, “tierra del Islam”) de manera autocrática. Contra la opinión no sólo de los “infieles”, también de la mayoría de la población de los países musulmanes. Buscan implantar por la guerra y el terror una visión totalitaria, violenta y sesgada del Corán, aprovechando que el auge de la religión islámica (un 73 % en 2050) y el peso de la corriente salafista.

El islamismo fundamentalista es igualmente un fenómeno paralelo a la globalización, que se agudiza por los efectos funestos de la última crisis en el Este y en Sur, en los países más perjudicados por la mundialización.

El impacto global del Califato, tanto en Oriente como en los países occidentales, se explica también por la globalización de las comunicaciones, las intervenciones desafortunadas de Occidente en el Oriente Próximo y por supuesto la inexistencia de un Gobierno mundial democrático que extienda los beneficios de la globalización a todo el mundo.

Este fin integrista de la historia, especialmente represivo para las mujeres, tendrá por el momento continuidad desgraciadamente como terrorismo global contra la población de Occidente y de los los países que abrazan la visión histórica y tolerante del Islam. En cualquier caso, solamente una globalización más igualitaria, que cambie las condiciones de vida de la juventud y las clases populares en los países afectados, podrá resolver definitivamente esta lacra del terrorismo con una base religiosa.
Socialismo del siglo XXI

Otra respuesta a la globalización desigual, en un contexto de gobiernos de izquierda en América Latina, es el autoproclamado “socialismo del siglo XXI”, objetivo de la historia presente en América del Sur a partir de las victorias electorales de Hugo Chávez (1998), seguido después por Evo Morales (2005) en Bolivia y Rafael Correa (2007) en Ecuador, con el sostén de sendos movimientos sociales que dieron paso a nuevas formaciones políticas, todo ello pese a la endeble tradición democrática latinoamericana.

Fin histórico que tiene un interés especial para nosotros por tratarse, en buena parte, de una vuelta insospechada del socialismo de matriz marxista después del desplome del socialismo llamado real en el Este de Europa. Tenía razón Fidel Castro, en 2010, cuando dijo que “el modelo cubano [de impronta soviética] ya no funciona ni siquiera para nosotros”9Entrevista para la revista The Atlantic, 8 de setiembre de 2010 (https://www.theatlantic.com/international/archive/2010/09/fidel-cuban-model-doesnt-even-work-for-us-anymore/62602). Así pasó en la América bolivariana, donde se intentó alcanzar un Estado social10Se logró en cierta forma, justo es reconocerlo, en contraste con una realidad en sentido contrario en el resto de América Latina (exceptuando Cuba)., objetivo compartido históricamente por Estados digamos socialistas gobernados por partidos comunistas y socialdemócratas, no obstante sus diferencias.

Lo nuevo del “socialismo del siglo XXI” sudamericano es el acceso al poder mediante elecciones de fuerzas rupturistas sin golpes militares que lo pudieran frustrar, como sucedió en España en 1936 y en Chile en 1973. Socialismo de origen democrático luego que admite por necesidad la economía de mercado (como una NEP permanente), la globalización y sus consecuencias (como la dependencia en Venezuela del precio del petróleo).

La supervivencia futura de estas experiencias de gobierno, con sus errores y aciertos, y de los movimientos sociopolíticos que han sido su causa y su consecuencia, dependerá de todos modos de la capacidad que tengan para asumir las reglas de la democracia. Pasando a la oposición cuando los resultados les sean adversos11Acaba de suceder en Ecuador, el proyecto bolivariano de Rafael Correa ha sido derrotado en el referéndum del 4 de febrero de 2018 y la Revolución Ciudadana pasa a encabezar la oposición con un 36% de apoyo electoral, que no es poco. y defendiendo fuera del poder los logros sociales conseguidos desde el gobierno, que volverían a detentar cuando la voluntad popular les sea de nuevo favorable, siempre que el contexto internacional siga siendo –en Occidente– favorable a una democracia con alternancia donde todos puedan votar y ganar.

Autoritarismo de Estado

En cuarto lugar, analizaremos otra finalidad de la historia, con más pasado que futuro, la continuidad en el siglo XXI como forma de gobierno de los Estados autoritarios o de tendencia autoritaria. El informe del Centro Nacional de Inteligencia de los EE. UU. en el año de la gran crisis de 2008, Global Trends 202512Global Trends 2025: A Transformed World, National Intelligence Council, November 2008 (https://www.dni.gov/files/documents/Newsroom/Reports%20and%20Pubs/2025_Global_Trends_Final_Report.pdf)., pronosticó la decadencia de la democracia en el mundo, comprendiendo Occidente, so pretexto interesado de que los Gobiernos autoritarios iban a estar en mejores condiciones para tomar decisiones económicas globales (neoliberales, se entiende). No ha sido así, tampoco hizo falta. Por otro lado, ni siquiera con Trump en la Casa Blanca los EE. UU. dejan de ser una democracia donde se puede cambiar el Gobierno con los votos, dentro de un orden bipartidista, ciertamente, que está desapareciendo en Europa.

De todas formas, no se puede minusvalorar el hecho de que en países como China, Corea, Turquía, Egipto o Rusia, existan regímenes de partido único o unas democracias formales que en la práctica son autocráticas y represivas. Son con certeza residuos del pasado, reforzados ahora por el nuevo papel de los viejos Estados nacionales de resistencia a la globalización, en ausencia de una autoridad mundial legítima y efectiva.
Por todo lo que venimos escribiendo, hemos inventariado algunas voces significativas, propuestas y prácticas de gobernanza en favor de una globalización con rostro humano que pasa, ineludiblemente, por la articulación política de una soberanía global fundamentada en la democracia representativa y directa.

Gobierno mundial democrático

Y así llegamos a la quinta meta histórica, remate y conclusión de nuestro recorrido sobre los fines de la historia en el siglo XXI. Como ya dijimos, desde la II Guerra Mundial se fueron acumulando instituciones y reglas de gobernanza (eufemismo de Gobierno Mundial) de forma más acelerada al calor de la globalización en el cambio de siglo. El reconocido fracaso de la gobernanza débil y fragmentada a la hora de implementar políticas eficaces a la altura de los retos presentes, no deja otra opción de futuro que un Gobierno Mundial de verdad. En lo que va de siglo XXI se ha alzado solicitándolo voces crecientes y plurales, con mayor intensidad desde 2008.

Existen precedentes históricos que lo vienen demandando desde el humanismo de Dante a la ilustración de Rousseau y Kant, a fin de asegurar la paz, la seguridad y los derechos humanos en el mundo. En el siglo XIX Marx va más allá, predica una revolución mundial que, mediante un periodo transitorio de carácter estatal y por tanto mundial, conduzca a una sociedad sin clases. En el siglo XX, Einstein pide una “autoridad política común para todos los países” que acabase con las guerras, valorando la idea naciente de los Estados Unidos de Europa, la Liga de Naciones y una ONU que le parecía insuficiente13Albert EINSTEIN, Mis ideas y opiniones, Barcelona, 2011, pp. 123-127, 133, 135, 139, 140, 145, 150, 163-164..

A partir de 1989, una serie de trabajos académicos y no académicos vuelven sobre el gran tema14Véase Andrew GAVIN, Gobierno Mundial en https://guerradeconocimiento.wordpress.com/nwo/gobierno-mundial/., una vez que desaparece la división del mundo en bloques irreconciliables. Talbot publica en 1992, “El nacimiento de la nación global”15Strobe TALBOT, The Birth of the Global Nation, Time, nº 29, July 20th 1992, pp. 38-39., siguiendo a Garner que ya reivindicaba en 1974, al rebufo del movimiento del 68, una federación mundial construida desde abajo16Richard GARNER, The Hard Road to World Order, Foreign Affairs, April 1974, (https://www.foreignaffairs.com/articles/1974-04-01/hard-road-world-order).. Después, en pleno auge del movimiento antiglobalización, Falk y Strauss escriben en 2001, para la revista Foreign Affairs su artículo “Hacia un parlamento mundial”17Richard FALK and Andrew STRAUSS, Toward Global Parliament, Foreign Affairs, January/February 2001 (https://www.foreignaffairs.com/articles/2001-01-01/toward-global-parliament)., argumentando que al igual que se hizo con el New Deal hoy era primordial un Gobierno Mundial para “salvar el capitalismo”. En 2004, Jacques Attali profetizaba: “en 2050 habrá un Gobierno Mundial”18Jacques ATTALI, En 2050 habrá un gobierno mundial, La Nación, 1 de diciembre de 2004 (http://www.lanacion.com.ar/658930-en-2050-habra-un-gobierno-mundial-asegura-jacques-attali). . En 2005, Rajesh Tandon crea el Foro Democrático Mundial para promover una democracia mundial19http://world-governance.org/..

La crisis del 2008 comporta un nuevo impulso a la iniciativa pro–Gobierno Mundial, desarrollada al margen de los políticos de todas las ideologías (ubicados más bien en la corta duración), con alguna excepción. En octubre de 2008, el ex–primer ministro Gordon Brown plantea la urgencia de crear una “autoridad financiera global”20The Washington Post, October 17, 2008 (http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2008/10/16/AR2008101603179.html).. En diciembre de 2008, Rachman21Gideon RACHMAN, And now for a world government, The Financial Times, December 8, 2008 (http://www.ft.com/cms/s/0/7a03e5b6-c541-11dd-b516-000077b07658.html). ex-miembro del Grupo Bilderberg, dice en Financial Times que: “por primera vez en mi vida, creo que la formación de una especie de gobierno mundial es posible”, pone la Unión Europea como ejemplo22La experiencia europea demuestra que una unión puramente económica, no funciona -incluso puede retroceder- sin un gobierno elegido, un parlamento soberano y una política social unificada y avanzada., reclama un Estado de Derecho Global y adelanta que el proceso será lento y doloroso. Cierto, lo está siendo.

El movimiento global de los indignados iniciado en 2011 supondrá otro punto de inflexión. Eduardo Punset, aplaude la rebelión de los indignados del 15M23Intervención el 25 de mayo de 2011 en la Acampada de Oviedo: https://www.youtube.com/watch?v=FYReCuj6ksM. dos meses después de razonar las ventajas de un Gobierno Mundial24¿Qué ventajas tendría un gobierno único?, XLSemanal, 20 de marzo de 2011 (http://www.movimientarios.com/Punset%20gobierno%20mundial%20semanal20110320.pdf).. En julio de 2011, Joseph Deisss, Presidente de la Asamblea General de la ONU, asevera que “el movimiento de los indignados pone de relieve la necesidad de crear un gobierno económico mundial representativo, eficaz y coherente”25Joseph DEISSS, ONU: Se necesita un gobierno económico mundial 4/7/2011 (http://www.un.org/spanish/News/story.asp?NewsID=21304#.WmYUwa7iYnQ).. En setiembre de 2011, ATTAC, el grupo más influyente del Foro Social Mundial (Porto Alegre), se plantea exigir un Gobierno Mundial que controle los desmanes de la globalización26Susana MERINO, “El gobierno mundial y el imperativo de la desmundialización”, 23 de setiembre de 2011 (http://www.attacmadrid.org/?p=5564). . En octubre de 2011, el Consejo Pontificio de Justicia y Paz propone asimismo, influido sin duda por la rebelión juvenil global, un Gobierno Mundial y un único Banco Central27Defiende el Vaticano un Gobierno Mundial que gestione el bien común (desarme integral, seguridad global, crisis alimentaria, regulación de la emigración), Libre Mercado 24/10/2011 (https://www.libremercado.com/2011-10-24/el-vaticano-pide-un-gobierno-mundial-y-un-unico-banco-central-1276439243/); Benedicto XVI lo repite en un discurso el 3 de diciembre de 2012 donde propugna la “construcción de una comunidad mundial, con la autoridad correspondiente” para servir al “bien común de la familia humana” (http://www.catolicosalerta.com.ar/noticias03/nuevo-orden-mundial.html); en 2015 y 2017, el Papa Francisco añade a las tareas del futuro Gobierno Mundial: hacer frente a la crisis ambiental y el establecimiento de una justicia social global, “para salvar a la humanidad” (http://www.cristianosaldia.net/index.php/mundo-cristiano/papa-francisco-pide-un-nuevo-gobierno-mundial-para-salvar-a-la-humanidad.html. https://alimentaycura.com/2017/07/09/el-papa-pide-un-gobierno-mundial-para-salvar-la-humanidad/).. En noviembre de 2011, será José Mujica, Presidente de la República del Uruguay, otro de los pocos (ex) políticos que se comprometen con la globalización política: urge una “Gobernanza mundial más equitativa y menos imperial”28Casa América Actualidad 8/11/2011 (http://www.casamerica.es/actualidad/mujica-reclama-una-gobernanza-mundial-mas-equitativa-y-menos-imperial); cinco años después Múgica insiste en la exigencia de una gobernanza mundial que ponga en marcha un Plan Marshall contra la pobreza que resuelva en origen el problema de los refugiados, DW Actualidad 24/6/2016 (http://www.dw.com/es/jos%C3%A9-mujica-necesitamos-una-gobernanza-mundial/a-19351468)..

En 2015, será Bill Gates quien proclame que la ONU ha fracasado y precisamos un Gobierno Mundial para solucionar los problemas globales de la pobreza, el hambre y el cambio climático29Bill GATES, Wir brauchen eine Weltregierung, Huffington Post, 27/1/2015 (http://www.huffingtonpost.de/2015/01/27/bill-gates-wir-brauchen-eine-weltregierung_n_6556658.html).. Finalmente, en 2017, Stephen Hawking afirma –un siglo después de Einstein– al The Times que hay que crear un Gobierno Mundial “para que el avance tecnológico no pueda destruir la especie humana”, así como para enfrentarse al peligro de las guerras nucleares o biológicas30World Economic Forum 9/3/2017 (https://www.weforum.org/es/agenda/2017/03/un-gobierno-mundial-la-idea-de-stephen-hawking-para-que-el-avance-tecnologico-no-acabe-destruyendo-la-especie-humana)..

En resumen, un clamor diverso de voces complementarias de ideologías y países distintos que exigen más o menos lo mismo: un Gobierno Mundial elegido, junto con una Constitución y un Parlamento mundiales, que tengan por cometidos asegurar el control de los mercados y la nueva economía global y la salvaguardia de la paz, y apliquen políticas sociales y ambientales que rectifiquen de manera incluyente la globalización.

No son pocas las amenazas en gran parte inéditas que nos hacen temer lo peor, mientras sigan mandado más o menos ocultamente los poderes fácticos económicos transnacionales. De seguir así, vamos hacia la hecatombe. No somos pesimistas por sistema, pero lo feo de la realidad no se puede infravalorar, hay millones de vidas en juego.

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Carlos Barros

Director-Fundador de la Red Académica Internacional Historia a Debate (1993-2018). Profesor de Historia Medieval e Historiografía de la Universidad de Santiago de Compostela (1990-2016). Director del Posgrado de Historia, Teoría y Método de Humanidades y Ciencias Sociales de la USC (2006-2016). Presidente del Premio de Historia Medieval de Galicia y Portugal (2001-2011). Doctor vinculado del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Instituto de Estudios Gallegos “Padre Sarmiento”, 1996-2003). Directeur d’études associé de l’École des Hautes Études en Sciences Sociales de Paris (1996-1997). Investigador del Instituto de Historia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid (1989-1990). Doctor en Historia por la Universidad de Santiago de Compostela (1988).