Los orígenes del marxismo

Nicolas Melendres
Publicado en Noviembre 2016 en La Migraña 19
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Recurrir a los orígenes del marxismo, es recurrir a la raíz del pensamiento de Karl Marx, uno diría fácilmente que habría que recurrir al materialismo planteado por Feurbach, o Hegel, esto sería más bien recurrir a la genealogía del pensamiento o a su historiografía. Cuando hablamos de los orígenes del marxismo vamos a referirnos a la génesis del pensamiento político filosófico de Marx, tal vez ese Marx joven que habría asistido a las barricadas de la revolución de 1848 en Alemania, aquel Marx que queda impactado con la guerra civil americana, aquel Marx que crea un pensa-miento que dista mucho de sus posteriores interpretaciones, en este sentido abordaremos distintas etapas, entre ellas su concepción acerca de la libertad, el periodismo, el colectivismo, el culto a la personalidad, los marxistas, y el ecologismo.

El rol de la libertad en el marxismo

Recuerdo un debate que tuvimos con la plataforma del Bloque Juvenil Antiimperialista que se estaba construyendo el año 2012. Estábamos, la juventud comunista, el Partido Comunista Marxista Leninista Maoista (PCMLM), el Partido Socialista (PS1), organizaciones universitarias, etc. Discutimos lo que serían los estatutos de funcionamiento de la plataforma, y cuando discutimos los principios surgió un debate que nunca logré comprender. Trataba de la determinación del individuo en sociedad, o de la sociedad con sus individuos, esta determinación tendría que ser en libertad o tendría que darse de una forma automática. “Libredeterminación” o “autodeterminación”.
Creo que muchos estarán de acuerdo conmigo, pareciera que el problema de los marxistas esta en los conceptos, no existe un consenso en torno a ellos, siempre existe una pugna por los significados, y es que detrás de ellos se esconden las visiones del mundo u horizonte revolucionario que se construye en torno a ellos.

Pareciera que al ala estalinista le molesta el concepto de libertad, y es claro, porque el concepto libertad se ha asociado en los últimos 200 años de historia política al liberalismo, corriente de pensamiento de la burguesía emergente del siglo XIX. Sin embargo, vemos también que el con-cepto libertad es uno de los conceptos más utilizados en las ideas estructurales del pensamiento de Karl Marx.

Frederich Engels, en su primer borrador del Manifiesto Comunista decía que habría que “Organizar la sociedad de tal manera que cada uno de sus miembros pueda desarrollar y utilizar su potencial y sus facultades en completa libertad y, por lo tanto, sin desnaturalizar la esencia básica de esa sociedad”. En la versión final de Marx del Manifiesto, esa nueva sociedad se presenta como una “asociación en que el libre desarrollo de cada uno sea la condición del libre desarrollo de todos”.1

Trabajo libre, Suelo libre, Hombres libres

Los sucesos en Norte America durante el siglo XVII y XIX fueron de gran inspiración para la filosofía política Europea, – desde Tocqueville hasta Marx.

Marx en el prólogo a la primera edición de “El Capital” nos dice: “Así como la guerra norteamericana por la independencia, en el siglo XVIII, toco a rebato para la clase media europea, la guerra civil norteamericana del siglo XIX hizo otro tanto con la clase obrera europea.”…”Una nación debe y puede aprender de las otras.”

Y es que hay datos muy interesantes sobre esta anécdota para comprender el hilo conductor del pensamiento de Marx, de hecho se dice que los discursos sobre la libertad y el trabajo durante la guerra civil norteamericana fueron de gran ayuda para la elaboración de “El Capital”.

Marx tenía una profunda admiración por Abraham Lincoln y la lucha que venía llevando en Estados Unidos de Norteamérica:

“un hombre que ni se dejaba intimidar por la adversidad ni intoxicar por el éxito, que inflexiblemente se concentraba en perseguir su gran meta, sin comprometerla jamás por la ciega prisa, madurando lentamente sus pasos, sin desandarlos jamás, indiferente al favor popular, descorazonado porque el pulso popular no se relajaba; que atemperaba actos du-ros con el brillo de un corazón amable, que iluminaba escenas oscurecidas por la pasión con la sonrisa del humor, que hacia su obra titánica humildemente y con sencillez mientras los gobernantes de origen divino hacen pequeñas cosas con grandilocuencia de la pompa y el Estado. Tal fue la modestia en vida de este grande y buen hombre, que el mundo no lo descubrió como héroe hasta que hubo caído como mártir.”

Es desde luego harto sabido que Karl Marx era un partidario entusiasta de la Unión en la Guerra Civil americana y que, en nombre de la Asociación Internacional de Trabajadores, redactó un carta a Abraham Lincoln con ocasión de la reelección de este en 1864, presentada al Embajador de EE.UU. en Londres, Charles Francis Adams, el 28 de enero de 18653:

“Congratulamos al pueblo americano con ocasión de vuestra reelección por una fuerte materia.

Si la resistencia al poder esclavista ha sido la reservada consigna de vuestra primera elección, el grito de guerra triunfal de vuestra reelección: ¡muerte a la esclavitud!

Desde el principio de la lucha titánica que libra America, los obreros de Europa sienten instintivamente que la suerte de su clase depende de la bandera estrellada. La lucha por los territorios que inaugura la terrible epopée, ¿no debía decidir si la tierra virgen de zonas inmensas debía ser fecundada por el trabajo del emigrante, o manchada por el látigo del guardián de esclavos?

Cuando una oligarquía de 300.000 propietarios de esclavos osa inscribir, por primera vez en los anales del mundo, la palabra ‘esclavitud’ en la bandera de la rebelión armada; cuando en el lugar mismo en que, un siglo antes, la idea de una gran república democrática nació al mismo tiempo que la primera declaración de los derechos humanos, que juntas dieron el primer impulso a la revolución europea del siglo XVIII; cuando en ese mismo lugar la contrarrevolución se gloria, con una violencia sistemática, de invertir las ‘ideas dominantes de la era de la formación de la vieja Constitución’ y presenta la esclavitud como una institución benéfica, hasta como la única solución al gran problema de las relaciones entre trabajo y capital’, proclamando cínicamente que el derecho de propiedad sobre el hombre representa la piedra angular del nuevo edificio, entonces las clases obreras de Europa comprendieron enseguida, antes incluso de que la adhesión fanática de las clases superiores a la causa de los confederados las hubiera prevenido, que la rebelión de los esclavistas era el toque a rebato para una cruzada general de la propiedad contra el trabajo y que, para los trabajadores, el combate de gigante librado al otro lado del Atlántico no ponía solamente en jaque sus esperanzas en el futuro, sino también sus conquistas del pasado.

Por ello, soportaron siempre con paciencia los sufrimientos que les impulsó la crisis del algodón y se opusieron con vigor a la intervención en favor de la esclavitud que preparaban las clases superiores y ‘cultivadas’, y desde casi toda Europa contribuyeron con su sangre a la buena causa.

Mientras los trabajadores, verdadero poder político del norte, permitieron a la esclavitud manchar su propia República; mientras se jactaban -con relación a los negros que tenían un amo y eran vendidos sin su consentimiento- de gozar del privilegio de ser libres de venderse a si mismos y de escoger su patrón, fueron incapaces de combatir por la verdadera emancipación del trabajo o de apoyar la lucha emancipadora de sus hermanos europeos.

Los obreros de Europa están convencidos de que si la guerra de Independencia americana ha inaugurado la nueva era de expansión de las clases medias, la guerra antiesclavista americana ha inaugurado la nueva época del ascenso de las clases trabajadoras.

Consideran como un símbolo de la nueva era que la suerte haya designado a Abraham Lincoln, el enérgico y valeroso hijo de la clase trabajadora, para conducir a su país en la lucha sin igual por la emancipación de una raza encadenada y para la reconstrucción de un mundo social”

El lema republicano, ‘Trabajo libre, Suelo libre, Hombres libres’ se ideo para recusar el ‘poder esclavista’ y, aunque vagamente, para ofrecer derechos, tierra y reconocimiento al trabajador. Esto no era anticapitalista, pero si era, en la terminología de Marx, un paso en la dirección de la re-pública democrática y social.5

La repetida invocación a la causa del trabajo en la carta da así su propio giro radical al argumento del trabajo libre característico de Lincoln y otros republicanos. La carta observaba: ‘Los obreros de Europa están convencidos de que si la guerra de Independencia americana ha inaugurado la nueva época de expansión de las clases medias, la guerra antiesclavista americana ha inaugurado la nueva época de ascenso de las clases trabajadoras. Consideran como un símbolo de la nueva era que la suerte haya designado a Abraham Lincoln, el enérgico y valeroso hijo de la clase trabajadora, para conducir a su país en la lucha sin igual para la emancipación de una raza encadenada y para la reconstrucción de un mundo social.’

La libertad de prensa

Antes de ser teórico, filósofo y político, Marx era un periodista, y una de sus primeras experiencias con la impronta déspota de la política prusiana será la ley de censura de la cual él se pronunciara en contra diciendo:

“…con arreglo a esta ley, la censura no debe entorpecer la seria y modesta investigación de la verdad, imponer a los escritores una coacción indebida ni poner trabas a la libre circulación en el comercio librero”…“la verdad es tan poco modesta como la luz (…) Si la modestia es lo que caracteriza a la investigación, esto distinguirá más bien al miedo a la verdad que al miedo a la mentira. Será un freno en cada paso de avance. Será el temor impuesto a la investigación para que no se llegue al resultado, es decir, un medio para pre-servarse en contra de la verdad”.7

Es conocida la dura y penosa vida que debe enfrentar Marx por el poder déspota de los estados autoritarios pre-modernos que no aceptaban critica alguna.

Existe un antecedente que es registrado en los anales francoalemanes de sus cartas a su compa-ñero hegeliano de izquierda Arnold Ruge, cuando en una reunión del comité editorial de la Reineche Zeitung, se determina no ser crítico con el gobierno prusiano, ni siquiera seguir llevando el apoyo crítico que venían haciendo los jóvenes hegelianos, entre ellos Marx, quien acusaba al ala de “Berlín” del comité editorial de defender los intereses de la burguesía financiera y un semi-liberalismo, por el hecho de no defender la libertad de expresión ante esto Marx, presentaría su renuncia, y le comenta a Ruge:

“Por lo demás, aquí la atmosfera se me había vuelto asfixiante. Es duro llevar a cabo un trabajo servil, incluso al servicio de la libertad, y luchar con alfileres en lugar de con palos. Estaba cansado de la hipocresía, de la tontería, de la autoridad brutal y de nuestra complacencia, de nuestras deferencias, de nuestra justicia {…} Ya no puedo emprender nada en Alemania; allí uno se corrompe a sí mismo.

El colectivismo una fragante deformación del marxismo

Sobre la problemática o aparente dicotomía entre el individuo o colectivo planteada por el estalinismo dogmático, Marx nos dice:

Hay que evitar ante todo el hacer de nuevo de la “sociedad” una abstracción frente al individuo. El individuo es el ser social. Su exteriorización vital (aunque no aparezca en la forma inmediata de una exteriorización vital comunitaria, cumplida en unión de otros) es así una exteriorización y afirmación de la vida social. La vida individual y la vida genérica del hombre no son distintas, por más que, necesariamente, el modo de existencia de la vida individual sea un modo más particular o más general de la vida genérica, o sea la vida genérica una vida individual más particular o general.8

Cuando se pretende plantear al colectivo por encima del individuo, se desvirtúa totalmente el sen-tido marxista de lo social o comunitario. Generalmente la discursiva colectivista termina sirviendo a regímenes totalitarios o autoritarios como el fascismo de Mussolini, el autoritarismo soviético, o el totalitarismo Nazi.

Cuando Marx postula al ser humano como ser social no se está planteando la negación del individuo, lo que afirma es que la naturaleza humana individual es eminentemente social. Hay una relación dialéctica complementaria entre el ser individual y el ser social que imposibilita que se pueda establecer una separación en el ser humano de su carácter individual y su entorno social.9

Aristóteles en La Política ya hablaba de esta dicotomía en otros términos:
Es decir, que, por naturaleza, la ciudad es anterior a la casa y a cada uno de nosotros. Ya que el conjunto es necesariamente anterior a la parte. Pues si se destruye el conjunto ya no habrá ni pie ni mano, a no ser con nombre equivoco, como se puede llamar mano a una piedra. Eso será como una mano sin vida. Todas las partes se definen por su actividad y su capacidad funcional, de modo que cuando estas dejan de existir no se puede decir que estas sean las mismas cosas, sino homónimas. Así que está claro que la ciudad es por naturaleza y es anterior a cada uno. Porque si cada individuo, por separado, no es autosuficiente, se encontrara como las demás partes, en fun-cion a su conjunto. Y el que no puede vivir en sociedad, o no necesita nada por su propia suficiencia, no es miembro de la ciudad, sino como una bestia o un dios.10

No existe el ciudadano abstracto, como dice el filósofo francés, Henry Lefebvre: alguien que está por encima de todo, que no es ni rico ni pobre, ni viejo ni joven, ni macho ni hembra o lo es todo a la vez. Como dice el yugoslavo Miofrag Zecevic, “Lo que existe son personas concretas que viven y dependen de otras personas, que se asocian y organizan de diferentes maneras con otras personas en comunidades y organizaciones en las cuales y por medio de las cuales realizan sus intereses, sus derechos y sus deberes.11

El sociólogo Norbert Elias ante esto nos advertía acerca de los riesgos que las palabras desencadenan cuando, a partir de su semántica, producen efectos codificadores (cuando las figuras sociales parecen como “cosas”, es decir, como objetos ajenos a los individuos)…Lo sociedad misma es representada mentalmente como opuesta a los individuos…Elias denuncia el fetichismo de la tecnología propia de la sociedad moderna como una forma de cosificación, que coexiste con la pervivencia de “fantasmas”, es decir problemas que afectan al hombre corriente que al no percibirse correctamente en su vinculación con la sociedad, es arrastrado a aventuras irracionales: el semejante es concebido como distinto y amenazador y potencialmente peligroso. El individuo codificador (y a la vez cosificado) es, entonces, sujeto de manipulaciones regresivas (Elias esta pensando fundamentalmente en el nazismo).12
Esto implica un rechazo al “colectivismo”, aquel enfoque que suprime las diferencias de cada miembro de la sociedad en nombre de un colectivo. El colectivismo es una fragante deformación del marxismo. Basta recordar que Marx criticaba el derecho burgués por pretender igualar artificialmente a las personas en lugar de reconocer sus diferencias: al pretender ser igual para todos termina siendo un derecho desigual. Sostenía en cambio, que una distribución verdaderamente justa tenía que tener en cuenta las necesidades diferenciadas de estas. De ahí su máxima: “De cada cual según su trabajo, a cada cual según sus necesidades.”13

Sobre el culto de la personalidad

El problema del culto a la personalidad es un tema controvertido, debido a que se podría decir que Marx, llegaría a desestimar la cuestión política por debajo de la cuestión económico, es decir, al fin y al cabo Marx podría encontrar formas de comunismo primitivo en formas políticas despóticas en el Incario por ejemplo, que es un tema que será estudiado por Alvaro Garcia Linera en forma valor, forma comunidad. Estas formas políticas podrían ser resumidas en el Inca, o el Estado per-sonificado en el Inca.

El culto a la personalidad figura, implícita o explícitamente, en la mayoría de las doctrinas políticas de la burguesía en desarrollo nos dice Michael Lowy: para Maquiavelo, es el “Príncipe”; para Hobbes, el “Soberano Absoluto”; para Voltaire, el déspota “ilustrado”; para Rousseau, el “Legislador”; para Carlyle, el “Héroe”. Los puritanos ingleses del siglo XVIII creen haberlo encontrado en el “Lord Protector” (Cromwell); los jacobinos, en el “Incorruptible”; los bonapartistas, en el Emperador. “El espíritu del mundo sobre un caballo, escribía Hegel de Napoleón, resumiendo en una oración genial toda la estructura de la mitología burguesa del “Salvador”: el Verbo se hizo Carne, las fuerzas inmensas e incontrolables de la historia se encarnan en un Ser Superior personificado.14

La revolución burguesa es la realización inmediata del ser social de la burguesía; las barreras para esta realización son puramente exteriores; no supone ninguna “autotransformacion” de la clase: este proceso “automatico”, alienado, necesario puede fácilmente tomar la forma mitológica de un Libertador personal exterior. La revolución proletaria, por el contrario, debe ser la primera transformación consciente de la sociedad, el primer paso en el “reino de la libertad”, el instante histórica en el que los individuos hasta entonces objetos y productos de la Historia se ubican como sujetos y productores: no realiza el estado inmediato del proletariado; implica para él, inversamente, una “superación de si” por medio de la toma de conciencia y de la acción revolucionaria. Como escribia Engels en su “testamento político” (el prefación de 1895 a Las luchas de clases en Francia entre 1848 y 1850)15:

“Paso el tiempo de las ayudas prestas, de las revoluciones ejecutadas por pequeñas minorías conscientes a la cabeza de las masas inconscientes. Allí donde se trata de una transformación completa de la organización de la sociedad es necesario que las mismas masas pasen, que ya hayan comprendido ellas mismas de que se trata, porque intervienen (con su cuerpo y con su vida).16 ”

¿No habría que interpretar en el mismo sentido aquello que se acuerda en llamar el “culto a la personalidad” en el movimiento obrero del siglo XX?17

Las condiciones más favorables para la aparición de estos fenómenos de “regresión ideológica” son:

  • La debilidad, la inmadurez, el bajo nivel consciente del movimiento obrero
  • Las derrotas del proletariado, los retrocesos de la revolución, las decepciones y desánimos de las masas
  • El aislamiento de la vanguardia, la burocratización, el desfase entre los dirigentes y la más. A la coyuntura revolucionaria corresponde la tendencia hacia la auto emancipación; a la victoria de la contrarrevolución, el retorno a los mitos mesiánicos, a la utopía y al jacobino-maquiavelismo.18
    Sobre esta temática también la podremos ver en forma valor forma comunidad de Alvaro Garcia Linera, cuando habla de las formas de organización comunales, formas de organización de la co-munidad arcaica en primer y segundo grado, ahí veremos la figura de un Estado despótico “comunal” que regula la redistribución de la riqueza, o el Estado personificado en el “soberano”. Es un debate interesante el que nos propone Alvaro Garcia Linera respecto a esta temática, ya que propondrá ejemplos como el de Zarate Willka, y como así también en debates con Laclau respecto al rol de los liderazgos.19

¿La revolución contra Marx?

Antonio Gramsci en su artículo la “Revolución contra El Capital” escribe:

La revolución de los bolcheviques esta mas hecha de ideología que de hechos. (Por eso en el fondo, importa poco saber más de lo que sabemos ahora.) Es la Revolución contra El Capital, de Carlos Marx. El Capital, de Marx, era en Rusia el libro de los burgueses más que el de los proletarios. Era la demostración crítica de la fatal necesidad de que en Rusia se formara una Burguesía, empezara una era capitalista, se instaurase una civilización de tipo occidental, antes de que el proletariado pudiera pensar si quiera en su ofensiva, en sus reivindicaciones de clase, en su revolución.20

Un caso similar hemos de encontrar en la carta que le mandaba la populista Vera Zasulich a Marx, desde Ginebra el 16 de febrero de 1881:

…No ignora usted que su Capital goza de gran popularidad en Rusia. Pese a haber sido confiscada la edición, los pocos ejemplares que quedaron han sido leídos y releídos por el conjunto de las personas más o menos instruidas de nuestro país; y hay quien lo está estudiando seriamente.21

Este hecho nos demuestra uno de los problemas señalados por Lowy en el mito del salvador supremo, que si bien no es la figura de un líder, realista con la burguesía utópico con el proletariado, existe lo que es el “directorio revolucionario”, que así como la dictadura del hombre providencial viene “desde arriba” como un despotismo ilustrado.

El problema que expresaba en este caso Zasulich giraba en torno a la conservación de la comuna rural y su forma colectiva de producción, la cual se veía atentada por el capitalismo de Estado que estos “marxistas” intentaban imponer, respecto a esto Zasulich nos dice:

Las gentes que predican esto se llaman discípulos por excelencia de usted: “marxistas”. El más poderoso de sus argumentos suele ser: “Lo dice Marx”.

“Pero, ¿Cómo lo deducen ustedes de su Capital?” No trata en el la cuestión agraria ni habla de Rusia”, se les objeta.

“Lo hubiera dicho si hablara de nuestro país”, replican sus discípulos, quizá con demasiada temeridad…

Lo más extraño de todo esto es que Marx haya hecho 4 borradores para responder a Zasulich, para que al final ni si quiere le llegue la respuesta, sin embargo en las respuestas Marx, señala el hecho de que Rusia no tenía por qué seguir el camino de occidente.

Marx y el ecologismo

Por ultimo quiero tratar sobre esta temática, el ecologismo en Marx, bueno en realidad nunca construía una visión particularista de la totalidad vital como lo hace la postmodernidad, sin embargo, el debate postmoderno tuvo que recurrir a la particularidad de esta temática tratada por Marx.

Uno de los marxistas que logra recoger de Marx este aspecto ecologista es Jhon Bellamy Foster en su libro “La Ecología de Marx. Materialismo y Naturaleza.” Foster nos dice que ya hace 150 años Marx hace “una crítica de la degradación medioambiental que anticipaba gran parte del pen-samiento ecológico actual.”23

Marx sobre esta temática nos dirá: “ […] todo progreso de la agricultura capitalista no es solo un progreso del arte de esquilmar al obrero, sino a la vez es el arte de esquilmar el suelo; todo avance en el acrecentamiento de la fertilidad de este durante un lapso dado, [es] un avance en el agotamiento de las fuentes duraderas de esa fertilidad. Este proceso de destrucción es tanto más rápido, cuanto más tome un país –es el caso de Estados Unidos de Norteamerica, por ejemplo- a la gran industria como punto de partida y fundamento de su desarrollo. La producción capitalista, por consiguiente, no desarrolla la técnica y la combinación del proceso social de producción sino socavando, al mismo tiempo, los dos manantiales de toda riqueza: la tierra y el trabajador.”24

Sobre esto Harnecker nos dice que “solo en una sociedad socialista en que sea la gente y no una elite privilegiada la que –a través de sus delegados– decida que producir y como producir para satisfacer las verdaderas necesidades de la población y no las necesidades artificiales creadas por el capitalismo en su loca carrera por obtener más ganancias.25

Para encontrar más aristas sobre esta temática sería interesante revisar a Jorge Veraza en el de-sarrollo de los conceptos de subsunción formal y real de la producción y el consumo al capital. También Alvaro Garcia Linera en Forma Valor y Forma Comunidad.

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Nicolas Melendres

Es politólogo de la Universidad Mayor de San Andres (UMSA), marxista, forma parte del comité editorial del periódico Cuadernos, tiene estudios en Ciencias de la Comunicación Social en la Universidad de Buenos Aires (UBA), milito en el Partido Socialista 1, en el Bloque Juvenil Antiimperialista (BJA), actualmente en Generación Evo, fue conductor del programa radial Sangre Combativa de radio Patria Nueva, conductor del programa “un cafecito más” en Abya Yala. También fue columnista del Semanario La Época, y miembro del comité por los 90 años de Fidel. Escribe en el sitio web, andresdiegonicolas.wordpress.com “la semilla de mostaza”.


Nota: