Proyecto popular y poder señorial

Mito democrático y poder popular

Jaime Marlon Martinez
Publicado en julio 2019 en La Migraña 31
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Introducción

¿No es menester regocijarse entre los umbrales de la derrota señorial? Pero dicha validación retorica está enmarcada en un formalismo de letra muerta. La derrota política de lo señorial es insuficiente porque sigue el peligro latente de resurgir. La victoria del proyecto popular desplazó del campo político al proyecto señorial, pero ha dejado vestigios de organizarse nuevamente en razón de intereses corporativos; peligro que se avizora en este escenario electoral.

La tempestad de las contradicciones de lo señorial se ha articulado, configurado y plasmado en el juego de interpelación subjetiva. La emotividad instrumental de la subjetividad señorial renueva el repertorio de sus movilizaciones ante el Estado Plurinacional mimetizándose en su aspecto más grotesco de aparentar ser nacional popular. El mecanismo de despliegue de influir en ocasión de sentimientos de confrontación, en base a la discriminación y el racismo fluye en sus propuestas políticas y su discursividad subrepticiamente.

La arremetida neoliberal en el continente genera el desplazamiento casi general del poder estatal de las organizaciones populares al acto defensivo. El letargo popular enraizado en una instrumentalización por sus enemigos, masiva a partir de los medios de comunicación (redes sociales, televisión, radio, periódicos, etc.). Las burguesías apátridas, serviles a los intereses del capital internacional (imperialismo norteamericano y aliados) con el poder estatal en la mayoría de los países latinoamericanos despliegan una violencia material, simbólica, sistémica y emotiva contra toda organización o actor social que resulte un peligro mediato e inmediato.

El juego de intereses regional marca una nueva realidad política en nuestro Estado. Donde la asonada señorial nacional extiende un mecanismo que está en base a generar una discursividad de interpelación/pertenencia, que surjan estructuras de movilización contra el Estado y el proyecto popular. En un ambiente electoral donde ciertas ideas que serán adscritas a una concepción de país se han vuelto el campo de disputa. Y entonces surgen las interrogantes ¿qué hacer?, ¿cómo enfrentar esta realidad política de la emotividad?

Se buscará dilucidar el mecanismo de disputa de la lógica señorial y sus consecuencias en el ámbito popular, y cómo generar algunas ideas para la acción de lo nacional popular. El campo político electorizado marca una fenómeno particular en la lucha de clases en Bolivia entre lo popular versus lo señorial una prolongación de la guerra inconclusa de nuestro país desde su fundación.

Mito democrático: el surgimiento de la lógica señorial La lógica señorial que gobernó nuestro país hasta la ruptura en el año 2005 quedó archivada en los anales de la vergüenza nacional. Su desplazamiento del poder estatal repercutió en arrinconarse en la sociedad civil. Su derrota política devela en su lógica el resentimiento latente hacia lo popular, indígena y obrero, este acontecimiento ha marcado su obligación de reorganizarse. Renovando su repertorio de movilización y pertenencia, buscando la manera de seducir al pueblo boliviano.

Una idea fuerza que está articulando, por lo menos en el discurso, de manera global pero desorganizada en la materialidad de sus protestas es la noción1Decimos que solo tienen una noción vaga de que es democracia porque su mirada es instrumental/señorial. de “respeto a la democracia”. Un llamamiento señorial de buscar la simpatía de la población en el juego de la disputa política, esta noción vaga tiene una connotación de deslegitimar el movimiento general de la época plebeya.

La articulación discursiva en torno a la noción deformante de democracia envuelta en un mito señorial. Pero antes de adentrarse en esta percepción crítica se definirá que es un mito. La percepción de Barthes (1999) nos dice primero que un mito es un habla que debe tener determinadas condiciones para su realización, “el mito constituye un sistema de comunicación, un mensaje. Esto indica que el mito no podría ser un objeto, un concepto o una idea; se trata de un modo de significación, de una forma” (Barthes 2008:199).

El mito es un modo de significación un modo de articulación del habla al mundo por tanto nada nos impide que hablemos de las cosas y que estas se vuelvan míticas. Pero el mito es temporal “pueden concebirse mitos muy antiguos, pero no hay mitos eternos” (Barthes 2008:200). Es la humanidad que convierte en su actividad social histórica una multiplicidad de mitos, pudiéndolo convertir en el estado de habla “sólo ella regula la vida y la muerte del lenguaje mítico” (Barthes 2008:200).

El mito tiene una condición histórica porque surge a partir de ella, se forma en su acepción historicista, el mito es un habla desde la historia (como actividad humana). Como dice Barthes (1999) no surge de la naturaleza de las cosas sino de las relaciones sociales en su historicidad. El mito es habla y no se reduce al lenguaje escrito sino tiene un contenido más amplio que nos ayudará a entender la democracia señorial:

Este habla es un mensaje y, por lo tanto, no necesariamente debe ser oral; puede estar formada de escrituras y representaciones: el discurso escrito, así como la fotografía, el cine, el reportaje, el deporte, los espectáculos, la publicidad, todo lo que puede servir de soporte para el habla mítica. El mito no puede definirse ni por su objeto ni por su materia, puesto que cualquier materia puede ser dotada arbitrariamente de significación: la flecha que se entrega para significar un desafío es también habla (Barthes 2008:200).

El mito es un habla que se estructura bajo el significado y el significante en relación al signo2Desde Barthes (1999) la lengua, el significado es el concepto mientras tanto el significante la imagen acústica y esta relación entre concepto e imagen surge el signo ejemplo la palabra. que bajo estas tres premisas surge el mito que “no oculta nada: su función es la de deformar, no la de hacer desaparecer” (Barthes 2008: 2013). Esta función de deformar del mito se refiere a distorsionar la realidad, pueden ser bajo preceptos y conductas (pero que no se reducen a dicho planteamiento sino que se expresan en una multiplicidad de sentidos y hechos) que legitimen un estado actual de cosas, que es injusto por su naturaleza. Esta deformación está bajo el interés de un grupo que busca la perpetuación de sus privilegios.

El mito como habla bajo la función de deformar, logra un interés que se concretiza en la lógica señorial y sus estructuras de movilización y discurso. Encuentra su significación bajo diversos mecanismos que ayuden a plasmar su legitimidad y entidad concreta marchas, bloqueos, discursos, gestos y sentidos de pertenencia en base a consolidar organizaciones. El mito democrático plasmado en plataformas del 21F, partidos tradicionales y organizaciones sociales con fuerte presencia señorial, tiene la misión de deformar la democracia intercultural, lo nacional popular generando una visión aparentemente democrática. Busca imponer el sentido de su mundo que fue desplazado a sus reductos sociales privados: tomar el poder político es un fin en sí mismo inherente a su capacidad de imponer lo señorial como forma de vida.

El mito democrático señorial es deformante porque constituye una realidad fetichizada, desligada de nuestra realidad plural y popular. Busca legitimar su aspiración a recobrar el poder político por medio de encubrirse en consignas populares. De esta manera recubrirse con el manto mítico democrático para enarbolar una violencia sistemática que este encauzado al fortalecimiento y toma del poder estatal como preámbulo de su concepción de mundo. La democracia señorial ha jugado un rol de articulación discursiva, de buscar y generar un proceso de movilización que se puede sistematizar en algunas ideas fuerza:

  • Respeto a la democracia, respeto al voto del soberano
  • No queremos vivir en una dictadura
  • El país está en la miseria nos volveremos otra Venezuela

El mito democrático señorial se catapulta en entender la democracia bajo un sentido muy simplista que denominamos formal. El formalismo democrático en sus enunciaciones se aplica a la letra muerta desde su orden jurídico, como única forma de legitimidad democrática sin cuestionamientos. No devela la carga ideológica que genera una relación dominación/explotación. Pero dicha apreciación en sí misma es un recurso de la lógica señorial para doblegar y sucumbir las aspiraciones del campo popular boliviano. La formalidad de la democracia es un dispositivo cultural de dominio que ha fortalecido los lazos señoriales, Álvaro García Linera ya denuncia este hecho:

“El concepto de democracia articula, justamente, esas dimensiones. La actual invención dominante del significado de democracia en el ámbito intelectual, en su versión liberal, minimalista y procedimental, construye el concepto en los términos de la formación de un orden regulatorio del poder político” (García 2013:15).

La democracia entendida como formal, procedimental y minimalista es una característica de la lógica señorial y no cambia su contenido sino que en la forma renueva su capacidad de movilización instrumental. El respeto al voto como consigna de lo señorial bajo la premisa del 21F, llama necesariamente a generar el mito democrático en su formalismo. Buscan la manera por medio de consignas coyunturales generar un discurso de expansión instrumental para derrotar por medio del engaño, la mentira y la violencia la potencia creadora de los movimientos sociales materializado en el Estado Plurinacional. La democracia para esta visión miope se termina en el voto, nuevamente no les interesa la democracia como el ejercicio popular del bien colectivo sino la forma de usufructuar o recuperar privilegios.

Otra idea fuerza articulada a la democracia señorial es el supuesto peligro de entrar en dictadura sino se respeta el voto del referéndum 21 de febrero de 2016. El miedo y la zozobra que quieren generar en la población sobre una dictadura en razón a sus intereses. El dictamen del Tribunal Constitucional sobre la repostulación3Sentencia Constitucional Plurinacional 84/2017 que autoriza la repostulación de Evo Morales a la Presidencia. (en base a que la repostulación es un derecho humano) demuestra que la democracia debe estar sujeta a intereses del contenido mismo, de su irradiación y profundización, dejando de lado los formalismos que atentan su acepción real popular. El fantasma de la dictadura en plena democracia popular desata histeria y neurosis en los actores señoriales que no han podido plasmar en el hecho material de buscar, de generar un estado de convulsión y caos. El recurso discursivo de la democracia señorial se queda ahí en una forma desfigurada de la desesperación de ser nuevamente derrotados en las urnas por el pueblo.

El estribillo no menos eficaz con su proyecto señorial es el miedo a ser otra Venezuela, que el país está endeudado, que estamos sumidos en la miseria, que la crisis económica está a punto de estallar. La paradoja de este estribillo discursivo es que la realidad es otra, el país crece económicamente (avalados por los organismos internacionales). Pero el espectro de la crisis económica no pasa de ser un postulado de su desesperación ante la agonía de su capacidad intelectiva de cuestionar el modelo económico productivo.

Democracia formal, dictadura y crisis económica son tres campos discursivos que tratan de conectar en una interpelación al pueblo boliviano para generar convulsión social que se concretizará en la recuperación señorial del Estadoy la implantación de su concepción de mundo bajo los parámetros de dominación y explotación. El resultado de su capacidad de movilización es disperso y no está articulado a una visión integral de país, pero el solo hecho que se haya plasmado a pesar del desorden en un planteamiento nacional debe llamar la atención al campo nacional popular. La emotividad y los sentimientos son las armas que están usando para llegar a articular la asonada señorial, la batalla cultural ha entrado en las prioridades del campo político.

¿Qué hacer? ¿Por dónde empezar?

La capacidad de movilización de la lógica señorial por medio de la emotividad genera en el país cierta simpatía, las estribillos “respeto a la democracia, no queremos dictadura y estamos a la esquina de la crisis económica” manifiestan la cohesión de los grupos sociales más reacios al proyecto de la revolución democrática cultural. Se trata de germinar un proyecto señorial que cohesione y de sentido a los grupos sociales afines a lo señorial que estaban huérfanos de un sentido que los una. Esta rearticulación todavía embrionaria y caótica puede ser un peligro sino existe un proceso de táctica y estrategia de lucha por parte de las organizaciones sociales populares.

La debilidad latente del proceso de cambo es la despolitización urbana (bajo su concepción) y la fragilidad de generar un corriente de formación política basado en la praxis dentro de las estructuras partidarias y de las organizaciones sociales, ha desembocado en un clientelismo aberrante. Debemos recuperar el sentido crítico-autocrítico del partido y las organizaciones sociales bajo el principio de Martov “el partido es el intérprete consciente de un proceso inconsciente” (Bensaid y Nair 1978: 34), es necesario develar los peligros inconscientes señoriales para interpretarlos en relación a la lucha de clases. La ingenuidad de no prepararse políticamente y en las posibles asonadas de la lógica señorial demuestra las debilidades del proceso de cambio, el camino de la organización y la teoría/praxis política deben ser el paso para el surgimiento de nuevos cuadros y la derrota señorial.

Se debe empezar fortaleciendo la organización partidaria y las organizaciones sociales con el compromiso político del interés común, de irradiar el horizonte de época de liberación esto desembocaran en asumir una correcta táctica:

“… la organización tiene que estar preparada, para desarrollar inmediatamente su actividad. ‘¡Cambiar de táctica en veinticuatro horas!’ Mas para cambiar de táctica hay que empezar por tener una táctica, y si no existe una organización fuerte, iniciada en la lucha política en cualquier circunstancia y cualquier período, no se puede ni hablar de un plan de actividad sistemático, basados en principios firmes y aplicado rigurosamente, único plan que merece el nombre de táctica” (Lenin 1960: 5).

La organización es el elemento fundamental para la acción revolucionaria dentro de la lucha contra lo señorial. Parafraseando a Lenin (1960) en la realidad política y los dos puntos de debilidad que se han plasmado en la articulación de lo señorial, no “podemos separar mecánicamente las dificultades políticas de las dificultades de nuestra organización” estos dos elementos hacen al accionar revolucionario y tener una lectura correcta hace al triunfo.

La formación de cuadros políticos debe necesariamente dar una formación política fundamentado en la disciplina como modo de vida extirpando los deseos ególatras, las ambiciones económicas y la instrumentalización del partido o de las organizaciones sociales. La organización de contenido revolucionario cumple la función de mediación entre la teoría y la práctica, para desplegar la concepción de mundo desde lo nacional popular. Solo bajo estos cuadros que se funden en uno con la organización podrán desplegar la capacidad de ofensiva contra la batalla cultural que activa las organizaciones señoriales. “La moraleja es simple: si comenzamos por crear firmemente una fuerte organización de revolucionarios, se podrá asegurar la estabilidad del movimiento” (Lenin 2010: 172), y derrotar a la arremetida señorial.

El mito democrático señorial es un escenario de organización de las fuerzas conservadoras, bajo los estribillos ya analizados en base a la emotividad como poder de seducción es un peligro latente. La falta de cuestionamiento al proceso de cambio por parte de lo señorial ha dejado el campo victorioso en lo económico y social, pero respecto al referéndum del 21 de febrero de 2016 como plataforma de lucha y sentido de articulación son sus recursos discursivos “defensa de la democracia, respeto al voto” frases que tienen un objetivo: desbaratar el poder popular. La democracia entendida desde un proceso formalista y procedimental es un recurso burgués que en última instancia favorece a su mejor administración del poder fetichizado, generando mayores desigualdades económicas, sociales y culturales.

Ante esta realidad conflictiva una vez fortalecido el proceso de formación de cuadros en base a la disciplina se debe generar un proceso de ofensiva bajo los parámetros de una táctica de índole cultural. “Debemos ir a todas las clases de la población como teóricos, como propagandistas, como agitadores y como organizadores” (Lenin 2010: 120), asumir la tarea de generar una seducción política desencantando los prejuicios y actitudes que lo señorial han querido poner en primacía sobre el bien colectivo “debemos trabajar mucho y con tenacidad a fin de elevar nuestro grado de conciencia, nuestra iniciativa y nuestra energía” (Lenin 2010: 129), solo con el compromiso de encauzar las energías hacia la derrota señorial se avizorará nuestro triunfo.

Este proceso de organización, agitación e irradiación cultural de lo plurinacional como articulación discursiva debe estar inserta de dos formas; primero, priorizar el área urbana sin dejar de lado lo rural; segundo, entablar una dialéctica entro lo cultural y lo político (es decir que la capacidad de construcción discursiva de rebatir las consignas señoriales y que estas mismas tenga la potencia de que los grupos sociales dubitativos puedan hacer suyos estos planteamientos insertos entre la razón y el sentimiento elemento necesario para el triunfo popular). Esto se debe generar desde el partido y las organizaciones afines en el área urbana un movimiento revolucionario sólido con una organización de dirigentes que dé continuidad a dicho proceso de lucha. “Que dicha organización debe estar formada, en lo fundamental, hombres que hagan de las actividades revolucionarias su profesión” (Lenin 2010: 179).

Los problemas que generan las debilidades identificadas dentro del partido y sus organizaciones sociales han formado una chispa de esperanza de los actores señoriales y sus brazos operativos que son las plataformas del 21F y dichos problemas deben ser analizados bajo el origen o el fundamento mismo que hace a las cadenas continuas del problema a resolver como dice Lenin:

“Cualquier problema ‘se mueve en un círculo vicioso’, pues toda la vida política es una cadena infinita compuesta de un sinfín de eslabones. Todo el arte de un político estriba justamente en encontrar y aferrarse con nervio al preciso eslaboncito que menos pueda ser arrancado de las manos, que sea el más importante en un momento determinado y mejor garantice a quien los sujete la posesión de toda cadena” (Lenin, 2010: 238).

Este arte de buscar el eslabón más importante en un tiempo determinado de la cadena es el factor necesario para comprender y triunfar contra los escollos de las fuerzas conservadoras. Estas tareas necesarias serán las que deben guiar las formas de reacción y ofensiva que se debe asumir en las batallas que se desarrollaran en los diferentes niveles de la sociedad y el Estado. Estos mecanismos de la lucha de ideas y sentidos en el aspecto preponderante cultural por el poder político, no debe cegar los ojos con la tolerancia hacia los actos vandálicos recubiertos de democracia por parte de la lógica señorial dirigida por las plataformas del 21F por ello el partido debe recurrir al terror como capacidad de ofensiva bajo ciertas circunstancias. “El terror es una de las formas de acción militar que puede ser completamente útil y hasta indispensable en un determinado momento del combate, ante determinado estado de las fuerzas y en determinadas circunstancias” (Lenin, 1960: 5). Es decir la capacidad de defensa como legítima acción, porque las fuerzas señoriales en su derrota constante de ideas recurren como última instancia a su estado de naturaleza que es la violencia.

El partido y las organizaciones sociales deben recuperar la acción de movilización con disciplina política para la recuperación de las masas vacilantes y la derrota del proyecto embrionario de los grupos señoriales. Se articula en base a ciertos criterios de despliegue de violencia y organización aprendidos de sus derrotas contantes contra lo nacional popular y el asesoramiento extranjero de sus aliados. La emotividad jugará un rol central para definir la victoria política y por sobre todo el surgimiento de lo señorial o su sepultura final.

Literatura del partido

La ausencia de una literatura obligatoriamente partidaria se ha convertido en un error sin precedente, el mismo Lenin asumía la importancia de generar estos organismos como brazos operativos del partido para la lucha política (independientemente del poder estatal), para difundir la concepción del partido por medio de una literatura partidaria es reforzar la organización misma y expandir a las redes y espacios sociales la influencia dejando márgenes estrechos para cualquier visión señorial. Pero no solamente es el periódico, revista o folleto en físico sino que en nuestra actualidad debe estar plasmado a la adecuación de las nuevas exigencias como ser las redes sociales, radio, televisión y las plataformas digitales dando claridad a este ampliación de la literatura partidaria. Lenin demuestra la importancia de este medio:

“La misión del periódico no se limita, sin embargo, a difundir las ideas, a educar políticamente a atraer aliados políticos. El periódico no es sólo un propagandista colectivo y un agitador colectivo, sino también un organizador colectivo. En este último sentido se le puede comparar con los andamios que se levantan alrededor de un edificio en construcción, que señalan sus contornos, facilitan las relaciones entre los distintos constructores, les ayudan a distribuir el trabajo y a observar los resultados generales alcanzados por el trabajo organizado” (Lenin 1960: 10).

Son referentes de organización colectiva que mucha falta hace dentro de ciertas capas sociales de la sociedad por la misma ausencia del partido y por la incapacidad de generar una seducción propagandista desde el partido como una organización creadora y dinámica con los valores del bien colectivo y el desarrollo de las fuerzas sociales de contenido nacional popular. Los medios de comunicación deben ser prioridad para la concepción del partido y la expansión de su radio de influencia, no bajo el engaño y los subterfugios de la dominación sino de generar consciencia y compromiso con las causas del pueblo, del bien colectivo por encima de cualquier forma espectral de cosificación. La literatura del partido debe estar en base a sus principios, estructura organizativa en la senda de la emancipación humana como prolegómeno para una nueva civilización. Y esto será un trabajo arduo por los constantes intentos de los actores señoriales de volver al poder y su constante derrota.

Conclusión

Las tensiones políticas dentro del campo político boliviano se han configurado bajo ciertos matices particulares (ambiente electoral, plataformas 21F) de una conflictividad donde nuevamente chocaran la fuerza nacional popular y la fuerza señorial. Primero, la lógica señorial a partir de sus actores sociales está buscando organizarse a nivel nacional bajo la consigna de la democracia ilusoria y posteriormente generar un proyecto de país estos dos hechos en función de aglutinar la mayor cantidad de grupos sociales y en lo inmediato generar una corriente de descontento que cuestione el proceso de cambio llegando a un futuro próximo a su derrota. Por otro lado, las fuerzas populares están con el objetivo de profundizar el proceso de transformaciones hacia la liberación, y en el plano táctico político arremeter con una ofensiva de derrotar los intentos señoriales que usan la mentira, recobrar espacios de poder para reproducir su lógica señorial e influir en diversos ámbitos de lo social. Dos fuerzas que representan dos extremos de hacer democracia nación versus antinación, pueblo versus oligarquía apátrida es la síntesis de la lucha.

El ambiente electoral de las elecciones presidenciales será un trampolín para los aciertos o desaciertos de las fuerzas políticas, la emotividad y la razón será las dos variables íntegras que se desenvolverán en los repertorios discursivos y la capacidad de movilización tanto en uno como en otro proyecto que son antagónicos.

Bibliografía

  • Bensaid y Nair, Daniel y Alain. A propósito del problema de organización: Lenin y Rosa Luxemburgo, México, Cuadernos Pasado y Presente. 1978.
  • Barthes, Roland. Mitologías. Argentina, Editores XXI. 2008.
  • García Linera, Álvaro. Democracia, Estado, Nación. La Paz, Vicepresidencia del Estado, 2013.
  • Lenin, Vladimir. ¿Por dónde empezar? La organización del partido y la literatura del partido. La clase obrera y la prensa obrera, Moscú, Editorial Progreso. 1960.
  • ¿Qué hacer? Venezuela: Ministerio del Poder Popular para la Comunicación e Información, 2010.

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Jaime Marlon Martinez

Egresado de la Carrera de Sociología, actualmente estudiante de la carrera de Derecho de la Universidad Mayor de San Simón. Militante revolucionario comprometido con la construcción de un mundo mejor. Miembro fundador y coordinador del colectivo Comunidad y Revolución que es un espacio de autoformación de líderes políticos y sindicales, de organizaciones y movimientos sociales, con sensibilidad social, pensamiento crítico, capacidad de organización y generación de propuestas, para la contribución, aporte y defensa de todos los cambios sociales, políticos, económicos y culturales que vive nuestro país.


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