200 años de Intervención de EEUU en América Latina y Bolivia

Recursos Naturales, libre mercado y mar

Luis Fernando Gonzales Guardia
Publicado en enero 2016 en La Migraña 29
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René Zavaleta había escrito en su obra 50 años de Historia que los “los norteamericanos, empero, habían tomado ya la iniciativa de las cosas y campeaban como dueños del país”, era un nítido retrato de Bolivia en la época de los sesenta.

El Vicepresidente de EEUU, Mike Pence, reinicio en junio un tercer viaje a países de América Latina con una agenda orientada a justificar su política migratoria de Tolerancia cero y abordar asuntos de la región en una visible acción de intromisión.

En febrero del 2018, Rex Tillerson, secretario de Estado norteamericano, en su gira por Sudamérica, invocó a la “Doctrina Monroe” de 1823 advirtiendo que “es tan relevante ahora como el día en el que fue redactada” en una conferencia realizada en la Universidad de Texas. Dicha diplomacia fue refrendada con la frase colonizadora de “América para los americanos”, tendiente a esgrimir la estrategia del pillaje de los recursos naturales sudamericanos y la intervención militar por parte de EE UU.

Tillerson fue director ejecutivo de la Exxon Mobil, empresa transnacional petrolera derivada de la Standard Oil, un trust monopólico fundado por Rockefeller que se apropió del petróleo boliviano hasta que fue nacionalizado por el presidente David Toro y Germán Busch en 1936.

Legitimación

La famosa declaración de la doctrina Monroe se relaciona con el lema del presidente Trump de “hacer América grande, otra vez”; reflejando el fondo del nuevo plan expansionista de EE. UU y al que ahora se adscribe Reino Unido (Inglaterra), según las palabras de su primera ministra, Teresa May, pronunciadas en un encuentro sostenido por ambos dignatarios en Filadelfia el 26 de enero del 2017.

May manifestó la finalidad de restaurar la hegemonía de EE. UU y Reino Unido; aludiendo al poderío hegemónico que tuvieron cada una de estas potencias. En su discurso exhorto a Trump y al público norteamericano a “unir nuestras manos cuando recojamos, una vez más, el manto del liderazgo, para renovar nuestra relación especial y comprometernos nuevamente con la responsabilidad del liderazgo en el mundo moderno”.

La mandataria prosiguió advirtiendo que “los días de Reino Unido y Estados Unidos ‘interviniendo’ en países soberanos en un intento de rehacer el mundo a nuestra imagen y semejanza se han acabado. Pero no podemos quedarnos de brazos cruzados”; las palabras y las cosas se bifurcan, se niegan en paradoja de la historia o se afirman en el devenir.

En la alocución se trasluce una idea, una visión en la que, según Butler, hay una “responsabilidad global”; asociada a un supuesto privilegio de EE. UU. y Reino Unido para intervenir, violentar y negar el derecho a la soberanía popular y la autodeterminación de los pueblos, consagrado en la Carta de la ONU y en los dos Pactos Internacionales de Derechos Humanos de 1966; la normativa establece que: “Todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación. En virtud de este derecho establecen libremente su condición política y proveen asimismo a su desarrollo económico, social y cultural. Para el logro de sus fines, todos los pueblos pueden disponer libremente de sus riquezas y recursos naturales”.

Por el contrario, a nombre de la expansión de la democracia, el progreso, la seguridad y los derechos humanos las potencias hegemónicas a la cabeza de EE. UU. pretenden “legitimar” la injerencia y la invasión en el sur global, bajo una lógica dominante, que Stephen Gill la concibe como un “sentido común imperial”. Ciertamente, nos referimos a una forma de democracia liberal basada en la economía de “libre mercado”. A fin esclarecer la cuestión del intervencionismo agregaremos el concepto de imperialidad.

Así pues, Slater explica que la imperialidad es el “derecho, privilegio y sentimiento del ser imperial, o la defensa de las ideas del Imperio en el que se justifica la invasividad geopolítica del poder de Occidente y, más concretamente, de los Estado Unidos”. Estas ópticas tienen frecuentemente un sesgo de “profunda ignorancia” de la “historia, cultura y política” como lo admite, Robert Mc Namara, ex secretario de Defensa, en su autocrítica sobre la guerra del Vietnam en el libro En retrospección. La intervención según Slater está definida por cinco elementos constitutivos: deseo, justificación, voluntad política, capacidad militar de los colonizadores y la resistencia de los pueblos colonizados. La justificación o legitimación es la base doctrinal de la política exterior.

Por lo tanto, para asegurar la vigilancia y el ejercicio de su capacidad militar en América Latina, la Casa Blanca decidió reactivar la IV Flota del Ejército en abril del 2008, semanas después, que el presidente del Brasil, Lula Da Silva, anunciara el hallazgo de un gigante manto submarino de petróleo frente al litoral paulista. Ya en 1963 se había creado el Comando Sur, siguiendo los conceptos de la Doctrina Monroe, siendo uno de los nueve comandos dependientes de la Secretaria de Defensa, cuya tarea es planificar y ejecutar operaciones militares en Centro, Sudamérica y el Caribe.

“Sus acciones son ejecutadas en 75 bases militares (o de países de la OTAN, o de la OTAN, pero controladas por Estados Unidos) distribuidas en toda la región”.

En el siglo XXI las bases militares son el dispositivo imprescindible “para conservar la hegemonía imperial”, destaca la escritora Luzzani. Especialmente dirigido a salvaguardar el control económico y político en el continente.

“Y más apremiante aun en tiempos difíciles como la crisis del 2008, periodo en el que el producto interno (PIB) mundial decreció en 1,68 %, el de Estados Unidos se contrajo en 2,78 %”.

Cuadros que dan lugar a visiones “declinacionistas” reconocidas en sus propios documentos oficiales. El motivo aparente para una mayor militarización, sostenido por los propios estrategas norteamericanos, reside en el descenso del poderío de EE. UU. Consideran que las guerras son una condición permanente en los próximos 20 o 30 años, tales diagnósticos promueven el concepto de la “Guerra perpetua”, citado en el informe del 2008 del Pentágono, sede del Departamento de Defensa, que además menciona las “amenazas” del “espacio y el ciberespacio, desastres naturales y pandémicos, y creciente competencia para obtener recursos”. Otro documento elaborado por la Task Force de la Henry M. Jackson School of International Studies para la Casa Blanca, titulado Overview of United States of America’s National Security Strategy 2009, asienta que los EE. UU. está en guerra continua y recomienda “usar la fuerza militar, donde sea efectiva; la diplomacia, cuando lo anterior no sea posible, y el apoyo local y multilateral, cuando sea útil”.

“El descenso económico contrasta al auge registrado por EE. UU en 1950, cuando su producto interno bruto (PIB) equivalía a más del 27 % del producto mundial y posteriormente cayó a 24 % en el 2017”.

Entonces para reflotar de la crisis y alargar su sometimiento, EE. UU, ha intervenido en el mundo y particularmente América Latina, en este tiempo y a lo largo de estos dos últimos siglos.

16/61: 16 Intervenciones en 61 años

Nuevamente bajo el discurso de libertad y democracia en la diplomacia; la mano invisible de la CIA reinicia operaciones injerencistas en el periodo histórico inaugurado después de la Segunda Guerra Mundial:

“16 intervenciones en 61 años de conspiración en América Latina, entre 1948 y el 2009”.

Una de las primeras acciones fue el asesinato del líder liberal colombiano Jorge Eliécer Gaytan en 1948, dando lugar a una protesta popular que fue reprimida con una violenta masacre y desato una guerra civil de 68 años; para una mirada global, incluimos de Asia la intromisión de EE. UU. en el conflicto de Corea, que desencadeno una guerra internacional en 1950 y la amenaza de una guerra nuclear; su rol en Bolivia para llevar al fracaso a la revolución de 1952; tres sucesos en 1954: golpe de estado contra el gobierno democrático de Mosaddeq en Irán, que había nacionalizado su petróleo, perpetrado por la CIA junto al servicio secreto de Inglaterra, el MI6 o SIS; la invasión en Guatemala para derrocar al gobierno democrático de Jacobo Arbenz; se instala en el poder al general Alfredo Stroessner, quien sería uno de sus dictadores favoritos; en 1955 intervienen destituyendo a Juan Domingo Perón en Argentina; intento frustrado de invasión a Playa Girón, Cuba, en 1961; en Brasil derriban al presidente Joao Goulart en 1964; el mismo año en Bolivia implantan la dictadura de Rene Barrientos; la invasión de República Dominicana ejecutada por los Marines y el ejército estadounidense apoyando el golpe de estado contra el gobierno democrático de Juan Bosch en 1965; al mismo tiempo en Asia, se provoca la guerra de Vietnam, cuando la aviación estadounidense bombardea el país asiático y realiza un mayor desembarque de marines en su base aérea de Da Nang, ciudad portuaria de Vietnam, un año antes, el espionaje norteamericano ya había intervenido con un golpe de Estado; la CIA financia y respalda el golpe de estado en Bolivia que implanta la dictadura del general Hugo Banzer en 1971, reiniciando un cruento periodo de once años de tiranía militar de la derecha fascista; golpe de estado del general Pinochet en 1973, contra el presidente Salvador Allende, que fue el primer gobierno socialista elegido democráticamente; el mismo año se implanta una dictadura en Uruguay; una asonada militar en Argentina en 1976. En 1983, EE. UU. ocupa la pequeña isla caribeña de Villa Granada; en 1989 el ejército invade Panamá. Un golpe de estado del ejército hondureño depone al presidente Manuel Zelaya, quien fue elegido democráticamente, EE. UU. admitirá su colaboración en la sedición.

Imperialidad

Retomando el concepto de imperialidad, la idea está conectada con la racialidad y la sexualidad; Arendt fundamento que el racismo ha sido la poderosa ideología de las políticas imperialistas en su obra El origen del Totalitarismo. De modo similar, Foucault esclarece que el racismo es el motivo para quitar la vida, y se desarrolló a la par de la colonización o el genocidio colonizador: es una “precondición indispensable que permite matar a alguien […] una vez que el Estado despliega sus formas de biopoder, el racismo por sí mismo puede justificar el papel asesino del Estado”, enfatiza que “de qué manera se puede justificar la necesidad de matar gente, de matar poblaciones y de matar civilizaciones” y su respuesta es “apelando al racismo”.

“Por causa de esta visión racista, las potencias colonialistas cometieron inhumanos genocidios a las poblaciones de América, por ejemplo Estados Unidos aniquilo a más de 4,5 de las 5 millones de personas originarias indígenas a lo largo del siglo XIX (1800); según Dobyns, la colonización europea de España, Inglaterra, Portugal, Francia y Holanda; elimino a 95,5 de 100 millones de personas indígenas que vivían en el continente hasta mediados del siglo XVII (1600). Darwin sostenía que ciertas razas están condenadas a ser exterminadas”.

En el nexo entre imperialidad y sexualidad, Rattansi afirma que el imperio visto como una familia, está ligado con el machismo patriarcalista, que considera a la mujer como género inferior dentro su país, y a otras naciones como razas inferiores; además ha prevalecido un enfoque feminizado de los originarios indígenas durante la colonización de tal manera que por ejemplo, se pusieron nombres femeninos a regiones colonizadas –Virginia es un ejemplo–. Schueller observa que en su relación con el dominio tecnológico el colonizador percibe al colonizado como un ser afeminado, castrado y despojado de su sexualidad. Un ejemplo son las fotografías de torturas realizadas por soldados estadounidenses a detenidos en la prisión de Abu Ghraib en Irak y el dominio tecno-sexual en combinación a la doctrina militar de dominio rápido, shock y pavor.

Doctrinas en la historia

La doctrina del intervencionismo de EE. UU. se remonta al tiempo mismo de su nacimiento como nación en el siglo XVIII (1700); Hamilton define a su país como “el embrión de un gran imperio” en 1795, él fue uno de los fundadores del nuevo país y el primer secretario del Tesoro, economista, banquero y propietario de esclavos, su retrato aparece en el billete de diez dólares.

El historiador estadounidense La Feber reseña la visión diplomática colonizadora de los presidentes del siglo XIX (1800); “el Imperio continental, por el cual Madison, Jefferson y John Quincy Adams habían soñado, abarca Norte América de mar a mar”. Observa que en 1861, el “nuevo imperio había comenzado a tomar forma. […] la forma de expansión cambió. En lugar de buscar tierras agrícolas, minerales o de pastoreo, los estadounidenses buscaban mercados extranjeros para productos básicos agrícolas o industriales”. Adams había concebido la Doctrina Monroe.

A inicios de este siglo se propago la doctrina del “Destino manifiesto”, basada en la creencia de que Estados Unidos es un país elegido por designio divino para expandir su dominio en todo el hemisferio. Bajo esta lógica en 1845 fue anexada Texas en perjuicio de México.

El Gran Garrote, habla suavemente y lleva un gran garrote; junto al Corolario del presidente T. Roosevelt a principios de 1900, fueron el marco diplomático que sostuvieron sus conquistas en la región y dieron lugar a la ocupación militar de Cuba, Nicaragua, Honduras y Haití.

El presidente William H. Taft en 1912 proyectaba la ambición de someter a todo el continente afirmando: “No está lejano el día en que tres banderas de barras y estrellas señalen en tres sitios equidistantes la extensión de nuestro territorios: una en el polo norte, otra en el canal de Panamá y la tercera en el polo sur. Todo el hemisferio será nuestro, de hecho, como, en virtud de nuestra superioridad racial, ya es nuestro moralmente. […] no excluye en modo alguno una activa intervención para asegurar a nuestras mercancías y a nuestros capitalistas facilidades para las inversiones beneficiosas”.

El objetivo de la política Monroe no consistía en que EE. UU. se interpusiera a favor de un país americano ante una intervención de una potencia europea, sino que la potencia solamente “considerara sus verdaderos intereses. La integridad de otras naciones americanas es puramente accidental”, así lo advirtió el secretario de Estado del presidente Woodrow Wilson en la década de 1920.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la doctrina de Seguridad Nacional y la política Truman ponen la mira en el fantasma del comunismo, considerándolo como la mayor amenaza de la potencia norteamericana y la civilización occidental; pero dentro de esta categoría y también bajo el concepto del enemigo interno se incluyen a activistas de organizaciones sociales, sindicatos de trabajadores, sectores populares, intelectuales, artistas, religiosos y activistas que defienden los derechos humanos y sociales.

Se inicia esta estrategia con la ley de Seguridad Nacional de 1947, que establece la creación de la CIA (Agencia Central de Inteligencia ) y el Consejo de Seguridad Nacional, con el fin de obtener información para el análisis y aplicación de geopolíticas de control a través de operaciones encubiertas e intervenciones a escala planetaria. Dichas políticas utilizan conceptos de la Teoría de Juegos y Teorías Neo-institucionalistas. Estas entidades darán inicio a una nueva fase de intervenciones en América Latina.

Documentos clasificados sugerían recurrir a métodos violentos y “prescindir de todo tipo de sentimentalismos y utopías […] Debemos dejar de hablar de objetivos vagos e irreales como los derechos humanos, el aumento de la calidad de vida, y la democratización”. Así rezaba el Estudio sobre Planificación Política nº 23 de 1948, redactado por Kennan, analista del Departamento de Estado.

Kennan enseñaba como operar ante los enemigos en los países en los que tenían injerencia, y recomendaba en no “vacilar ante la represión que ejerza un gobierno local. […] es mejor tener un régimen fuerte en el poder que un gobierno liberal que sea indulgente y blando e infiltrado por los comunistas”.

En la concepción geopolítica de 1949, el tercer mundo, entre ellos América Latina “quedaría destinado a suministrar materias primas y a servir como mercado” a las corporaciones norteamericanas, tal como precisaba un Memorándum secreto del Departamento de Estado.

La Doctrina Monroe y el Destino Manifiesto fueron ampliados durante el siglo XX por los filósofos y politólogos Leo Strauss, Bloom, Kojéve, Fukuyama, Paul Wolfowitz y Albert Wohlstetter; y de ese modo dieron un sustento teórico a la actual política exterior.

La Guerra Perpetua y Guerra Preventiva fueron conceptos inspirados por las ideas de Strauss y Wolfowitz, quien fue el principal ideólogo del think tank Proyecto para un nuevo siglo de EE. UU., organismo que en su declaración inicial busca “concentrar los esfuerzos para el liderazgo global estadounidense” y en su documento Reconstruyendo las defensas de América del año 2000, indica que en “la actualidad, los Estados Unidos no enfrentan rival alguno a nivel global. La gran estrategia principal de América debería tener como objetivo la preservación de esta posición ventajosa y extenderla, lo más lejano posible, hacia el futuro… […] asegurar y expandir las zonas de paz democrática, […] preservar la preeminencia Americana a través de la venidera transformación de la guerra, posibilitada por nuevas tecnologías”. Unos años después se despliega la invasión a Irak.

El ideal político de Strauss, según su interpretación de Platón y Jenofonte, señala que el gobierno debe estar constituido por “sabios”, los que deben recurrir a la mentira para gobernar al vulgo (que es la mayoría, el pueblo, a su entender). Explica que “el gobierno encubierto de los sabios”, es facilitado por “la abrumadora estupidez” de los gentiles, los cuales “mientras más crédulos, simples y poco perceptivos sean, más fácil será para los sabios controlarlos y manipularlos”.

Shock y libre mercado

Trump se reunió en mayo del 2017 con Henry Kissinger, controvertido asesor en política internacional y cerebro de la Operación Cóndor, plan secreto que instauro dictaduras militares de corte fascista en América Latina durante los años de 1970 y 1980; dirigidas a la represión, desaparición y exterminio de decenas de miles ciudadanos: activistas y líderes sociales, artistas, intelectuales, religiosos, trabajadores, campesinos indígenas, mujeres y estudiantes, quienes fueron víctimas de graves transgresiones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad; perpetrados en Bolivia, Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay.

“El periodo de dictaduras en Bolivia entre 1964 y 1981 dejaron 1711 muertos, 1833 heridos, 441 desaparecidos, 20201 detenidos, 440 torturados, 19532 exiliados, 1820 confinados y 148 deportados; según las investigaciones de Federico Aguiló de la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos, el Capítulo Boliviano de Derechos Humanos y la ASOFAMD”.

La mayoría de estos regímenes tuvieron una raíz ideológica fascista, tal es el caso de la dictadura de Banzer; Aguiló considera que esta doctrina estaba “subyacente en el slogan Orden Paz y Trabajo”. Sin embargo hubo breves periodos de gobiernos cuya base ideológica era distinta y contrapuesta. El gobierno de Juan José Torres, según Zavaleta, representaba a una corriente nacionalista y tenía amplio apoyo popular, principalmente de la Central Obrera Boliviana (COB) que defendía un proyecto socialista en 1970.

En este contexto, se aplica una estrategia de terror que produce la conmoción e indefensión de la población civil. En la actualidad y en el ámbito mundial, similares efectos de miedo, han sido inoculados por los sucesos del 11 de septiembre en EE.UU., las guerras de Afganistán, Irak y medio oriente; desastres naturales como el Katrina, Tsunami, Harvey y María; los que son antesala para la implantación de políticas neoliberales y regímenes autoritarios. Se trata de la “terapia de shock” económico ideada por Milton Friedman. “Solo una crisis –real o percibida– produce un cambio real”, arguyo en su libro Capitalismo y libertad. Aquella fue implementada a lo largo del mundo y en Bolivia en el periodo de 1985 al 2005, a través de una política económica basada en el “triunvirato neoliberal”:

1) La privatización de las empresas públicas, en especial las de sectores estratégicos de los recursos naturales (hidrocarburos, minería, energía, etc.) y servicios públicos (salud, educación, agua); 2) la desregulación y liberalización del mercado de bienes, trabajo y capital; 3) recortes del gasto público (salud, educación, etc.).

Las medidas de este plan originadas en el “Consenso de Washington”, son el armazón de las directrices del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM); entidades dependientes ideológicamente de la Escuela de Chicago, cuyo principal exponente fue el economista Milton Friedman, teórico del monetarismo, discípulo de Friedrich Hayek y Ludwig von Mises, que a la par del filósofo Popper, se agruparon en la sociedad de Mont Pelerin en 1947, todos vehementes partidarios de una forma de “libre mercado” exenta de regulaciones del estado y la sociedad civil. Su esencia de un modelo ficticio fue constatada cuando ingreso en una gran depresión mundial en 1929, marcando el “El fin del laissez faire (dejar hacer)”, título del visionario libro de John Maynard Keynes escrito en 1926. Y para la salvación del crack financiero fue necesaria la presencia del Estado junto a medidas regulatorias del mercado.

Pero fue Carlos Marx con su obra de El capital de 1867, que acertó en el pronóstico y análisis de la crisis del sistema capitalista un siglo anterior; tal como lo haría hoy un hacker o ciber-activista cuando descubre un misterio informático y decodifica sus secretos.

Multi-polaridad e imperialismo

Narramos la génesis doctrinal del liberalismo capitalista de esta época, cuyos pilares sostienen una construcción histórica dominante, entendida como el “imperialismo”, un sistema de control económico, político, militar y de los medios de comunicación extendido al internet; regido por unas potencias hacia otros países, las primeras como metrópolis situadas en el centro, y los segundos como colonias en la periferia del capitalismo global.

“El Imperialismo esta signado por la concentración y preponderancia del capital financiero sobre el industrial, los cuales tienen un carácter monopólico que han sustituido a la libre competencia. Conformada por cinco monopolios u oligopolios: el control de mercados financieros mundiales, el oligopolio de los recursos naturales, la tecnología, medios de comunicación y armas masivas; un modelo sin democracia económica ni plena democracia política, que excluye a las mayorías en cada sociedad”.

La hegemonía de gravitación en el mundo, con su centro de rotación y liderazgo político unipolar a la cabeza de EEUU y seguido por Europa, se encuentra en declive y ha pasado a ser multipolar; no solo en el nivel político, sino que se traslapa a otras dimensiones y su alcance es global, estamos ante una crisis total del sistema capitalista. La depresión financiera del 2008 es solo una faceta más de esta totalidad que está constituida por una crisis económica, crisis financiera, crisis ecológica-ambiental, crisis alimentaria, crisis energética, también ética, social, ideológica y cultural. Estamos ante una crisis de toda la civilización y la humanidad.

Se configura un mundo multi-polar en el que se afianza la presencia de China, Rusia, India, Brasil y Sudáfrica; los BRICS, bloque económico-comercial de potencial crecimiento y desarrollo. Además del protagonismo político de China y Rusia.

Tal reordenamiento mundial se visibilizó a mediados de la década del 2000, y varios cuadros dan cuenta de este panorama: “i) una nueva distribución geográfica de los flujos comerciales donde los lazos norte-sur son reemplazados por lazos este-sur; ii) las instituciones multilaterales que guiaron la globalización neoliberal en la década del noventa han dado paso a un “no consenso Post-Washington” dominado por fuertes presiones por cambios desde el Sur global; iii) el desgaste del modelo hegemónico unilateral de EE. UU. da lugar a una creciente multipolaridad”. Pero después de una década se ha modificado el vaivén de la situación política con una nueva ofensiva restauradora del consenso de Washington.

David contra Goliat es la alegoría de Corea del Norte frente a Estados Unidos, y muestra la disparidad de un conflicto político que expone al mundo a una guerra nuclear, sus actores describen esta recomposición en la arena política internacional.

Simultáneos a la crisis política ocurren desastres naturales, consecuencia de las crisis climática-ecológica; sucedidos en una misma región y en un mismo lapso de meses, entre agosto y octubre del 2017; los huracanes Harvey, Irma y María afectaron a Puerto Rico, Haití, República Dominicana, Cuba, Estados Unidos y a los países situados cerca al mar caribe; terremotos en México y al otro lado del globo, paso primero un tsunami y sismo en Filipinas, así como otros fenómenos similares van ocurriendo en diferentes partes del planeta.

La coyuntura mundial de hoy estriba en un punto de inflexión que marca la transición en su curvatura ondulatoria descendiente en los ciclos de la historia presente. Hechos abordados en la reflexión de Samir Amin, en su libro La crisis: Salir de la crisis del capitalismo o salir del capitalismo en crisis, y en la de Atilio Borón, quien esclarece la discordancia en el libro Mercado contra democracia en el capitalismo de fin de siglo.

Volviendo a Kissinger, A. Borón citó a Gore Vidal, el escritor estadounidense que perfiló al diplomático como el “mayor criminal de guerra que anda suelto por el mundo”, cuyo mérito al premio nobel de la paz fue cuestionado por notables defensores y organizaciones de derechos humanos, entre ellos, los jueces Baltazar Garzón y Roger Le Loire de la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH).

Bolivia

En los abundantes documentos revelados por Wikileaks, cuyo portavoz es Julian Assange, salen a la luz los intentos de presión injerencista del embajador estadounidense, David Greenle, en la política económica de Bolivia.

En una inicial reunión entre el presidente Evo Morales y Greenle, el diplomático norteamericano “le mostró la crucial importancia de las contribuciones de Estados Unidos a las financieras internacionales claves de las que dependía Bolivia como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el BM y el FMI”. Advirtió que “cuando piense en el BID, debe pensar en Estados Unidos”. Y en el colmo de la soberbia dijo “Esto no es chantaje, es la simple realidad”.

Ciclos

La historia de Bolivia gira alrededor de los ejes que resisten una espiral de intervenciones foráneas del hemisferio norte. De la historia larga a la historia corta, del ayer al presente, nos dan sus enseñanzas desarrolladas en tres momentos de intervención colonialista con su centro de poder en: España primero, después Inglaterra y posteriormente Estados Unidos.

En el itinerario histórico, la intervención inmediata, comprende dos siglos de dominación de culturas anglosajonas implantadas con una villanía brutal y refinada; de Estados Unidos en el siglo XX (1900) y de Inglaterra durante el siglo XIX (1800), precedidas por tres siglos de un influjo despiadado de la cultura hispánica, la de España entre el siglo XV (1400), hasta finales del siglo XVIII (1800) e inicios del siglo XIX (1900).

En 1781 brota una genuina rebelión por la liberación conducida en su plenitud por indígenas liderados por Túpac Katari y Túpac Amaru; esta ola emancipadora procuraba cristalizarse en territorios en los que hoy es Bolivia y Perú; posteriormente, en 1809 se inician las sublevaciones que conseguirán una aparente independencia de nuestro país, dirigidos por criollos y respaldados por tropas de combatientes indígenas.

Exclusión y Mar

Bolivia nació en una soledad involuntaria en 1825, recientemente aislada de la economía y del sistema mundial, cuando Inglaterra ya tenía la hegemonía en el mundo, y su gravitación en el país reemplazo al antiguo colonialismo español. La economía de la plata se encontraba en crisis y ahora tomaba mayor importancia la actividad comercial en los puertos marinos, entre ellos los del mar pacífico, a causa de la expansión del comercio inglés.

Aquel encierro producto de una “política de clausura” externa, se completó cuando fue privada de un acceso soberano al mar por una guerra injusta provocada por Chile en 1878, bajo el pretexto de no pagar el impuesto de 10 centavos por quintal de salitre exportado, solicitada por Bolivia a la empresa Inglesa-Chilena, Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta.

En esta fase, la dominación neo-colonialista determina la exclusión y encierro, que corresponde al segundo momento de intervención configurada por una “política de clausura” externa, concepto dilucidado en la narrativa histórica del sociólogo Rene Zavaleta. Más tarde entre 1922, el país fue re-integrado al mercado mundial a través de la economía del estaño en condiciones de dependencia.

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Luis Fernando Gonzales Guardia

Egresado de Economía de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS) y de un Diplomado en Finanzas (UMSS), periodista de medios de comunicación alternativos. Publicaciones en los medios: Rebelión, América Latina en Movimiento (Alainet), La Epoca, Kaos en la Red, Indymedia, La Haine y el blog Simple y Herético. Activista de organizaciones sociales. Representante de Junta de Vecinos y activista de Redes Sociales.


Nota: