El caso de una villa en Buenos Aires:

Reducción estatal, violencias, fronteras espaciales urbanas

Lucia Moreno Juste
Publicado en junio 2019 en La Migraña 31
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La globalización, el desarrollismo, la disminución del papel del Estado, la llegada del neoliberalismo, el proceso de desproletarización, los procesos migratorios, la ineficiencia de algunas políticas sociales y la llamada “acumulación por desposesión” (Harvey, 2005)1El geógrafo David Harvey define ‘acumulación por desposesión’ al proceso que se desarrolla durante la implantación del sistema neoliberal en el que destaca el papel de la financiarización y privatización. han tenido un impacto clave en el aumento de la desigualdad social en las sociedades latinoamericanas e internacionales.

Estas diferencias sociales se han configurado una serie de fronteras espaciales y áreas de relegación urbana (Wacquant, 1997, 2001; Auyero, 2001; Grimson y Segura: 2016) en el ámbito regional –las villas miseria en el caso de Argentina, favelas en Brasil, cantegriles en Uruguay, campamentos en Chile– y en el ámbito internacional –ghettos en Estados Unidos y en la ciudad de París banlieue–.

Al incremento de la desigualdad social y la reconfiguración de nuevas fronteras espaciales le sigue la sensación de inseguridad. En América Latina, una encuesta del Latinobarómetro (2016) señalaba que el 52 % de los ciudadanos latinoamericanos están dispuestos a sacrificar libertades civiles para tener más orden; además, destaca que casi tres de cada cinco ciudadanos (61 %) declaran que ‘una mano dura no viene mal’ (Bachelet, s/f).

La configuración de nuevos barrios han supuesto el resurgimiento de viejas divisiones en la ciudad que moldean el imaginario social y la forma de pensar, vivir e imaginar la ciudad (Grimson y Segura, 2016), señalando determinadas áreas como lugares peligrosos y marginales en los que se entremezcla el miedo, la delincuencia, el tráfico de drogas y armas; en ocasiones, relacionándolo con el crecimiento migratorio.

En el caso argentino, estos espacios segregados además de por criterios socioeconómicos también están influidos por la raza y el género (Segura y Caggiano, 2014), es una constitución espacial de la diferencia (Bernand, 2004 en Grimson y Segura, 2016).

La ensayista argentina Beatriz Sarlo denomina a ‘la villa como una especie de monstruosidad destinada a permanecer, ya que es de material y está allí para quedarse’ (Sarlo, 2009:73 en Gago, 2014:230).

Breve aproximación a la Villa 31,
Buenos Aires (Argentina)

Para comprender la villa hay que situarla en el juego de relaciones entre Estado, clases y espacio (Wacquant, 2001 citado en Auyero, 2001:25). La Villa 31 está situada en el centro de la ciudad entre el barrio de Retiro y de Recoleta. Recoleta es uno de los barrios residenciales, políticos, económicos más importantes y en Retiro se encuentran las empresas más importantes; la accesibilidad a otros puntos de la ciudad y del país hace de su situación espacial un punto estratégico.

El barrio de la 31 fue una de las primeras villas en crearse en el país, y en la actualidad, es considerada una de las villas de emergencia más grandes y de las menos peligrosas. La población que allí reside es clase obrera que trabaja generalmente en el mundo de la construcción, servicio doméstico, cirujeo, cartoneo.

La villa surge en los años 30 como consecuencias de las migraciones nacionales de provincias del interior y de países limítrofes– Bolivia, Paraguay, Perú– e internacionales como Italia y España que llegaban por el crecimiento de puestos de trabajos debido al modelo de sustitución de importaciones.

Tras la crisis del 2001, hubo un incremento de población en la Villa 31 durante el año 2016 de un 116 % respecto al 2001 (Estadística y Censos, 2016: 22); se estima una población de más 40 000 personas (El País, 2016), un 53 % de la población es extranjera con un 48 % de población paraguaya, 28 % boliviana y un 20 % peruana (La Nación, 2016).

Hoy en día, la “31” se encuentra en vías de urbanización, un proceso que causa conflicto fuera de la villa y dentro de la villa.

ZUNDSTANDREDUKTION2Reducción del Estado escrito en alemán (Elias, 1994 citado en Wacquant, 1997:340).: reducción del papel del Estado en Argentina

Diversos estudios ven una correlación entre el incremento de la desigualdad social y el delito, no es solamente algo particular de Argentina, sino que también se extiende a otros países de la región latinoamericana (Kessler, 2012). En las décadas recientes, con la llegada del neoliberalismo se da una reducción en las políticas sociales y estatales que influyen en la expansión del delito debido a una falta de trabajo y lazos comunitarios (Latour, 2007 citado en Kessler, 2012:39). Estos cambios sociopolíticos dieron un cambio en la pobreza y en su relación con las ciudades y el modo de vivir en ellas.

A partir de los años del neoliberalismo y sobre todo la crisis del 2001, pasó a haber un colapso en las instituciones públicas estatales debido al abandono y a las continuas privatizaciones que se llevaron a cabo en el país remarcando una dualización urbana, materializándose en un aumento considerable en la población residente y población migrante en situación irregular en las villas miseria.

En el período del inicio de políticas neoliberales, el estado argentino abandonó su rol estatal de protector y promotor del desarrollo para dar paso a la liberalización de la economía y a la privatización de las empresas públicas (Colombo, Rodríguez, Zagaglia, 2015). Este proceso de desinversión social por parte del estado configuró tres etapas –citado por Loïc Wacquant en 1997 en ‘Elias in the dark ghetto’–, en el que se produce: primero, un debilitamiento de las organizaciones que se dan en las villas; segundo, una depacificación de la vida cotidiana con el incremento del miedo y la violencia; tercero, informalización de la economía.

En el 2001- 2002, plena crisis económica argentina, aparece en las villas la pasta base, popularmente llamada ‘paco’. El mercado de las drogas empieza a ser una salida rápida para sortear las dificultades de la vida cotidiana y la falta de empleo.

De ese desorden al que se asocia estas áreas de relegación urbana se da un proceso de aumento de la seguridad policial, con un incremento de las detenciones y abusos hacia las personas que allí viven o que se vinculan a la vestimenta asociado a un ‘conjunto de sentidos sociales y espaciales’ (Segura, 2005:42); configurando una persistencia territorial del estigma (Wacquant, 2007 en Grimson y Segura, 2016:40).

Otro de los puntos que se remarca en “Elias in the dark ghetto” (1997) es sobre la inseguridad dentro de las áreas de relegación urbana cuando hay una mayor presencia policial –cuando el Leviatán hace su aparición es cuando surgen determinados problemas o enfrentamientos –.

La reducción del papel estatal refleja en las personas que viven en las villas que el estado no es un garante de algo, al igual que la ley y la policía (Kessler, 2012:48). El aumento del desempleo, la desproletarización y el desdibujamiento del trabajo estable y la sustitución de lo estable a hacer changas3Hacer changas: hacer trabajos temporales de corto plazo., la movilidad lateral entre el oficio legal e ilegal (Kessler, 2012:46) moldea a los habitantes y la vida cotidiana con una perspectiva más a corto plazo que a largo.

La violencia y la construcción social del miedo

En la publicación El proceso de civilización (1994), Norbert Elias, explica cómo el proceso de la modernización consistió en la supresión de la violencia en la vida social-cotidiana y su ubicación bajo el poder del estado. Hay ciertas áreas urbanas o estatales en las que la presencia del estado es intermitente, selectiva y contradictoria (Auyero, 2013:95), no es sólo el caso de las villas miseria4A diferencia de las favelas brasileñas, las villas no se ven a simple vista produciendo en el mapa de la ciudad un sombreado social (Grimson y Segura, 2016: 29); también, pueden ser lugares fronterizos o espacios territoriales donde la soberanía del estado se encuentra en disputa, –como es el caso del territorio mapuche en Chile y Argentina–.

Esta aparición intermitente, selectiva y contradictoria del estado se materializa en incrementos de violencia y vulnerabilidad en determinados espacios de la vida colectiva-cotidiana. Las leyes punitivas del estado nacional reproducen la idea de sujetos matables (Misse, 2010) persistiendo en la idea de que hay cuerpos que importan más que otros (Butler, 2002), no solo a las personas que están en los márgenes del estado, sino también son las mujeres, migrantes, pobres pertenecientes a grupos de minorías sexuales.

La reducción del Estado da una cierta sensación de abandono en determinadas sociedades produciendo un creciente sufrimiento social y vulnerabilidad (Bourdieu, 1993) que incide también en el rechazo social hacia los migrantes que ahí viven. En esa idea de exclusión simbólica, se recuerda a la dicotomía clásica de Domingo Faustino Sarmiento de ‘civilización o barbarie’ (1845) que marca un ‘nosotros’ y ‘ellos’ en la sociedad argentina. Una de las frases recurrentes por personas que viven alejadas del entorno de las villas declaran que “no son negros de piel, son negros de alma”, (re)produciendo una alteridad determinada sobre aquellas sujetos que se relacionan con un determinado espacio social.

Muchos de los numerosos actos de violencia que se encuentra en la vida cotidiana devienen de la violencia estructural; en las ciudades capitalistas, –como Buenos Aires– se intercambian a partes iguales la opulencia, indigencia, abundancia y miseria (Sassen, 1991 citado en Auyero, 2001: 13), se encuentran los shoppings más caros, los restaurantes de lujo más importantes de la ciudad, las empresas más importantes del país y de la región.

Al igual que la violencia estatal, con las persecuciones mediáticas hacia la población migrante y políticas penales hacia las personas que se relacionan y viven en esos territorios; también, se dan mayores niveles de violencia interpersonal.

En resumen, las tres violencias a las que están sometidos las personas que viven en las villas (Auyero, 2001) ejemplificadas en: estatal, son marginados y muchas veces excluidos de las escuelas, de la protección policial, ambulancias, atención en los hospitales y centros médicos, irregularidades a la hora de encontrar un trabajo o los papeles a la población migrante; dos, violencia interpersonal, los problemas en la villa y el maltrato hacia la mujer son constantes; tres, violencia estructural, el desempleo y el poco acceso a encontrar trabajo. Por consiguiente, se podría añadir la violencia simbólica que trataba Bourdieu, aquella que es naturalizada y que no se percibe como tal5Ejemplos extraídos de una entrevista a una mujer residente en la Villa 31 en el año 2015..

Fronteras espaciales-simbólicas y los cambios en la forma de imaginar la ciudad de Buenos Aires

Hablar de suburbios problemáticos –en nuestro caso de las villas argentinas y, en concreto, la “31” evoca automáticamente a fantasmas alimentados por experiencias emocionales suscitadas por imágenes o noticias rocambolescas que proporciona los grandes medios de comunicación (Bourdieu, 2010).

El espacio social de la villa está definido como una “exclusión mutua de las posiciones que lo constituyen como una yuxtaposición de posiciones sociales” (Bourdieu, 2010:119). Todo espacio físico está jerarquizado y expresa una serie de diferencias sociales que en muchas ocasiones se ven naturalizadas.

Los medios de comunicación reproducen una deslegitimación al modo de vida y a las relaciones sociales que allí se desenvuelven; se da de una invisibilización de personas cotidianas con vidas cotidianas a las que la globalización y el neoliberalismo hacen de sus vidas “pequeñas miserias” de supervivencia (citado Bourdieu 1993 en Pérez, 2006: 93). Además, se criminaliza a la población migrante, ya que se asocia a los residentes de la villa miseria como migrantes ‘bolitas’ o ‘paraguas’ –forma discriminatoria de llamar a los migrantes bolivianos y paraguayos–.

Bajo esta concepción Ramiro Segura en su etnografía “Segregación residencial, fronteras urbanas y movilidad territorial” (2006) objeta que hay fronteras espaciales y esta moldea la vida social de las personas. Las metáforas urbanas son entorno a tres ejes: espacial, temporal y geográfico.

  1. El eje espacial contiene tres pares de oposiciones: adentro-afuera; delante-detrás; arriba-abajo.

El adentro y el afuera reconoce los límites del barrio en los que se constituye la frontera, “hay que salir a trabajar, ya que en la villa si no tienes un comercio tienes que salir a buscar”6Merklen definía la ‘lógica del cazador “grupos e individuos se mueven como cazadores que recorren la ciudad y las instituciones en busca de una oportunidad” (Merklen 2000: 82 citado en Segura, 2006:19)..

La oposición delante-detrás hace referencia a que en la Villa 31 tiene su parte más cercana a la estación de trenes y ómnibus de Retiro que tiene unas construcciones de ladrillos (ahora el gobierno de la ciudad les ha proporcionado pintura y están pintadas de colores). Sin embargo, los edificios que están más adentro de la villa, sobre todo las que están a escasos metros de las vías de trenes activos son de peores calidades y son de materiales más precarios, chapas, cartón, etc… Por lo tanto, hay una división espacial del “delante” como mejores condiciones y el “detrás” con peores condiciones de salubridad y de construcción.

El tercer par corresponde a la oposición arriba-abajo en la que se explica el nexo entre el barrio y entorno (primer par de oposiciones) y las relaciones diferentes dentro del barrio (segundo nexo).

2. Segundo eje: el temporal, ahora-antes.

Las continuas referencias en las conversaciones de qué “antes no había tanta delincuencia”, “los jóvenes de antes no se drogaban como los de ahora”.

3. El último eje de metáfora urbana: eje geográfico (aquí-allá).

Daniela –residente de la 31– es peruana, toda su familia se encuentra en el Perú, por lo tanto, la referencia hacia su familia y su país natal es constante, tiene esa nostalgia de lo que dejó, aunque también remarca lo bueno que consiguió estar “aquí”.

La dimensión de la raza, clase, etnicidad, articulan la forma de imaginar la ciudad y de vivirla, señalando determinados espacios como peligrosos y sombreando determinados espacios en la imaginación política de la ciudad (Grimson y Segura, 2016).

En torno a las villas se construye una moralidad y se asocian a un conjunto de conductas morales hacia las personas que allí viven, dicotomizándolos en bueno/malo, ciudad/ villa, vecino/villero, nacional/migrante. La villa está vista como ‘un afuera radical’ del resto de la ciudad (Gago, 2014: 232), “la villa es dónde viven los salvajes”7Escuchado en una conversación en la visita a Buenos Aires en el 2015, cuando pregunté a mi interlocutor, ¿qué es una villa miseria?.

Conclusiones

En el espacio físico urbano se materializan unas divisiones que están construidas socialmente e históricamente; esta división se materializa creando una identidad de un “Nosotros” y un “Ellos” definidos como lo otro demonizado, marginalizado y extranjerizado.

La transformación de la modernidad y la reubicación de la violencia bajo el poder estatal junto a las reducciones del papel del Estado –debido a políticas neoliberales– hicieron que se diese un aumento en la desprotección social consolidando una desigualdad social materializada en el espacio urbano.

Estas fronteras espaciales están cargadas de significantes simbólicos y sociales que consolidan una persistencia territorial del estigma y marginalizan a una parte de la población. Aludiendo así a la vieja concepción de “civilización y barbarie”, categorizando el término “bárbaros”, “negros”, “migrantes” a los que viven de forma diferente al mandato hegemónico que otorga la categoría de bueno–malo, vecino–no vecino, villero–no villero, argentino–extranjero.

Como explicaba Loïc Wacquant (2001), hay que analizar la diferencia como una diferencia de ‘mundo vividos’ y no de sistemas (Wacquant, 2001:39). La vida en las villas miseria es colectiva y los contratos son personales haciendo la presencia de la violencia más implícita, a diferencia, de la vida individualista e institucional del “afuera”.

En los últimos años, han surgido espacios de autorrepresentación en los que se reivindica la figura de los villeros desde y en las villas. Estos espacios quieren romper con la desigualdad social y reivindicar la figura de la villa. Nacho Levy, militante y periodista del colectivo “Garganta poderosa8Revista argentina de cultura villera perteneciente a la organización social ‘La poderosa’, un medio comunitario en el que se promueve la transformación de los barrios para crear una sociedad más justa e igualitaria.” reivindicaba en el encuentro de Congreso Latinoamericano de Ciencias Sociales (2018) que “hay que romper el aislamiento porque el terror se basa en la comunicación” para así romper las barreras simbólicas de exclusión y marginalización del espacio social.

A principios del 2017, la ministra de seguridad argentina, Patricia Bullrich señaló, a través de apreciaciones subjetivas, a los ciudadanos paraguayos y bolivianos como aquellos que han aumentado el narcotráfico en el país (Perfil, 2017), señalando de manera indirecta a las villas miseria como el foco de las drogas, el miedo y la delincuencia. Estas declaraciones aíslan a las villas miseria e incrementan las barreras simbólicas de exclusión, marginalización y discriminación a la población migrante residente en las villas miseria y fuera de estas.

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Lucia Moreno Juste

Nacida en Huesca (España). Graduada en Ciencias Políticas y Gestión Pública por la Universidad Autónoma de Barcelona con estadía en la Universidad Nacional de San Martín (Argentina). Realizó el trabajo final de grado sobre La Cooperación Sur–Sur como una herramienta de integración regional. El caso de UNASUR.

Actualmente, realiza un Máster Internacional en Estudios Contemporáneos de América Latina en la Universidad Complutense de Madrid con estadía en la Universidad de la República (Uruguay).


Nota: