A propósito de un Conversatorio

René Zavaleta según Elvira Concheiro

Bianca De Marchi Moyano
Publicado en febrero 2018 en La Migraña 25
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El Centro de Investigaciones Sociales (CIS), desde el 2014, impulsa el análisis, sistemático y crítico, sobre las tendencias, acciones y los enfoques políticos e ideológicos que participaron en la historia boliviana. En ese marco, una parte de los textos publicados por el CIS estudian diversas experiencias reivindicativas de Bolivia, tal es el caso de los libros La historia de las izquierdas bolivianas. Archivos y documentos (1920-1940); La palabra ‘socialismo’ en Bolivia, siglo XIX; ELN: documentos y escritos 1966-1990; y Los partidos de izquierda ante la cuestión indígena 1920-1977. Este año, ese esfuerzo de escritura y lectura de la historia boliviana, alimenta y complementa las actividades de conmemoración del centenario de la Revolución Rusa y de los 50 años de la guerrilla de Ñancahuazú. Así, se impulsa la reflexión sobre las izquierdas bolivianas, su impacto crítico y conflictivo, y sus debates en la política contemporánea.

En ese marco, el 25 de octubre se propuso un conversatorio en el CIS, cuya protagonista central fue María Elvira Concheiro Borquez, docente e investigadora mexicana del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). A partir de su experiencia académica y personal junto a René Zavaleta Mercado, se planteó conversar sobre los abordajes zavaletianos de la obra de Marx (particularmente de El Capital) desarrollados a mediados de la década de 1970 en la UNAM. En esta reseña se retoman tres aspectos sobresalientes de ese intercambio. El primero se refiere al contexto mexicano en el que Concheiro conoció a Zavaleta, el segundo revisa algunas pistas sobre la interpretación de los aportes marxistas en la perspectiva de ese intelectual boliviano y, finalmente, el tercer subtítulo retoma la dimensión crítica que atravesó al conversatorio.

Cabe señalar que el evento se muestra como una experiencia que el CIS espera profundizar: aquélla del debate académico interpelador, que favorezca la proximidad del intercambio, plural y abierto, sin perder un anclaje sólido en las ciencias sociales y en su desarrollo. Ese tipo de actividades se articulan al proyecto CIS Académico, cuyo lanzamiento oficial se prevé en noviembre 2017. Esta reseña –entonces— espera convocar la curiosidad de los lectores e invitarlos a alimentar este nuevo espacio de formación y difusión.

Un laboratorio de discusión social

En la década de 1970 del siglo XX y en parte de los países latinoamericanos, se tuvo como constantes dos procesos políticos: por un lado, la imposición de gobiernos militarse represivos y relacionados con la acción estadounidense de combate al comunismo; y, por otro, el desarrollo y surgimiento de grupos de resistencia de militancia de izquierda, más o menos vinculados a la producción intelectual y a la acción armada. La consecuencia de esos procesos, en gran medida tensa y destructiva, fue el exilio de centenares de militantes e intelectuales fuera de sus países y hacia diferentes lugares del continente y del mundo dispuestos a acoger a los perseguidos políticos.

Uno de los países que tuvo la capacidad de cobijar a parte importante de esa población exiliada fue México. Para el caso de los bolivianos, un registro de la forma en que militantes e intelectuales vivieron esa experiencia es propuesto por Eusebio Andujar de Jesús1, en su artículo El exilio boliviano en México: intelectuales y redes sociales. El texto pone en evidencia varios elementos también señalados por Concheiro en el conversatorio del CIS: la existencia de un ambiente universitario y militante, ávido de una discusión de izquierda y particularmente fomentado en la UNAM, donde el mismo rector, Pablo González Casanova, estaba comprometido con la recepción de los académicos latinoamericanos perseguidos en sus países. Sin embargo, el grupo de bolivianos en México se caracterizaba por una heterogeneidad particular; era un colectivo compuesto más por activistas que por académicos y cohesionado pese a los diferentes tipos de militancia, extracción social y cultural, donde todos compartían la nostalgia y el compromiso con su país.

Ahora bien, en el campo específico universitario, el ambiente estaba articulado a intelectuales cuyo nombre es esencial en la discusión del marxismo latinoamericano hoy en día: José Aricó, Bolívar Echeverría y René Zavaleta, entre los principales. Efectivamente, se trató de un ecosistema virtuoso, “una ‘caja de resonancia’ y un ‘laboratorio teórico’ para la observación, estudio y discusión de procesos en marcha en sociedades latinoamericanas, la publicación de textos vinculados con la cultura marxista y la reflexión y renovación teórica”2.

En ese contexto, Zavaleta llega el año 1973 a México desde el Chile, donde estuvo exiliado escapando de la Bolivia banzerista, entre 1971 y hasta el derrocamiento de Allende. Es recibido en la UNAM, donde se hizo cargo de un seminario de lectura de El Capital. Precisamente en ese ambiente de seminario, María Elvira Concheiro conoció a Zavaleta. Como ella señaló en su texto René Zavaleta: una mirada comprometida , el marxista boliviano fue un “maestro en el sentido más profundo. Sabía inocular preguntas e inquietudes, lograba despertar la imaginación y la búsqueda infatigable del saber”. De hecho, a decir de Concheiro, la gente que conversaba con él normalmente lo hacía con una libreta en la mano, para tomar apuntes de sus propuestas. Algunas de esas notas retenidas en la memoria son las que ella compartió en el conversatorio en el CIS.

Leyendo el capital:
Marx palabra a palabra

La investigadora mexicana señaló la importancia de tomar en cuenta el contexto del marxismo de su país previo a las discusiones promovidas en el contexto del exilio latinoamericano. Efectivamente, Concheiro dio cuenta de un entorno dominado por una ortodoxia poco receptiva al debate, a partir de los movimientos agrarista y obrero de la izquierda tradicional mexicana. En ese marco, el colectivo universitario era un medio particularmente receptivo a interpretaciones menos rígidas, ya que buscaba referentes que le permitieran renovar su interpretación y su acompañamiento de las luchas sociales.

Zavaleta propuso precisamente eso: una lectura rigurosa de El Capital, que no se circunscribía a una lógica tradicional, pero tampoco dejaba de lado su minuciosidad. Según Concheiro, se trató de un estudio “palabra por palabra” pero con un objetivo alejado de la repetición. Era una “descompresión” de los términos, cuya meta se centraba en producir otras categorías, desde el método de cuestionamiento constante, para avanzar en un entramado teórico adaptado y particular.

Así, las interpretaciones marxistas de Zavaleta se alimentaban de otros textos puestos en discusión a partir de la obra de Marx, para ejercitar su contraste y tensionamiento. Pasar por la lectura de Lenin (discutido con los leninistas), Lukács o Gramsci, era parte de este seminario sobre El Capital. Como también subrayó Farit Rojas, comentarista del conversatorio (y director del CIS), ese ejercicio identificaba al profesor boliviano en un campo de debate fértil, donde varias tendencias de marxismo buscaban recuperar matrices de interpretación y adecuarlas para comprender a los países latinoamericanos. Por ejemplo, sus construcciones teóricas se distanciaron particularmente de las althuserianas y de aquéllas propuestas por la escuela de Frakfurt, cuyos representantes latinoamericanos ya estaban presentes en el contexto universitario mexicano.

Por eso, para Concheiro, el desarrollo teórico zavaletiano es inusual, ya que se enraizó en una historicidad aplicada y fuertemente asociada a la experiencia política de Bolivia, pero también a una lectura –tanto rigurosa como creativa– de los postulados marxistas. De hecho, sin abandonar el trabajo universitario, su vida mexicana se caracterizó por mantener un sentido político claramente definido. De ahí que, en su obra póstuma e incompleta, Lo nacional popular en Bolivia, es posible distinguir precisamente eso: la aplicación crítica y contextualizada de categorías marxistas, en la búsqueda de favorecer un lucha social autodeterminada y de sujetos sociales concretos.

La relación humana (de aprendizaje)

Ahora bien, el conversatorio compartido por Concheiro en el CIS no solo permitió evocar un espacio de producción intelectual inusual, sino además la memoria de un maestro que generó lazos afectivos, de inspiración y de admiración profundos en sus colegas de debate y estudiantes. Recordó a un Zavaleta que enfatizaba la actitud de no reiterar ni redundar sino de discutir, de crear a partir de la experiencia propia sin dejar de ejercitar una lectura de autores fundamentales. Ese es, en parte, su legado para las izquierdas latinoamericanas.

Por eso el conversatorio permite instalar varios cuestionamientos sobre el ejercicio crítico que se desarrolla (o no) en un contexto boliviano plurinacional. Es innegable que existe una voluntad política favorable a la publicación y la comprensión de la historia y del pensamiento de izquierda. Sin embargo, retomando el método de Zavaleta y, a través de él del marxismo, ¿hasta qué punto estamos discutiendo los postulados y desde dónde? Es decir, las lecturas y los textos citados “letra por letra” en la academia y en el debate actual ¿van más allá de la repetición? Probablemente, en Bolivia se requiere de una retoma de la práctica del contrapunto entre una lectura en profundidad y la creación teórica desobediente: de una historicidad renovada.

En ese marco, el CIS académico es un aporte humilde para estimular ese tipo de escenarios. No se pretende una homogeneidad de posiciones, de enfoques ni de lecturas, menos de disciplinas. La idea es posibilitar discusiones profundas y analíticas de las problemáticas sociales e invitar de forma abierta a su exploración permanente.

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Bianca De Marchi Moyano

Comunicadora social, máster en gestión del patrimonio y desarrollo territorial y doctora en urbanismo. Trabaja en estudios territoriales y de la movilidad, feminismo y producción científica. Investigadora del Centro de Investigaciones Sociales de la Vicepresidencia, docente en post-grados de la UMSA y tutora de tesis de licenciatura de la UCBSP – Cochabamba.