Conciencia, responsabilidad

Revolución y redes sociales

Noelia Judith Salinas Ovando
Publicado en julio 2019 en La Migraña 31
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Pasos vertiginosos han marcado la evolución de la red de internet (que aparece en 1969) así como de las redes sociales (que pasaron de prácticas de interacción entre humanos, a plataformas que tienen similar finalidad). En sus primeros pasos, años 90, la cualidad que las volvía irresistible era el acceso a emitir opiniones públicas, sin tener que acudir a un medio masivo, además de poder hacerlo con mayor “facilidad”, considerando las limitaciones de estas redes y de internet durante estos años.

Dando un salto hasta llegar a 2004, año que fue creada la red social más popular en el mundo, Facebook, que cuenta con más de 2 mil millones de usuarios y que durante los últimos años se vio envuelta en crisis de confiabilidad que le costaron el abandono de algunos millones de usuarios, esto por la comercialización de datos tomados de la misma y posteriormente usados en campañas, por ejemplo el caso Cambridge Analytica, que habría sido concebido y ejecutado en beneficio de la campaña de Donald Trump.

Y luego tenemos a la plataforma de mensajería instantánea: Whatsapp, con más de mil millones de usuarios a nivel mundial y lanzada en 2009 aunque posteriormente sería comprada por Mark Zuckerberg en 2014.
Ambas redes sociales, definidas así por la interacción que permiten entre personas y también la creación de comunidades de usuarios además de la elaboración de perfiles, entre otras características, que acabarían por catalogarlas como tales, aunque ambas tienen sus propios matices.

La primera con un tinte más público y dinámico, dedicadaa establecer relaciones entre usuarios, pero también usuario-contenido de acuerdo a las afinidades determinadas con el uso de algoritmos que segmentan la información y grupos de acuerdo a sus preferencias, dándole a cada uno lo que desea consumir. Mientras que Whatsapp es una plataforma más “hermética”, donde pese a la importancia de intereses para estar activos en ciertos grupos afines a nuestros gustos, la mayor parte de contactos se limitan a una red más cercana del usuario, como: familia, amigos o trabajo. De esta última red social, el fenómeno que derivaría y resulta curioso es la reproducción de información que genera, no en base a la verdad sino a la confianza del círculo que ofrece esta información, así también lo detalla García Linera en su ensayo “Revolución y redes sociales”, el mismo añade que el Whatsapp elogia los prejuicios al encontrarnos en un círculo de “confianza” mientras que el Facebook nos abre al mundo, dando una visión sesgada de aquello que somos.

Entonces es clave entender que el contenido que consumimos será aceptado o tolerado con base en nuestras ideas preconcebidas al respecto. A esto se debe sumar la influencia de quién lo dice, pues aquello de lo que se desconfía en las redes se torna más confiable si serecibe de alguien que pertenezca a uncírculo cercano.

Los algoritmos, que en este contexto son los encargados de decodificar la información que se sube a internet en forma de contenido o nuestros datos y que de este modo segmenta de acuerdo a preferencias para darle a cada uno lo que quiere consumir.

Todo este manipuleo en un contexto donde la información que se recibe es inmediata y variada, debería llevar a distinguir que las redes sociales en un inicio parecían herramientas al servicio de la democracia, puede convertirse en un arma de doble filo, en la que introducimos toneladas de datos que pueden ser usados para manipulación con base en intereses particulares, favoreciendo a quienes tienen el control de todos esos datos, como grupos de poder, empresas, etc.

Sino véase la fuerte influencia de las redes sociales que con sus cortos 15 años, han jugado roles importantes en el mundo y decisiones políticas de países como Estados Unidos, Ucrania, Brasil, Nicaragua; disposiciones y reglamentos entorno a ellas en países Orientales; o temas como el Brexit, la Primavera Árabe, Cambridge Analytica u otro ejemplo más cercano que tiene que ver con las políticas del área de salud en relación a temas como el aborto en el país vecino, Argentina, donde se ha polarizado opiniones a partir de tendencias y hashtags.

Casos en los cuales:

  • Se han comercializado datos para manipular a usuarios de acuerdo a sus preferencias.
  • Se pretende controlar el flujo informativo y comunicacional a partir de políticas de gobierno que de algún modo restrinjan sus funciones o creen sus propias plataformas de interacción controlada.
  • Se han usado las redes como herramientas para generar influencia a partir de engaños (como ejemplo tenemos las cuentas falsas o mecanismos para generar tendencias a partir de manipuleo tecnológico de bases de datos).
  • Se emplearon los medios como herramientas de información al alcance social, dando como resultado una gran influencia en acciones políticas.

Otros problemas inherentes al avance de las redes son la saturación de información que deriva en ruido comunicacional, como resultado genera desinterés y desconfianza. O en el caso de la participación que en lugar de motivar una opinión pública, por el acribillamiento de información, genera emociones que con mayor facilidad pueden derivar en escándalos, llevando a una confrontación interminable, entre usuarios e incluso grupos de poder.

Todo esto conlleva algo curioso que estudia Mario Riorda, politólogo e investigador argentino; el espectro que mantiene enfrentadas a izquierda y derecha se acentúa en un escenario de escandalización en que sobresale lo negativo y genera la misma respuesta negativa que termina por espantar a quienes deberían ser los principales actores de la democracia en redes: los usuarios. Como resultado vemos un enfrentamiento entre sectores de poder o de influencia, que ya ni se trata de un enfrentamiento negativo de políticas públicas, sino entre estilos personales, acciones que tienen como base la humillación. Ese se ha convertido en el mejor escenario para llegar desde las emociones, a partir de la descalificación, resultado de ello se tiene el consumo con base en el morbo, entonces debería cuestionarse ¿cuán beneficiosos pueden ser todos estos escándalos que se destapan, o que simplemente se crean? ¿Tendrán un aporte real en el desarrollo delpaís?

Así se aterriza en la realidad, en que un 67,5 % de bolivianos (de acuerdo a la publicación de AGETIC en 2018, Estado TIC) podrían ser denominados como internautas por su acceso a internet, principalmente mediante el teléfono móvil, la mayoría de este porcentaje situado en ciudades capitales mientras que los denominados no internautas, cuyas edades oscilan entre 52 a 71 años, serían en su mayoría personas del área rural limitadas por sus ingresos, menores a los de los “internautas” (menos de BOB 1400 frente a un ingreso de BOB 1400 a 3500) además de otras características.

El libro Bolivia Digital publicado por el CIS (Centro de Investigaciones Sociales) aborda estas características que determinan el desenvolvimiento de los usuarios en el internet y redes sociales. Siendo decisivas la territorialización, es decir el alcance de las telecomunicaciones, calidad, infraestructura, precio, etc.; así como las condiciones y prácticas sociales que promueven su uso (por algo el menor número de internautas bolivianos, 17 %, corresponde a la población rural) ya sea falta de costumbre o limitantes como el lenguaje por ejemplo.

Es curioso que los estudios de la AGETIC determinaron que la mayor parte de los bolivianos que acceden al internet, un 63 %, con acceso a las redes sociales (siendo Facebook y Whatsapp las más usadas en el territorio) no las consideran influyentes en los últimos procesos electorales y un 90 % no las usaría para organizarse y participar en actividades políticas. Declarando así al internet un medio no tan confiable. En este punto cabe resaltar la importancia que aún tienen por estas mismas razones los medios de comunicación tradicionales, cuyas estrategias y contenidos de difusión merecen atención y deben ser bien pensados.

Haciendo una lectura de la realidad nacional, las redes sociales sí han tenido un impacto, incluso muchas veces resultado solo de la escandalización, o por mera tendencia entre los más jóvenes, activando o reactivando esta fuerte polarización entre un grupo y otro señalada antes, todo esto pese a que aproximadamente solo un 30 % de internautas usa las redes sociales con frecuencia diaria y está al tanto de todo lo que las mismas le ofrece tanto en el ámbito informativo, como en el de opinión.

He ahí el desafío de convertir las amenazas en oportunidades de ejercicio político, como bien señala García Linera en su artículo, estas podrían ser las plataformas para la participación principalmente de la población joven y adulto-joven, sitios que reciban a aquellos que han abandonado las tradicionales formas de organización política y que deberían facilitar una conexión con el pasado, los logros alcanzados y las necesidades por cubrir mediante el uso de las TIC; haciendo así frente al fenómenos individualista que las mismas generan apelando al hedonismo y ocio, dando como resultado una sociedad dispersa y adormecida, que debería reencontrarse para ser parte activa del desarrollo de su país, para empezar a usar las herramientas y no ser usados a través de ellas.

Hay que recordar que la red de internet ha dado pasos vertiginosos durante sus años de existencia, desde 1989 en Bolivia su avance ha tenido un montón de episodios suscitados con rapidez, muestra de ello es que hasta 2016 solo un 40 % de la población usaba este medio y en dos años el porcentaje subió a más del 60 %, cuando se trata del acceso digital las predicciones son incalculables por su característica principal: la inmediatez. Misma que nos ha llevado de realizar llamadas de un teléfono fijo a otro sin saber exactamente si nuestro interlocutor se encontraba disponible, o cuando un modo de comunicarse eran las grabaciones por casete, que muchos padres hasta hoy recuerdan, ni que decir de lo telégrafos que representaban velocidad y llegar al momento actual donde si un mensaje no es contestado en un par de minutos, puede resultar alarmante o crear fuertes conflictos entre cercanos, o una realidad en la que el no estar en el grupo de la oficina, universidad o escuela, representa no saber sobre los trabajos o la asistencia.

No cabe duda que el abanico de oportunidades que nos ofrecen las redes, conlleva el actuar con responsabilidad, de modo consciente, informando de todo lo que las mismas traen consigo, además los desafíos que estas proponen al empezar a gatear en pañales desde el país por sus entramados. Los retos tienen que ver con voltear la mirada a nuestra realidad y apropiarse de estos espacios, que se pintan avasalladores, para traducirlos en lugares de democracia participativa y propositiva, donde la iniciativa se traslade a la ciudadanía. Comprender la coyuntura actual y todo lo que saca a la luz, o esconde permite hacer algo al respecto e involucrarse,llama a ser parte de la realidad, de las redes y de una constante transformación.

Bibliografía

  • Quiroz Gutiérrez,Eliana. Bolivia Digital. La Paz, Bolivia, Centro de Investigaciones Sociales, 2016.
  • BBC. 5 claves para entender el escándalo de Cambridge Analytica que hizo que Facebook perdiera USD 37 000 millones en un día, 2019 de BBC Sitio web: https://www.bbc.com/mundo/noticias-43472797, 2018.
  • AGETIC. Estado TIC. La Paz, Bolivia: Editorial del Estado Plurinacional de Bolivia, 2018.
    Seminario Internacional: Comunicación y Revolución en Redes Sociales. La Paz, Bolivia. 2018. Sitio Web: https://www.youtube.com/watch?v=qTlznV11Arw&t=2265s

 

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Noelia Judith Salinas Ovando

Comunicadora Social que se desempeña también en el ámbito periodístico, nacida en Sucre y titulada por la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca, (2018). Cursa el Diplomado de Marketing Digital y Redes Sociales en la UNIVALLE. Facilitadora en diferentes talleres. Organizadora de eventos como “Semana de Genero” de la USFXCH. Periodista del programa y presentadora del programa “Hola Sucre”.


Nota: