Historia Política Boliviana

Schelchkov: El olvido y la memoria histórica son asuntos políticos

Ricardo Aguilar A.
Publicado en febrero 2018 en La Migraña 25
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Andrey Schelchkov ha dedicado sus investigaciones a la historia política boliviana con trabajos sobre el siglo XIX como el XX. Su mayor interés es indagar sobre los surgimientos de los movimientos de izquierda. En esa búsqueda, con el Centro de Investigaciones Sociales (CIS), publicó Historia de las izquierdas 1920-1940 (coordinado también con Pablo Estefanoni) y La palabra socialismo en Bolivia. Siglo XIX. Tiene además numerosos libros sobre el país, desde la Revolución de 1952, las dictaduras, los 30s, etc. Actualmente se encuentra trabajando un libro sobre lo que llama “socialismo militar” de los años 30 (Germán Busch y David Toro).

Durante su última estadía en La Paz, en la que fue expositor en el ciclo de conferencias sobre los 100 años de la Revolución Rusa, se le realizó la siguiente entrevista.

RA.- ¿Cómo eligió estudiar la historia política boliviana?

AS.- Los que estudian historia de los países eligen a su momento algún país en concreto. Cualquier estudioso debe concentrarse en algo. Estaba estudiando, siendo universitario todavía, estudiando historia latinoamericana.

RA.- ¿Dónde?

AS.- En la Universidad de Moscú, estudiaba la historia chilena, peruana, mexicana, de todo el continente. Ahí a uno le entra más interés, lees más, surgen preguntas, intereses. Luego conocí a los bolivianos que estudiaban en Moscú, compartí con ellos opiniones. Ellos me contagiaron, entre comillas, con su amor a su país, su folklore, su forma de ser. Ahí, poco a poco, uno se identifica con un país.

RA.- ¿Qué año era?, ¿eran militantes del Partido Comunista Boliviano (PCB)?

AS.- Era en la Unión Soviética, yo estudié de 1978 a 1983 y, claro, la mayoría de los estudiantes bolivianos eran enviados por el Partido Comunista. Así, poco a poco, entramos en confianza. Olga Íñiguez era la gran organizadora de todo el grupo, ahora ella trabaja en biología. Estudió en la misma universidad. Ella fue como el centro de reunión de todos los bolivianos que estudiaban en Moscú, porque tiene una personalidad muy fuerte, combativa. Ahí comenzó una relación muy amistosa, platicábamos, comíamos en el cuarto de ella, bueno. Así, poco a poco, uno comienza a sentirse parte del grupo, parte de la idiosincrasia, de la identidad. Entonces Bolivia dejó de ser para mí un país lejano, no sólo a través del estudio, sino también a partir del contacto humano.

Entonces yo tenía que definir mi interés científico. Elegí Bolivia, encontré el tema de investigación: la Reforma Agraria, y comencé a trabajar. Desde ese momento ya no salgo de esto.

RA.- Hablemos de sus libros. Tiene varios sobre el siglo XIX, uno sobre los políticos influenciados por el socialismo utópico francés, ¿cómo fue la búsqueda y hallazgos de estos aires de familia?

AS.- Es mi interés buscar las raíces del socialismo, no sólo del socialismo marxista o del socialismo ortodoxo que viene de los internacionalistas, sino también de los utopistas, de los socialistas románticos, de todos estos actores sociales que planteaban los problemas antropológicos, éticos y de igualdad. Entonces siempre buscaba en qué países de Latinoamérica había estas manifestaciones.

Hice algunos trabajos sobre esto no solamente en Bolivia, sobre utopías sociales. Pero estudiando Bolivia, veo y me trae mucho interés el periodo de Belzu, por todos los procesos que en aquel momento me parecían raros, donde se combinaban un caudillismo tradicional con un conservadurismo religioso, con unas ideas de dar bienestar y felicidad al pueblo “ahora y aquí”, y no soñar como los liberales con substituir la gente “racialmente inútil” por los migrantes europeos, tal como planteaban los liberales argentinos y chilenos. En este momento Belzu me parece una figura extraordinaria, porque siendo parte de aquel tiempo nada socialista, ni libre pensante, trata de mejorar la vida del pueblo bajo, de los plebeyos. Me puse a estudiar y encontré graves dificultades sobre las fuentes, que no las hay. Los libros que habían editado no me satisfacían por ser muy panfletarios, novelas, etc. Decidí viajar para acá y buscar en los archivos. Cuando uno entra al archivo y comienza a rastrear todo lo referente a este periodo, se le abren más preguntas que respuestas. Sucede como una avalancha. Una cosa te lleva otros hechos, elementos que tienes que combinar, explicar, interpretar y crear un cuadro más o menos fidedigno que corresponda a lo que sucedió.

Comencé a trabajar en el archivo de La Paz, pero sobre todo en el de Sucre, con tan buenas instalaciones. Debo decir que es una envidia hasta de países desarrollados.

Analicé ahí todos los datos y textos que uno apunta y compara. Ya era un largo proceso y salió el libro sobre Belzu entrando en esta temática del socialismo, o más bien del igualitarismo plebeyo social en Bolivia en el siglo XIX, lo relacionado al socialismo utópico, cosa rara para Latinoamérica. Comencé a ver qué sucedió después, y ahí entré a estudiar a Andrés Ibáñez.

RA.- ¿Y Casimiro Corral entre ambos?

AS.- Casimiro Corral es un episodio muy sui generis que está de acuerdo a su época. Una vez que trabajó más o menos con la influencia de los liberales sociales cristianos, él nunca siguió esta línea después, aunque lo tildaban de comunista. Pero siempre se apegó a las corrientes dominantes de la política boliviana y terminó aliándose con los conservadores.

RA.- Así fue canciller de Agustín Morales

AS.- Sí, sí, por eso no tuvo continuidad. En realidad Andrés Ibáñez es un fenómeno único en Latinoamérica. Estuvo seis meses con su proyecto político en Santa Cruz.

RA.- Es el proyecto más radical.

AS.- Es el proyecto más radical y no había en América Latina una sublevación plebeya con esos elementos igualitarios, sociales, y que estuvieran en el poder tanto tiempo, aunque haya sido en una zona alejada y limitada, no en todo el país. Consiguieron fundar un partido.

Cuando comencé a ir al archivo en Santa Cruz me sorprendió la riqueza de la vida intelectual en Santa Cruz en los 70 e inclusive en los 60.

RA.- Del siglo XIX.

Sí, en los periódicos de Santa Cruz de ese tiempo se ve que las ideas de los socialista utópicos recién aparecen en Europa y ya están comentadas en Santa Cruz, ¿cómo llega la información? No había un correo rápido. De La Paz, las noticias tardaban dos meses en llegar hasta Santa Cruz y de otras partes hasta años. Pero lo importante es que llegaba, que los paceños lo sabían, porque eran escritos por paceños. Eso tuvo impacto en ellos. En su imaginario esas ideas se combinaban con sus visiones locales de la vida, porque era una sociedad muy chica, racialmente diferente al resto de Bolivia, compuesta por agricultores y ganaderos que no tenían el conflicto entre hacendado y labrador debido a que había demasiada tierra y no había una propiedad privada muy fuerte. Se sabía que tal parcela pertenecía a determinada persona pero ¿dónde está la frontera? Cerca de la ciudad ya estaba todo delineado, pero en las afueras uno podía trabajar. Ahí se creó este espíritu de igualdad. Consiguieron formar un partido diferente a los del centro del país, que iban detrás de un caudillo sin organización ni estructura. El Partido de los Igualitarios de Ibáñez era distinto, tenía estructura, con células, etc. como lo que hacen los partidos modernos. Una cosa rara.

Después viene la represión, que nunca vi similar en esa época.

RA.- ¿Los aniquilaron?

AS.- Los fusilaron, los mataron con lanzas, de todo, confiscaban sus bienes. La represión fue espantosa. Obviamente, esa represión fue aplaudida por la oligarquía local de Santa Cruz, que ya existía. Si no habría existido esa oligarquía no habría habido conflicto entre la masa de los labradores con este pequeño grupo de pudientes.

Entonces, el siglo XIX de Bolivia muestra unas cosas fuera del contexto de todo el continente, eso es muy importante reconocer, si bien es muy poco conocido fuera del país.

RA.- Y también dentro…

AS.- Pero no es una culpa de los bolivianos, eso sucede en todos los países. Son los intelectuales que deberían saber, porque el mensaje llega a la gente normal a través de los intelectuales. Ése es el problema de todos los países. Es también parte de la política. Si el Estado o las autoridades no quieren que se sepa de la historia, no se va a saber. Porque la memoria histórica está compuesta no sólo por el recordar, sino también por el olvidar. Las autoridades saben perfectamente cuales son los mecanismos para hacer olvidar lo que no les conviene y recordar lo que les conviene.

RA.- En Bolivia ¿cómo ve los mecanismos de ese juego?

AS.- Yo creo que las autoridades de Gobierno tienen interés de que se conozca el pasado, sobre todo el que se refiere a los movimientos de masas, a la historia del pueblo y no a la historia de los generales, los caudillos y grandes familias criollas. Eso es bueno, porque ahí se buscan las raíces. A partir de estas raíces el pueblo construye su identidad.

Mira lo que pasa con Chile: hay un chauvinismo recalcitrante basado en una propaganda perpetua a través de la escuela y universidad de las guerras chilenas, del militarismo chileno. Eso influye mucho porque son capaces de olvidar que también tenían una sociedad de igualdad, que tenían el gobierno de Allende —aunque la izquierda no deja de recordar eso. Pero del siglo pasado, como la sociedad de igualdad, Francisco Bilbao, eso no les interesa, se concentran en los héroes y conquistadores para que se recuerde a un país de guerreros en un clima militarizante espantoso. Los gobernantes patrocinan esa memoria histórica, porque es algo construido. Nosotros no recordamos nada, nos deben recordar, olvidamos lo que nos hacen olvidar, es política, siempre es política, y está hecha en función de algo: si quieres un pueblo chauvinista y militarizante lo vas a tener.

RA.- En Bolivia, ¿se puede encontrar una tendencia del uso de estos mecanismo de olvido, si es el caso, o de memoria durante varias décadas?

AS.- Hay diferentes momentos. A partir de la Revolución Nacional fueron rescatando las figuras no solamente de los padres de patria criollos, sino también de la resistencia indígena. Muy lentamente y solamente los últimos años se está rescatando la riqueza de la historia que fue dejada fuera. Si tú ves las fiestas públicas u homenajes o las historias escritas por los mismos bolivianos como Arguedas, no encuentras a Tupac Katari, ni a Zárate Willka, de quienes se escribe unas pocas líneas como algo insólito, nada más. Eso iba como texto de la escuela, formaban la nación como si esa otra parte de la historia no hubiera existido. Por eso es bueno que se esté cambiando, aunque es un gran trabajo, no es fácil, y no solo se necesita a los historiadores, es algo político.

RA.- Pasando a sus libros sobre las izquierdas de la primera mitad del siglo XX. En Historia de las izquierdas 1920 1940 utiliza mucho el archivo de Moscú con documentos de la Internacional Comunista, que parece que en este tiempo lo archivaba todo. Quería que me comente eso en función a los mecanismos de memoria y olvido desde el poder o si correspondería más a un afán burocrático.

AS.- La memoria es formación de imaginario nacional y social de la gente que se lleva a través de las políticas en los mass media, la escuela sobre todo, fiestas públicas, actas conmemorativas. Esto está formando en el pueblo los valores nacionales, los valores sociales. El archivo que mencionas es un archivo enorme. Fue una tradición la de archivar todo en mi país. Nuestros archivos son muy abundantes. En el caso de la Internacional Comunista evidentemente era una estructura que con el tiempo fue multiplicando orgánicamente sus instituciones, departamentos, sectores, secretariados, etc. Por tanto, al principio todos los países estaban juntos o por regiones, dirección, campesinado, sindicalismo, intelectuales, liga antiimperialista, etc. Ahí, a veces, los documentos se duplican porque circulaban. Pero los documentos relacionados con un solo partido o un país, iban a unas carpetas separadas. Eso se guarda mucho. Abrir un archivo a veces es un peligro para el poder, pero ahí está la democracia que da a todos el poder leer, conocer, interpretar, porque tú puedes interpretar de una manera diferente un hecho, discutir, pero basándose en los documentos. ¿Cómo vamos a saber qué es lo que sucedió por ejemplo aquí en Bolivia, entre un grupo de comunistas muy pequeño, clandestinos, que escondían sus acciones porque estaban perseguidos por la policía, quemaban su documentación? Alguna documentación la enviaban a Moscú a través de Buenos Aires, donde estaba la sede. Entonces, es un archivo muy valioso no solamente para Bolivia, sino para cualquier país del mundo para ver la historia de las izquierdas, porque la historia de las izquierdas no entra en los archivos oficiales.

Si ves acá el archivo nacional, o el argentino, o mexicano lo que sea, de los partidos de izquierda no llega mucho, llegan documentos de ministerios, del Congreso, de la Presidencia, de las municipalidades, ahí sí hay documentos hasta de los partidos políticos burgueses que forman el sistema político. La izquierda está en contra de ese sistema, entonces puedes encontrar algo referente a estos movimientos políticos en los documentos policiales de persecución, de observación, de investigación. Por eso el Archivo Moscovita, donde todo fue conservado, tiene un gran valor. Aunque este archivo siempre fue cerrado para todos.

RA.- ¿Se abre con la caída de la URSS?

AS.- Sí, en 1991, cuando cae la Unión Soviética, sale una nueva ley que da acceso a todos, porque la revelación de unas cosas que ellos pintaban públicamente, de otra manera, fue un peligro para el poder del Partido Comunista.

RA.- Entonces, ¿cuáles eran los mecanismos para el envío de documentación? Muchas de estas organizaciones anteriores al PRI no tenían comunicación directa con Moscú, entonces ¿cómo funcionaba la red de emisarios para que lleguen los documentos locales?

AS.- Hubo una red de emisarios que no fue montada inmediatamente desde que comenzó la actividad comunista. Fue paulatinamente, a partir del 1928-1929 se forma en Buenos Aires la oficina de la Internacional Comunista, porque Argentina era un país con democracia formal, los comunistas podían actuar legalmente. Forman el Secretariado Sudamericano que pone en contacto a través de sus emisarios y correspondencia con los grupos de comunistas de los países limítrofes y del continente, de ahí mandan la documentación, de ahí reciben la ayuda económica cuando es necesario, porque toda la ayuda económica de Moscú iba a través de los argentinos. Cuando en Argentina sucede el golpe el 30, para trabajar legalmente la sede se pasa a Montevideo, donde se conserva la democracia. Entonces, ¿cómo era el sistema?, cuando hablamos de dineros se habla de pequeño montos, que no alcanzaba para los pasajes para ir a Bolivia, y eso se ve en documentos que dicen por ejemplo: “por favor necesitamos tantos pesos para comprar el boleto para que el emisario vaya a Bolivia”, este emisario viajaba como si fuera un comerciante.

RA.- Encubierto

AS.- Sí, iba como un abogado, un hombre de negocios, y así se entendía que iba a tener contactos con locales y entraba en comunicación, establecían relaciones, se ponían de acuerdo, a quién escribir, cómo escribir, qué escribir abiertamente y qué enviar sólo con un agente. No obstante, no había una subordinación. Cada organización local hacía sus cosas, aunque cada partido necesitaba sentirse parte del gran partido mundial de la revolución comunista. ¿Por qué José Antonio Arze trata tanto de establecer contacto con Moscú?, él quiere ser integrado en este movimiento internacional de la revolución comunista, y él insiste tanto que su grupo lo rechaza. En este libro (Historia de las izquierdas) está contada toda la historia del fracaso.

RA.- ¿Es a partir del PCB que comienza una comunicación oficial y orgánica?

AS.- El PRI tenía contacto pero como simpatizantes.

RA.- No orgánico

AS.- Ya el 43 se disuelve la Internacional Comunista, ya no hay nadie en Buenos Aires, solamente el partido hermano, que tiene los mismos derechos que el de Santiago o Lima, pero son partidos nacionales. Sucedía la Guerra Mundial, no hay ningún contacto con Moscú, imposible.

RA.- Otras prioridades urgentes

AS.- Cuando acaba la guerra se restablece la comunicación mediante relaciones diplomáticas con todos los países y con Bolivia también, aunque no había embajada. Esto sucede porque se crean las Naciones Unidas y todos quieren ser parte. La embajada estaba en Montevideo, luego se pone otra embajada en Buenos Aires, el contacto comienza a ser a través de las embajadas. Cuando se crea el Partido Comunista local, se ponen en contacto con el Partido Comunista en Moscú, pero no como subordinados, sino como partido hermano, aunque su opinión tenía importancia y no había financiamiento ninguno. Según me contaba Mario Monje, que cuando él estuvo en 1956 en el Congreso del Partido Comunista Soviético, como invitado, los argentinos le dijeron que si tenía algún problema con dinero tenía que pedir a los soviéticos y te van a dar. No daban un dineral, daban un poco, una ayuda.

RA.- Lo que acá afirman miembros de otros países de izquierda, sobre todo los de la línea trotskista, es que los militantes del Partido Comunista tenían un salario. ¿Es eso falso?

AS.- No, no. Mentira. Todo el dinero que generaba el Partido eran sus cuotas que pagaban los militantes. Por eso no podían mantener un aparato grande. Claro, para los viajes internacionales, para los grandes foros internacionales, en Praga, en Moscú, en La Habana, los pasajes habitualmente pagaban los soviéticos, pero para mantenimiento de la estructura no había. Hubo casos graves de algunos dirigentes que estaban en la prisión, como es el caso de salvadoreños y nicaragüenses, donde habían dictaduras feroces y sufrían las familias, ahí se trataba de dar una ayuda a las familias de los presos, pero muy poco. En Bolivia se ayudó durante la dictadura de García Mesa, porque unos estaban presos y otros exiliados. Un comunista exiliado en Perú se dirigía a sus camaradas peruanos a ver si lo ayudaban, pero tampoco tenían dinero, lo único que podían hacer era solicitar a través de la embajada a Moscú, explicando la situación sobre los exiliados, sin embargo se daba muy poco dinero porque después de la Segunda Guerra Mundial había un control fuerte por parte de los Estados Unidos, la CIA, para cortar toda forma de financiamiento. Tenía que ser clandestino, podía provocar un escándalo diplomático aunque la ayuda era nada si es que se compara con las cantidades que enviaba Estados Unidos a sus aliados.

RA.- Como la Alianza para el Progreso de los Estados Unidos, que eran millones de dólares

AS.- De eso ni hablar, eso era muchísimo, no se puede ni comparar con la ayuda soviética. Antes, con la internacional Comunista también existía “Socorro Rojo Internacional”, donde las oficinas de países ricos como las de Inglaterra o Francia aportaban a los presos políticos por ejemplo de la Guerra Civil en España. Existía esta solidaridad, pero no era financiamiento de la revolución.

RA.- Volviendo a la red de comunicaciones e informes de estos grupos de izquierda que van a llegar al archivo moscovita, en su libro sobre las izquierdas bolivianas también se ve documentación de organizaciones ideológicamente no alineadas a Moscú, como los anarquistas.

AS.- Hay pocos, fue uno de los problemas que tuvimos. La parte del anarquismo la hizo Huáscar Rodríguez de Cochabamba. Él trabajó muchos años el anarquismo boliviano. En Moscú, documentos relacionados con anarquismo hay muy pocos. Ellos no se interesaban.

RA.- De trotskistas también.

AS.- Sí, pero como rivales, no se trata de documentos orgánicos, son más bien panfletarios de lucha contra el trotskismo. Lo que pasó con los anarquistas es Huáscar rastreó todas las bibliotecas posibles en Argentina, los fondos personales como de Silvia Rivera. O sea que hizo un trabajo enorme. Fue mucho más difícil que para mí, que tenía el archivo. Los anarquistas no formaban partidos, estaban en contra de los partidos, aunque tienen sus escritos manifestando sus ideas. Rescatar todo lo que es la historia de la izquierda es un gran problema y no sólo acá. ¿Dónde están los documentos de José Antonio Arze?, con la familia, ellos prestan. Arze tiene unos familiares fantásticos, intelectuales que saben guardar los documentos. Pero hubo casos extraordinarios, como Modesto Omiste, que coleccionó toda su vida manuscritos del Siglo XVII y XVIII. Cuando murió, la familia vendió sus documentos como papel para empacar en las tiendas, imagínate. La colección por ejemplo de Guillermo Lora, que sería una fuente fantástica, está en estados Unidos.

RA.- Una pequeña parte en Sucre

AS.- Lo que no compraron los gringos, lo más importante se lo compró Princeton, para su archivo. Sabemos que eso no va a perderse, pero para un investigador boliviano Princeton está un poco lejos. Entonces uno tendrá la documentación a través de los investigadores gringos y su visión, eso no está bien. Es importante tener los documentos publicados.

RA.- ¿En qué está trabajando en la actualidad?

AS.- En este momento estoy acabando el libro sobre socialistas militares. Ya salió en ruso pero lo estoy corroborando para español. Trata de (David) Toro y (Germán) Busch, de todo el periodo del socialismo militar de Estado de los años 30, de sus proyectos de transformación de la estructura política, la búsqueda entre fascismo, socialismo y comunismo, todo, es un periodo muy importante para la historia del país.

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Ricardo Aguilar A.

Periodista. Actualmente responsable de contenidos del CIS.