Entrevista a Moema Viezzer para La Migraña

Viezzer: “Todo lo que Domitila decía era en base a su realidad”

Moema Viezzer
Publicado en enero 2019 en La Migraña 29
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Moema Viezzer –autora de “Si me permiten hablar…”, libro que recoge el testimonio de Domitila Barrios de Chungara en base a entrevistas realizadas en 1975– pasó de ser entrevistadora a entrevistada, luego de la presentación de la reedición que hizo la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia (BBB) el 28 de noviembre de 2018 en El Alto.

Ricardo Aguilar.- Primero quisiera que pueda relatar al detalle desde el momento en que vio a Domitila Barrios de Chungara por primera vez hasta el momento en que se determinó a escribir su testimonio.

Moema Viezzer.- Eso fue en 1975, en México.

RA.- ¿En la Tribuna de la Mujer o antes?

MV.- Yo estaba exiliada por la dictadura de Brasil, y mi marido se había escapado de Bolivia por el gobierno de Banzer. Los dos estábamos en México y nos integramos al Comité de Solidaridad con Bolivia. Estaba ahí toda la nata política.

RA.- Era uno de los destinos más deseados para exiliarse…

MV.- Era el paraíso de los que tuvieron que optar por el exilio. Ahí conocí a René Zavaleta Mercado, a Marcelo Quiroga y varios otros dirigentes que también hacían parte de ese comité. Estaban de todos los partidos: del Partido Comunista Marxista Leninista (PCML), la gente del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y otros más. Y bueno, para mí era todo un aprendizaje porque nunca había estado en Bolivia. A diferencia de mi marido (Marcelo Grondin).

RA.- ¿Entonces el acercamiento a Bolivia fue por ese lado?

MV.- Sí, él es canadiense. Vino a Bolivia primero como oblato y después como cooperante internacional. Se quedó 17 años en Bolivia trabajando como misionero oblato con campesinos de Potosí, él aprendió el quechua, después en Carangas aprendió el aymara, con ese aprendizaje escribió una gramática quechua y una gramática aymara. Estaba haciendo su doctorado en México en un programa con la Universidad de Manchester. Y bueno, allá en México en el 75 se realizó la primera Conferencia Internacional de la ONU sobre “Mujer desarrollo y paz”. Entonces, me contacté con las mujeres del comité y fuimos juntas no a la asamblea oficial, no éramos delegadas, estábamos en la tribuna paralela.

Fue ahí que de repente, una mujer se para y dice: “Yo soy Domitila, vengo de Bolivia…”. Y empezó a hablar. Entonces las compañeras dijeron: “Tenemos que traerla al comité”. A mí me impresionaron los dos minutos que estuvo ella en el micrófono. Había otras mujeres de clase popular y también indígenas, pero ellas no tomaban la palabra, si no que sus abogadas o representantes por otras organizaciones lo hacían en su lugar. Allí en el comité, lo que más me llamó la atención fue cuando ella comenzó a hablar de lo que estaba pasando en Bolivia durante la dictadura de Banzer. Era la primera vez en mi vida que yo escuchaba hablar de ese tema desde adentro. La manera en que ella se expresaba, pues tenía una facilidad muy grande.

RA.- ¿Será la formación sindical?

MV.- Eso. Yo no había conocido a personas así de los sectores populares. Todo lo que decía era en el marco de un análisis de su propia realidad. Entonces, después de que ella explicó todo, empezamos a acompañarla en los días siguientes de la Tribuna y percibía que había muchas personas, de varias nacionalidades, que se acercaban a ella en los intervalos. Entonces, me ofrecí para ser su intérprete, para el portugués, inglés y francés. Mucha gente le hablaba más en inglés. Era impresionante el desconocimiento que la gente de Europa tenía de Bolivia, ni siquiera sabía dónde estaba en el mapa. Después de la Tribuna, venía la fiesta nacional de Bolivia, el 6 de agosto. Nos reunimos la gente del comité para cantar, bailar y hablar. Fue ese momento en que le dije a Domitila: “Te acompañé durante todas las entrevistas y también cuando hablaste en la Tribuna y me llamó mucho la atención todo lo que dices. Me da pena que eso de desparrama en el mundo, o en un artículo en un periódico…, pero si pudiéramos tener tu testimonio en un ámbito de mayor tamaño de lo que se puede hablar en 20 minutos de una entrevista y hacerlo llegar a nuestros países. De Bolivia estabas tú, no había otras mujeres de tu país en la Tribuna”. Ella me respondió: “eres la cuarta persona que me estaba haciendo esa propuesta, pero yo no quiero que mi vida se haga un negocio. Una vez que se vaya a la editorial ya no se tiene control”. Yo le dije que ni sabíamos si se iba a conseguir hacer a través de una editorial, pero sí me comprometí a que si el libro era publicado vuelva a nuestros países y bueno, le dije: “Tú cuentas lo que creas que debas contar”.

Empezamos al día siguiente. Yo empecé a acompañarla a donde la invitaban a hablar, la gente que la había escuchado, también los bolivianos, empezaron a hablar de ella. Entonces fuimos a sindicatos, universidades, radios. También la llevamos a algunos grupos de mujeres en barrios de México. Tres meses después ella volvió a Bolivia y yo comencé a hacer la transcripción de todas las cintas.

RA.- Eran intervenciones públicas, pero también cara a cara usted y ella ¿no?

MV.- Todo, eran intervenciones públicas, pero ella me dijo en entrevistas todo lo relacionado a su vida: dónde nació, cómo estudió, como cuidó a sus hermanos, su madre, sus hijos. Le dije que eso trascendía a todo lo que contaba en sus intervenciones públicas. Así fueron varias horas, muchas, porque llegaron muchos momentos tan difíciles para ella que parábamos la entrevista y llorábamos las dos, sobre todo cuando ella contó cómo perdió a su hijo en la cárcel. Muchos días estuvimos hablando. Yo no me acuerdo cuántos casetes tenía grabados, pero eran muchos. Cuando ella retornó a Bolivia yo comencé el trabajo de trascripción de todo.

Después de toda la trascripción comencé a organizar todo por temas. De cuando hablaba de Bolivia o de la Federación, encontré muchas repeticiones que a veces había que mezclar, otras completar, cosas que faltaban y otras descartar. Entonces, leyendo la parte introductoria que decía: “no quiero en ningún momento que la interpreten (mi vida) solamente como un problema personal. Porque pienso que está relacionada con mi pueblo”, fue ahí que empecé el guión del libro: primero, qué es Bolivia, luego la organización de los trabajadores, cómo es el día del minero y el de la mujer minera y a partir de ahí toda su historia personal.

Hice el libro muy enmarcado en la metodología de la reflexión, como había aprendido con Paulo Freire, quien había trabajado bastante en Brasil, entonces fui colgada a tal descripción. Por eso tuve una crítica: que el libro no seguía un estilo literario. Yo digo, por supuesto que no, porque es un testimonio; cuando Domitila me hablaba en la intimidad, ella lo hacía de una manera, pero cuando estaba frente a 200 estudiantes o sindicalistas aparecía la dirigente que hablaba sin dubitar y hablaba de otra manera. Yo creo que esa es una riqueza del libro. Gente que entiende de literatura y de comunicación perciben esa cuestión.

Así fue que la primera prueba del libro estaba lista, después de que regresé de República Dominicana. Fue entonces que fui a Siglo XX para verificar con ella si estaba de acuerdo, si era su testimonio. Podían haber interpelaciones de mi parte, mezclar lo que decía ella con lo mío, pero tomé la decisión de que ella debía dar su testimonio como una mujer boliviana de las minas de Siglo XX.

RA.- Entonces, para entrar al contenido más denso, con todo lo que se ha estudiado de este libro. Primero está el tema de la autoría, la coautoría. Usted deliberadamente borra toda marca de su presencia, aunque hay un criterio de ordenamiento temático, pero hay gente que cree que es un libro solo de Domitila.

MV.- Esa fue una conversación en la que decidimos con ella: Ella sería la protagonista y yo haría el trabajo de redactar. Yo veo su realidad, claro que de manera diferente. No creo que a alguien se le ocurra decir que Sanjinés no es el autor de las películas que ha hecho con tantos campesinos en Bolivia. Entonces, para nosotras siempre fue un trabajo en común, ella con su protagonismo y yo, como quien escribió y redactó, pero no fue solo transcripción, porque ella no habló de ese modo. Fue tan así que cuando fui a Siglo XX, ella se espantó de lo que había sido hecho con lo que ella hablaba.

RA.- Pienso que el libro no existe sin una de las dos.

MV.- El libro como tal no. Con toda la notoriedad que tuvo a nivel internacional, no tuve problema con las editoriales, menos una, la de Francia, el resto entendió la función de cada una en el libro.

RA.- A mí me parecía más bien que la ambigüedad de una autora que se esconde intencionalmente y una protagonista que se sabe plural es una de las riquezas del libro…

MV.- Tanto fue el reconocimiento, que desde la primera vez que nos sentamos y le dije que no sabíamos si iba a ser publicado, también quedamos que en caso de que se publique dijimos que todo iba a ser a mitades, para que luego hagamos lo que nos convenga. Así fue desde el principio hasta el final, siempre compartimos todo a la mitad. Al principio fue 5 % cada una y después, cuando empezaron a haber muchas editoriales, incluso tuvimos que pedir a Siglo XXI al doctor Orfila (Arnaldo Orfila Reynal, fundador de Siglo XXI Editores) que se puedan encargar de las traducciones, de los derechos, él me dijo que los europeos son malos pagadores… Había entonces un centro de solidaridad con Bolivia que aceptó y cada año ellos hacían la búsqueda con cada casa editorial de lo que se había recogido, se quedaba con un 2 % y nos mandaba el resto. Entre nosotras fue sencillo, pero tuvimos varios problemas porque algunos decían que yo me había vuelto millonaria con la miseria del pueblo boliviano. Fue el mayor insulto que recibí.

RA.- ¿No se hace dinero en Bolivia con los libros?

MV.- Para la gente que sabe de libros, sabe que difícilmente uno se hace millonario con ellos, y mucho más hacerse millonario con la miseria del pueblo boliviano. Lo triste es que era gente de izquierda la que decía esas cosas. Otros decían cómo pudo recoger ese testimonio si ni Juan Lechín Oquendo (Ejecutivo histórico de la Central Obrera Boliviana, COB) tenía su biografía escrita. Qué lo hagan, yo nunca dije que no…

RA.- Bueno, además Lechín era parte de la oficialidad de la historia, de la oficialidad del sindicalismo, de esa historia de grandes nombres y todos ellos hombres… Domitila es otra cosa.

MV.- Claro, era muy complicado querer escuchar a una mujer de un campamento hablando del país. Pasó que varias personas dijeron que Domitila no contó tal cosa o tal otra. Pero Domitila contestaba que contó lo que ella vio y vivió en la historia de su pueblo, no lo que está en los libros.

Pero 42 años después esto me parece algo fantástico, yo lo escribí cuando tenía 38. Creo que Galeano lo expresó bien: Es la historia de una persona, pero también de una clase social y de un país.

RA.- Para finalizar, ¿qué piensa del acto de ayer (29 de noviembre de 2018, presentación de Si me permiten hablar…, en El Alto)?

MV.- A mí me encantó. Le dije al Vicepresidente “qué bueno, que esto siga y se convierta en una biblioteca del Tricentenario de Bolivia”. Es un peso tan fuerte no tener tu propia memoria. Nosotros sentimos mucho eso en Brasil. Tenemos la historia de los conquistadores, pero la historia contada a partir de nosotros todavía necesita mucho más trabajo. Me parece muy interesante la manera en que han escogido con todo un grupo de personas que podían dar una opinión y dedicarse a eso como algo que es un compromiso social. Debe seguir adelante. Ayer estuve muy conmovida, sentada con un Vicepresidente para hablar juntos. Se ve que hay bastante qué hacer para que esto circule más.

RA.- ¿Y cómo ve la participación de la mujer en organizaciones sociales?

MV.- Yo no siento todavía la participación efectiva de la mujer con una organización propia en el sindicato, mientras Domitila muestra que ellas siempre estuvieron al frente de lo que los hombres no pudieron hacer, siguen siendo consideradas por ellos como organizaciones de “apoyo” y Domitila dice que son mucho más que un “apoyo”.

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Moema Viezzer

Socióloga, educadora e investigadora social brasileña, nacida en 1938 en Caxias do Sul, Rio Grande do Sul. Feminista-ambientalista conocida internacionalmente por sus contribuciones a la Educación Popular, Relaciones de Género y Medio Ambiente. Su encuentro con Domitila en la Tribuna Internacional de la Mujer en México, en 1975, redireccionó su forma de participación social, y la labor conjunta que realizaron para escribir Si me permiten hablar… la llevaría a la reflexión feminista, particularmente al análisis de las relaciones sociales de género. Al volver del exilio a Brasil en 1980, fundó la Rede Mulher de Educação, dedicada a la educación popular para los derechos de la mujer y a la formación de liderazgos transformadores.


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